Detrás de la pulseada por la ayuda, el drama de los desnutridos

La catástrofe humanitaria en Venezuela dejó a miles de personas con serias deficiencias alimentarias
C. Rawlins
S. Valderrama
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24 de febrero de 2019  

CARACAS.- En los últimos tres años, Yaneidi Guzmán perdió un tercio de su peso en medio del colapso económico de Venezuela que dificulta la compra de alimentos. Y en estos días Guzmán pasó a ilusionarse con la entrada de ayuda humanitaria tan urgentemente necesitada en el país.

La mujer, de 38 años, es uno de los muchos venezolanos que sufren de desnutrición en una nación que alguna vez fue próspera gracias a su petróleo, pero que ha visto decaer su economía en los últimos cinco años bajo el mandato del presidente Nicolás Maduro.

La dieta de los venezolanos se volvió cada vez más deficiente en vitaminas y proteínas debido al control de divisas que restringe las importaciones de alimentos y a sueldos que no van a la par de una inflación de casi 2.000.000% registrada el año pasado.

La creciente desnutrición es una de las razones que esgrimió el líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó, a quien decenas de países reconocen como jefe de Estado encargado, para llevar adelante el plan de traer alimentos y medicinas al país.

La iniciativa opositora fue rechazada por Maduro, que negó que hubiera una crisis humanitaria y catalogó el proyecto de sus rivales como un espectáculo para socavar las bases de su gobierno.

El mismo Guaidó se sumó desde su residencia en Caracas a una caravana, el jueves pasado, con diputados de la Asamblea Nacional, para viajar 800 kilómetros hacia la frontera con Colombia, de donde el viernes logró cruzar hacia Cúcuta.

El opositor se guardó los detalles durante toda la semana de cómo entraría la ayuda en momentos en que Maduro anunció el cierre, desde el jueves por la noche, de la frontera con Brasil, y clausuró luego los pasos a Colombia.

La ayuda humanitaria se ha convertido en objeto de una lucha de poderes en Venezuela, luego de que en enero Guaidó invocó la Constitución para asumir como presidente interino tras calificar como fraudulenta la reelección de Maduro en mayo del año pasado. Sobre esa base, la oposición y gran parte de la comunidad internacional impugnaron la jura para su nuevo "mandato" en enero.

"A mí me gustaría que dejaran entrar esa ayuda", dijo Guzmán, que a pesar de tener dos trabajos, ambos sueldos no le alcanzan para pagar por los exámenes médicos, las vitaminas y una dieta rica en proteínas que su doctor le prescribió.

Ella y su esposo ganan menos de 30 dólares al mes, que usan para alimentar a sus tres hijas.

Aunque hay un vacío de información oficial, casi dos tercios de los venezolanos perdieron en promedio 11 kilos de peso en 2017, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, un estudio realizado por tres grandes universidades del país.

En la casa de Guzmán, en el barrio caraqueño de Petare, cuelga un pequeño cartel de madera donde se lee el salmo "Jehová es mi pastor, nada me faltará". En la heladera solo guarda unos paquetes de porotos.

Hay veces en que se despierta sin saber qué comerá su familia durante el día. En muchas ocasiones solo comen arroz, lentejas y yuca.

Si bien Guzmán dijo que le gustaría la entrada de ayuda, le preocupa que el envío sea una gota en medio de un océano de necesidades que aqueja a los venezolanos. "Uno no come un solo día", agregó.

Prueba de fuerza

Algunos analistas políticos dicen que la prueba de fuerza entre gobierno y oposición no se basaba tanto en resolver las necesidades inmediatas de Venezuela -que requiere un ingreso continuo y reformas profundas-, sino poner a prueba la lealtad de los militares a Maduro, si se atrevían a bloquear el ingreso de la ayuda. Algunas organizaciones, como Cáritas, decidieron proporcionar la ayuda que se pueda.

En San Francisco de Yare, un pueblo a 70 kilómetros al sur de Caracas, el vientre del bebé de María Guitia luce distendido, mientras sus brazos son delgados.

La joven de 21 años vive con sus cinco hermanos y dos padres en una habitación con suelo de tierra y sin agua corriente. Sin empleo, viven de trabajos informales y una entrega mensual de alimentos subsidiados por el gobierno.

Guitia tiene que inventar comida con lo poco que tienen, como lentejas y plátanos que poseen en terrenos de su patio. Su hijo perdió peso en los últimos cinco meses, hasta que Cáritas le dio algunos suplementos alimentarios.

Las Naciones Unidas y la Cruz Roja advirtieron contra la politización de la ayuda. Estados Unidos, que presiona por una renuncia de Maduro, envió ayuda para Venezuela en aviones militares a Cúcuta, en una demostración de fuerza.

Guzmán sueña con vivir de su propio trabajo y no de la ayuda extranjera o donaciones del gobierno.

"No es que quiera ser rica o millonaria -dijo-, pero sí darle un futuro bien a mis hijas, que si se enferman uno las pueda llevar al médico, que se alimenten bien".

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