Donald Trump crece y los republicanos empiezan a tomárselo en serio

Hay preocupación entre los líderes del partido por el ascenso del magnate, que ahora lidera las encuestas
Silvia Pisani
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28 de julio de 2015  

WASHINGTON.- Lo que empezó casi como una broma se está convirtiendo en dolor de cabeza. Pese a que en público nadie acepta que Donald Trump pueda convertirse en presidente de los Estados Unidos, hoy el controvertido multimillonario encabeza, y con holgura, las encuestas de imagen entre los aspirantes de su partido a ocupar la Casa Blanca.

Sondeos coincidentes aseguran que, con el 24% de aceptación, duplica el 12 por ciento que esas mismas proyecciones dan al ex gobernador de Florida Jeb Bush, a quien se consideraba favorito para quedarse con la candidatura.

"Sigo pensando que es difícil que Trump llegue a la Casa Blanca. Pero lo que sí está ocurriendo es que su perfil crece como aspirante a las elecciones primarias del partido", de las que surge el candidato formal del partido, dijo ayer John Carburn, analista político de la cadena Mnsbc.

Lo que ocurre es que en este país la carrera presidencial se dirime en dos etapas. Primero hay que ganar la interna partidaria y luego, la elección nacional.

Al estar dirigido a dos públicos distintos (uno es el votante partidario y el otro, el votante nacional), los discursos, estrategias y posibilidades no son necesariamente idénticos. Con un Partido Republicano orientado a la derecha y en una sociedad de fuerte descontento general con la política, la figura "rompedora" de Trump -para muchos, poco más que una caricatura del político- no ha hecho sino subir hasta situarse como favorito de los republicanos.

Pero si su enorme capacidad de ofensa se convirtió en un problema real dentro de las filas republicanas, donde aseguró que abundan los "cobardes", la posibilidad de que dimita y corra como candidato independiente, al frente de una corriente propia y distinta de los dos partidos tradicionales, causó todavía más estupor.

"No creo que eso vaya a pasar, me parece que Donald está abandonando esa idea", atajó ayer el titular del partido, Reince Priebus. No lo dijo, pero es probable que él mismo, al igual que el resto de las figuras de la estructura partidaria, no sepa muy bien cómo lidiar con lo que se llama "el problema Trump".

Conexión

En voz baja se reconoce que el empresario conecta muy bien con la base del partido, que es más conservadora, xenófoba y blanca.

Pero que no hace más que espantar a las minorías, sin las cuales es imposible ganar una elección nacional. Por eso se proyecta con fuerza para las primarias, pero con pocas posibilidades para la carrera nacional.

"Pienso que Trump habla a la gente que está realmente enojada con Washington y con la clase política en general", concedió Priebus, que, sin embargo, reconoció que el "tono y la forma" como se habla a la sociedad "importan".

Es allí donde los permanentes ataques de Trump se están convirtiendo en problema para los estrategas republicanos. Por lo pronto, es muy probable que el controvertido millonario figure entre los diez aspirantes partidarios a los que se les habilite participar en un gran debate nacional de propuestas, el próximo día 6. Organizado por la conservadora cadena Fox, el cruce estará limitado a sólo diez precandidatos. Trump estará entre ellos, bajando su línea argumental en horario central y en lo que, en los hechos, se convertirá en el primer gran acto de campaña del partido.

Llegará, incluso, con aire ganador y con mucha más habilidad mediática que sus contendientes. Salvo Jeb Bush, muchos de ellos son poco conocidos para el gran público.

De hecho, en las últimas dos semanas, lo único que han podido hacer es reaccionar a lo que dice Trump, que es quien viene marcando la agenda.

"Será difícil lidiar con esta caja de sorpresas que es Trump", dijo Carburn, al admitir la habilidad mediática del magnate de la construcción.

Los otros participantes aún no están definidos y surgirán de sondeos de opinión. Hasta ahora hay 16 aspirantes y lo único claro es que difícilmente el multimillonario no sea la estrella de esa primera noche de campaña.

El debate se convertirá, también, en la primera prueba pública que enfrentarán figuras del partido sobre lo que hasta ahora se convirtió en su principal desafío y que no es otro que encontrar respuesta a cómo lidiar con Donald Trump sin perder en la batalla.

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