Dos argentinos y el difícil reto de ser policías en Kosovo

Son gendarmes y forman parte de un cuerpo internacional de vigilancia en Pec.
Son gendarmes y forman parte de un cuerpo internacional de vigilancia en Pec.
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22 de marzo de 2000  

PEC.- El jefe de policía de la ciudad de Pec entra en el despacho del jefe de policía de la región, del que depende, con un periodista extranjero. Sobre la pared, un inmenso mapa de Kosovo tiene marcadas las bases de la OTAN y resaltados los escasos enclaves serbios.

Hechas las presentaciones, los tres se sientan formalmente para hablar de la situación en una zona castigada por mafias internacionales, violencia y la cercanía de dos fronteras, cuando el jefe de la ciudad rompe el encanto y ofrece humildemente: "¿Hago unos mates, señor?".

El comandante Carlos Blanco asiente y allá va el comandante Pablo Palomo, termo en mano, y el cronista de La Nación por un momento ha vuelto a estar en cualquier puesto de la Gendarmería en alguna provincia argentina.

Pero no. Esta es la misma ciudad en la que el cronista vio llegar a mitad de junio último a las tropas italianas y desalojar a todos los huéspedes del único hotel para asentar su base, mientras en las calles desiertas -por los albaneses expulsados y los serbios en fuga tras la derrota- trotaban caballos sin dueño y se deslizaban con rapidez las patrullas del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), para crear sus propias posiciones.

Era casi una ciudad fantasma, en la que se escuchaban disparos y había incendios por la noche. Hoy, en cambio, la recorren 80.000 habitantes albaneses en autos que embotellan las calles y un puñado de monjas y religiosos encerrados y con protección militar en el templo más importante para la Iglesia Ortodoxa Serbia, creado en el siglo XII, donde han sido coronados todos sus patriarcas.

Es esta ciudad y sus alrededores lo que está a cargo de estos dos argentinos que, si bien ocupan los puestos más importantes, no son únicos. Kosovo ha recibido hasta ahora a 38 gendarmes, 12 de los cuales están en la conflictiva ciudad de Mitrovica.

Para la Gendarmería, no es nuevo ir al mundo. El presidente norteamericano Bill Clinton la incluyó en un discurso ante las Naciones Unidas entre las fuerzas con que se debe contar en las misiones de paz. Ha estado, por ejemplo, en Haití y Bosnia, donde Palomo era monitor y desde donde llegó a Kosovo en junio, detrás de las tropas de la OTAN.

Pero esta vez es diferente, advierte el comandante Blanco: hasta ahora, los gendarmes habían sido enviados como observadores; en Kosovo, van armados y actúan como policías, con todos los riesgos, responsabilidades y consecuencias que ello acarrea.

Es que esta vez Naciones Unidas administra la provincia ocupada y debió crear de la nada una nueva policía ante el retiro de la serbia como parte del acuerdo de paz. Blanco participó directamente en ese proceso, desde que llegó, cinco meses atrás: un grupo de policías de 42 países distintos vino a formar al mismo tiempo un esquema provisional de seguridad y a instruir al futuro Servicio de Policía de Kosovo, reclutando y entrenando a sus miembros.

Hubo 26.000 postulantes para formar la nueva policía local, pero a la selección común en cualquier país aquí se suma la regla de que todas las minorías, raciales, religiosas o sexuales, deben estar representadas. Así, la primera promoción -en cuyo reclutamiento participó Blanco- estaba formada, según su origen étnico, por 161 albaneses, 7 serbios, 2 goran, 2 rom, 3 turcos y uno que no se atrevieron a clasificar más que como "otros". De esos 176, 37 eran mujeres, 2 de ellas serbias, las demás albanesas.

Esa futura policía es sometida a un entrenamiento de seis a nueve semanas en una academia cercana a Mitrovica, y luego pasar por seis etapas de instrucción en la calle y en las oficinas. Por fin, trabajarán durante un año y medio y serán evaluados. La primera promoción ha casi iniciado esta última etapa.

No ha sido fácil reunirlos, porque a muchos albaneses que formaban parte de la policía en el pasado y que, según Palomo, son eficientes y conocen muy bien el terreno en que se mueven sus compatriotas los ven como colaboracionistas.

Otra violencia

Mientras tanto, toda la región, que alberga a unos 300.000 habitantes, tiene que arreglarse con 124 policías internacionales, 43 de ellos en Pec, a las órdenes de Palomo que trabaja, como ellos, de las siete de la mañana a las tres o cuatro del día siguiente, cuando no ocurre nada especial.

Deben aplicar el código penal yugoslavo -la provincia aún es formalmente parte de Yugoslavia-, al que se han introducido algunas modificaciones para que sea acorde con el estándar de garantías a los derechos humanos establecidos por la ONU. "Es común que los detenidos no te miren a la cara -observa Palomo-. Cuando pregunté a uno por qué, me dijo que (los policías serbios) no se lo permitían, los tenían doblados en dos."

Pero, ahora, "no hay grandes problemas étnicos, porque casi no quedan serbios en la región", explica Palomo. "Apenas unos pocos pueblos, que son protegidos por la KFOR. No, aquí la violencia ocurre entre albaneses". Y cuenta: "Los asesinatos yo los resuelvo muchas veces en un solo día". No es ningún milagro: "Todo el mundo sabe quién fue. Y a veces hasta el mismo asesino toca la puerta de la familia de la víctima y les dice que él la mató".

Los albaneses de la región viven de acuerdo con la antigua tradición de la revancha. Toda ofensa contra sí mismo o contra un miembro de su familia es vengada por él u otro miembro en la persona del ofensor o de sus parientes, no importa cuánto tiempo haya pasado.

"Una vez estábamos revisando un cadáver en una casa -relata Palomo-. De repente se sintió un golpeteo en la pared. "Están ametrallando", les dije. Y después tiraron una granada. Eran los vecinos, era su forma de decir que fueron ellos."

Mafias internacionales

Además, la región linda con Albania y con Montenegro, y por allí pulula el contrabando de drogas, armas, cigarrillos y autos. "Son mafias con conexión internacional", explica Blanco, albaneses que ya se han hecho temer en Italia y Alemania, cuyos policías tienen bastante información al respecto.

"Un policía alemán contaba que una vez detuvo a un albanés y éste le dijo: "Te voy a ir a buscar, vos vivís en el pueblo tal", y era verdad, sabía todo sobre él. Son mafias poderosas", advierte Blanco.

Al escaso número, la policía internacional opone el aporte mundial -acaban de instalarles una morgue "como no tenemos en la Argentina", según se admira Palomo, con camillas rotativas a control remoto- y la riqueza de la experiencia de miembros tan diferentes.

¿Qué aporta, a su vez, la Gendarmería? "El sistema de organización, tanto regional como local, es el nuestro", contestan Palomo y Blanco casi a la vez. "Por ejemplo -explica Palomo-, la importancia del oficial de guardia, que es el que vincula todo, el que se acuerda. O la forma de elegir y distribuir el personal."

"Además -agrega Blanco-, nosotros tenemos más facilidad que otras policías para entender la lógica militar con que se maneja la OTAN, de la que no dependemos, pero con la que tenemos que trabajar, y para patrullar y tomar contacto con zonas rurales, que no es común para un policía. Para nosotros, es como andar por las provincias argentinas."

Uranio

BRUSELAS (AP).- El secretario general de la OTAN, George Robertson, confirmó ayer que la alianza utilizó armamento con uranio empobrecido durante la guerra de Kosovo.

Si bien no hay datos concluyentes al respecto, se cree que ese material podría dañar el medio ambiente y también la salud, ya que tendría, entre otros, efectos cancerígenos.

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