Dos concepciones distintas sobre el papel que juega el Estado

Arturo Valenzuela
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6 de noviembre de 2012  

Las encuestas muestran un virtual empate entre el presidente Obama y el republicano Mitt Romney. Lo que está en juego son visiones opuestas sobre cómo superar la crisis económica más grave que ha experimentado el país desde principios del siglo pasado y cómo encarar los desafíos que tiene la primera potencia mundial en un difícil contexto internacional.

Romney culpa a las políticas de Obama de haber generado la recuperación económica más lenta en la historia del país, terminando su gestión con un nivel inaceptable de desempleo. También lo culpa por haber descuidado retos internacionales, como el surgimiento de China, la hostilidad de Rusia, la amenaza de Irán y el caos en Medio Oriente.

Obama defiende su gestión diciendo que ningún presidente desde la Gran Depresión se encontró con una crisis semejante a la que se desató en 2008; que si no hubiese sido por las políticas que implementó, la crisis podría haber desencadenado una catástrofe mayor, y que, de hecho, recuperó más de 5 millones de empleos. En el ámbito internacional, el presidente afirma que cumplió con su promesa de terminar con las guerras de Irak y Afganistán, que le dio un golpe mortal al terrorismo y que revirtió el desprestigio en que había caído Estados Unidos.

Este debate refleja concepciones distintas del papel del Estado. Obama apuesta por un Estado intervencionista, que regula los posibles excesos de actores económicos como los que desencadenaron la crisis financiera. Al Estado también le corresponde confrontar flagelos como el cambio climático, incentivar la innovación y velar por el bienestar de la población en temas como la salud. En política exterior, Obama privilegia alianzas, instituciones multilaterales y un mayor respeto por el derecho internacional.

Para Romney, el Estado es el problema, no la solución. Las normas regulatorias inhiben la recuperación y desincentivan iniciativas privadas que dinamizan la economía. La educación y la salud deberían ser responsabilidad de gobiernos estatales o del sector privado. A nivel internacional, Romney promete volver a una política más unilateral donde Estados Unidos no se inhibe en desplegar su poderío militar.

Pero el trasfondo de las elecciones son los profundos cambios que experimentaron la economía y la sociedad desde mediados del siglo pasado. La economía evolucionó de un modelo autárquico a una economía abierta en un mundo transnacionalizado, resultando en una notable disminución de los sectores manufacturero y agrícola y un auge del sector servicios.

Así se agudizaron las desigualdades y sectores importantes de la clase obrera, especialmente blancos con niveles bajos de educación, perdieron terreno. Al mismo tiempo, el país experimentó una inmigración extranjera que cambió la fisonomía misma del país hasta tal punto que las minorías pasaron a ser mayoría en muchos estados. Por eso que el tema étnico y racial es la clave más importante de las elecciones.

Romney tiene las preferencias de un 52% de los blancos, mientras que sólo un 32% apoya a Obama. Por otro lado, el 94% de los afroamericanos apoya al presidente, y los hispanos se convirtieron en una fuerza electoral importante, que apoyan a Obama por un margen de 64%. La juventud también favorece al presidente. Los pronósticos le dan ventaja a Obama, pero ganará el candidato que tenga más éxito en conseguir que sus adeptos acudan a las urnas.

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