Dos pontificados que constituyen uno solo

Alberto Melloni
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1 de marzo de 2013  

MILÁN.- El fin de un pontificado es el momento para un balance institucional. Mientras el papa devenido emérito se despide detrás de un velo de melancolía, el Colegio Cardenalicio se debe preparar para realizar su tarea, madurando su conocimiento de las personas como son y de las cosas como son.

Y las cosas que deben conocer los cardenales no son tanto las miserias contenidas en la Relationem (el informe secreto sobre VatiLeaks que habría empujado a Benedicto XVI a renunciar). Sobre lo que los cardenales deben pensar y rezar es en el derrotero de dos pontificados que, con sus estilos diametralmente opuestos, constituyen uno solo.

Ratzinger buscó ser "el papa de los doctos". Frente al "gobierno carismático" de Wojtyla, el alemán interpuso la distancia de las formas. Pero, al fin y al cabo, compartieron una línea de fondo: la idea de romper con el eslogan de Pablo VI, que era mediación y diálogo. Luchar por una Iglesia "fuerte", con el propósito de que el coraje de la fe coincidiese con el valor de la Iglesia en la escena pública.

Ratzinger, con esa lógica que lo caracteriza, se movió por lo tanto dentro de los límites del horizonte europeo. Los grandes horizontes de la política mundial se fueron diluyendo. Para colmo, el sumidero de la política italiana pasó a formar parte de la agenda vaticana. Pero justo con el papa teólogo, los grandes caravaneros de la teología fueron abandonados en nombre de un principio-natura, que esperaba convertir a la Iglesia en la prótesis ética de un Occidente sin evangelio, y terminó haciendo de Occidente el horizonte de una Iglesia en déficit ético.

El problema es cómo salir de este círculo vicioso: Benedicto XVI se aparta pidiendo "más vigor", y ésta es la vara con la cual deberán medirse todos los cardenales, incluso los que en el imaginario popular se agolpan bajo la etiqueta de "los italianos", como si entre ellos no hubiese diferencias que encontrarán el modo de manifestarse a medida que la sede vacante se convierta en la matriz de un nuevo papado.

Traducción de Jaime Arrambide

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