Dura ofensiva de Putin contra EE.UU.

Congeló un acuerdo militar de desarme en protesta por el escudo antimisiles de Washington en Europa; para Rice, es "absurdo"
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27 de abril de 2007  

MOSCU.- En un discurso digno de los tiempos de la Guerra Fría, el presidente ruso, Vladimir Putin, criticó ayer en duros términos la política exterior de Estados Unidos y su proyecto de construir un escudo antimisiles en Europa, y anunció en represalia la suspensión de un tratado de desmilitarización firmado en 1990.

De forma casi inmediata, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que participa en Noruega de una cumbre de la OTAN, afirmó que el dispositivo militar que su país planea desplegar en el este de Europa no representa peligro alguno para Moscú y consideró que la inquietud del mandatario ruso es "absurda".

En su mensaje anual a la nación, pronunciado ante ambas cámaras del Parlamento ruso, Putin criticó la "injerencia" de los occidentales "colonizadores" y propuso una moratoria del tratado de las Fuerzas Convencionales en Europa (FCE), que restringe los despliegues militares en el Viejo Continente (ver aparte).

"[Los países de la OTAN] están estableciendo bases militares en nuestras fronteras y, lo que es peor, también están planeando situar elementos de sistemas de defensa antimisiles en Polonia y la República Checa", declaró el jefe del Kremlin, en clara referencia al emplazamiento de una estación de radar y misiles interceptores norteamericanos en estos dos países.

Aunque la Casa Blanca sostiene que el único fin de ese dispositivo militar es proteger a Europa de un eventual ataque de Irán o Corea del Norte, el jefe del Kremlin lo considera una amenaza directa para su país y advirtió que el escudo antimisiles esconde "peligros reales y desagradables sorpresas".

"Considero adecuado declarar una moratoria sobre la implementación por parte de Rusia de ese tratado [por el FCE], al menos hasta que todos los países lo ratifiquen y comiencen a implementarlo", agregó Putin en uno de los momentos más calientes de su discurso, que comenzó con un minuto de silencio y unas palabras en memoria del ex presidente Boris Yeltsin, fallecido el lunes pasado.

El mandatario ruso amenazó con abandonar de forma definitiva el FCE si no es ratificado y respetado -en particular por Estados Unidos-, una jugada sorpresiva lanzada durante su octavo y último discurso a la nación, que coincidió con una reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros de la OTAN en Oslo, Noruega.

Horas más tarde, el canciller ruso, Serguei Lavrov, confirmó, tras una reunión con sus homólogos de la OTAN en la capital noruega, que "Rusia va a cumplir una moratoria [en el FCE] y que se retirará del tratado si éste sigue sin ser aplicado" por todos los adherentes.

Un temor absurdo

Rice, que viajó a la cumbre de Oslo para discutir -justamente- los planes de su país para instalar el polémico escudo antimisiles, no tardó en responder a Putin, al igual que el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer. La secretaria de Estado norteamericana buscó minimizar la amenaza militar denunciada por el presidente ruso y afirmó: "La idea de que de alguna manera 10 misiles interceptores y algún radar en Europa del Este puedan amenazar la situación estratégica es absolutamente absurda y todos lo saben".

"No estamos más en la situación en que Estados Unidos y la Unión Soviética eran adversarios; nosotros no somos adversarios de Rusia, sino que tenemos por delante amenazas comunes", afirmó Rice, quien invirtió el argumento más utilizado por Moscú, que considera que el proyecto norteamericano del escudo antimisiles es más acorde con la Guerra Fría que con los tiempos actuales.

La secretaria de Estado instó a Putin a no abandonar el FCE. "Son obligaciones contractuales. Y todos esperan que estas obligaciones sean acatadas", dijo.

En la misma línea se expresó De Hoop Scheffer: "Los aliados de la OTAN piensan que el tratado es muy importante y destacan la importancia de ratificarlo. Sabemos también que hay aún algunos obstáculos en el camino".

El duro tono con el que Putin se dirigió a la principal potencia mundial coincide con el discurso que pronunció el 10 de febrero pasado, en la conferencia de seguridad celebrada en Munich, cuando acusó a la Casa Blanca de querer controlar militarmente el mundo.

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