EE.UU. admite que limitará el poder del nuevo gobierno iraquí

El traspaso de soberanía será muy gradual Las nuevas autoridades no podrán promulgar leyes ni controlar sus fuerzas de seguridad Al-Sadr amenazó con ataques suicidas contra las fuerzas de ocupación
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24 de abril de 2004  

WASHINGTON.- Estados Unidos reconoció ayer que el gobierno provisional iraquí, que asumirá el poder a partir del 30 de junio, tendrá algunas limitaciones, lo que podría obstaculizar la aprobación de una nueva resolución en la ONU sobre Irak.

Según un funcionario de la Casa Blanca citado por The Washington Post, que no lo identificó, ese ejecutivo no podrá promulgar leyes ni controlar sus fuerzas de seguridad durante el tiempo que permanezca en el poder, posiblemente hasta fin de año, cuando se convoque a elecciones.

"Si bien la soberanía puede estar limitada al comienzo, se ampliará en forma gradual a medida que los iraquíes demuestren ser capaces de manejarse por sí mismos", señaló la fuente al Washington Post.

El presidente George W. Bush ha insistido en que Estados Unidos transferirá el 30 de junio la autoridad política a alguna entidad de gobierno formada por iraquíes, pero el asunto de la soberanía es materia de discusión en la Casa Blanca, donde varios de sus funcionarios creen que Estados Unidos ha hecho un esfuerzo y una inversión demasiado grandes en Irak como para dejar el país en otras manos.

Por su parte, el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, señaló también al Congreso esta semana que luego del 30 de junio los 160.000 soldados extranjeros, al igual que la policía y el ejército iraquíes creados por la ocupación, seguirán bajo el mando de un jefe militar norteamericano.

En tanto, el administrador civil estadounidense en Irak, Paul Bremer, confirmó ayer que algunos ex oficiales del ejército de Saddam Hussein "que tengan buena reputación" podrían ser reclutados para ayudar a estructurar el nuevo ejército iraquí.

El anuncio representa un giro significativo en una de las políticas centrales de Estados Unidos en Irak tras el derrocamiento de Saddam: la ilegalización del partido Baath y la disolución del ejército nacional iraquí.

En una declaración por televisión, Bremer citó asimismo el caso de miles de maestros que perdieron sus trabajos por haber ocupado cargos de mediano rango en el partido Baath y abogó por que se les ofrezca la posibilidad, mediante un juicio de apelación, de recuperar sus empleos.

La mayoría de los miembros del gobierno provisional iraquí recibieron el anuncio con beneplácito, por considerar que la purga había sido un error que alimentó las filas de la resistencia contra la ocupación extranjera. No obstante, el cambio de política podría enfrentar la oposición de kurdos y chiitas, que fueron brutalmente reprimidos por el ex ejército iraquí y que apoyaron su desmantelamiento.

Tensión en el Sur

En tanto, la tensión aumentó ayer en el sur de Irak después de que el clérigo radical chiita Muqtada Al-Sadr amenazó con perpetrar atentados suicidas contra las tropas norteamericanas si éstas atacan la ciudades santas de Najaf y Kerbala. En ésta, un militar búlgaro de la coalición murió ayer en un tiroteo con algunos de los milicianos de Al-Sadr.

"Si nos obligan a defender nuestras ciudades, recurriremos a operaciones suicidas. Hasta ahora rechazábamos hacerlo, pero si nos vemos obligados, lo haremos", advirtió ayer el jefe rebelde, al que los norteamericanos buscan vivo o muerto desde que desafió abiertamente a la coalición.

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