EE.UU.: la potencia que ya pocos respetan

La polémica por el programa de espionaje de la Casa Blanca debilitó la imagen global del país
Jean Mackenzie
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30 de junio de 2013  

WASHINGTON.– Últimamente, el presidente Barack Obama no consigue el respeto de nadie. La catarata de revelaciones sobre los programas de vigilancia del gobierno de Estados Unidos no cesa y consume el poco poder internacional que su gobierno conserva después de cinco años.

Todo comenzó cuando el "topo" de la CIA, Edward Snowden, reveló que la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana tiene por costumbre espiar a todo el mundo, incluido a los líderes globales, y, según se supo ayer, también a la Unión Europea y a las Naciones Unidas.

Snowden prendió el ventilador e inmediatamente buscó refugio en otros rincones, Hong Kong, Moscú y ahora tiene en su mira a Quito. Desde aquella revelación, Obama, y con él Estados Unidos, sufrió bochorno tras bochorno. Primero se le animaron, con reproches públicos, sus aliados europeos. Después, sus grandes rivales, China y Rusia, ignoraron por completo sus amenazas para que extraditaran a Snowden. Ahora hasta el pequeño Ecuador lo desafía sin tapujos.

El nuevo caso de espionaje complica a Obama, que, agobiado por los escándalos, perdió su imagen de fortaleza de años anteriores. Otra prueba de ello es que apenas 5000 personas fueron a escuchar su "histórico" discurso frente al lado oriental de la Puerta de Brandenburgo, en Berlín, semanas atrás. En 2008, en ese mismo lugar, lo había vivado una gigantesca multitud. Pero en aquel entonces era un candidato con facilidad de palabra y lleno de promesas.

Es probable que Snowden también haya tenido que ver con eso: algunos especulan con que la recepción comparativamente fría que tuvo Obama esta vez se debe a la indignación de los alemanes por el escándalo de la vigilancia masiva de la NSA, que conjura el incómodo recuerdo del Stasi de la Alemania oriental.

Esa furia seguramente crecerá ahora, después de que ayer la revista Der Spiegel revelara que el programa de vigilancia norteamericano tenía pocos límites: incluyó los cuarteles generales de la ONU y de la UE.

Ahora, Obama enfrenta el desafío a cara descubierta de sus "amigos-enemigos" China y Rusia, que parecen estar disfrutando mucho de mantener a Snowden fuera del alcance de Washington.

Snowden, que buscó refugio en Hong Kong después de abandonar Hawai cargado de secretos de Estado, está embarcado en una búsqueda mundial de asilo, donde sea.

Hong Kong lo dejó ir, a pesar de los ruegos de Estados Unidos, afirmando que el pedido de Washington "no cumplía todos los requisitos que establece la legislación" local, una acusación que los funcionarios norteamericanos niegan rotundamente.

Ahora, y por el momento, se cree que Snowden está en el aeropuerto moscovita de Sheremetyevo, viviendo en carne propia lo que le pasa a Tom Hanks en La terminal . Como no tiene visa para entrar en Rusia, no puede ingresar a la capital, pero tampoco tiene un destino firme donde sepa que será bien recibido.

En Washington, se quejan de lo que consideran una traición de sus socios y aliados, y amenazan con las "consecuencias" de esa falta de cooperación. A juzgar por la reacción, parece que nadie que esté en la ruta de escape de Snowden pierde el sueño por las presiones de Estados Unidos.

China ya no refrena en nada su retórica contra Washington. El diario People's Daily, controlado por el gobierno, elogió a Snowden por "desenmascarar la santurronería de Washington", y agregó que Estados Unidos "pasó de un «modelo de derechos humanos» a uno de «vigilancia de la intimidad personal, de manipulación de Internet y de insana invasión de las redes de otros países»".

Pekín rechaza las acusaciones de Washington de haber actuado mal respecto de Snowden y descarta que el incidente pueda tener un impacto negativo en las relaciones chino-norteamericanas.

De hecho, según el People's Daily, el incidente podría impulsar a ambos países a sentarse a debatir sobre sus mutuas suspicacias en cuestiones de ciberseguridad.

Pero Washington se niega a ver ese lado positivo. El secretario de Estado, John Kerry, se hizo tiempo durante un agotador viaje por la India para defenestrar al joven "topo".

"Hay gente que podría morir como consecuencia de lo que este hombre hizo -dijo Kerry-. Estados Unidos podría ser atacado, porque ahora los terroristas tal vez sepan cómo protegerse, cosa que antes no."

Con Moscú, Obama no tiene mejor suerte. Su encuentro con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Irlanda del Norte, hace 12 días, fue un triunfo de la óptica negativa: dos hombres hundidos en su silla y mirando para cualquier lado. Obama intentó distender los ánimos con una broma ligera sobre su menguante capacidad deportiva debido a la edad, y Putin lo cortó en seco.

"El presidente me dice que está más débil para hacerme bajar la guardia", dijo Putin.

Ambos mandatarios chocaron en muchos temas, incluido el conflicto en Siria, y en lo referido a Snowden, Putin no cedió un ápice.

El fugitivo norteamericano está en la zona de tránsito del aeropuerto, donde "puede comprar un pasaje a donde quiera", le dijo el presidente ruso a la prensa en Moscú. Es más, "en cuanto a entregárselo a alguien, nosotros sólo podemos entregar a ciudadanos extranjeros a países con los que tenemos los respectivos acuerdos y no tenemos acuerdos de ese tipo con Estados Unidos".

El asilo del "topo"

El caso de Snowden también enfrentó a Estados Unidos con Ecuador, donde el "topo" pidió asilo, inspirado en el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que se encuentra en la embajada de Ecuador en Londres.

Ante las amenazas de Washington de "graves dificultades" en las relaciones bilaterales si Quito aceptaba la solicitud, el presidente Rafael Correa redobló la apuesta.

Ecuador renunció, el jueves pasado, a los beneficios comerciales especiales que tenía con Estados Unidos e irónicamente le ofreció a Washington "ayuda económica" para capacitación en derechos humanos.

Ayer, en otra muestra de que Estados Unidos ya no es lo que era, el vicepresidente Joe Biden le pidió a Correa que rechazara el pedido de asilo de Snowden.

El mandatario respondió que el gobierno ecuatoriano no podía tramitar la solicitud porque Snowden no estaba en el país.

"Cuando llegue a suelo ecuatoriano, si es que llega, y se tenga que tramitar dicha solicitud a los primeros en preguntarles su opinión será Estados Unidos", dijo, en tono cordial.

Pero Correa parece más preocupado en no perder su membresía del club de presidentes latinoamericanos que están contra Washington, un club que comparte con los cubanos Fidel y Raúl Castro, el nicaragüense Daniel Ortega, el boliviano Evo Morales, y Nicolás Maduro, el sucesor del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez.

Lejos está de saberse si Snowden terminará en Quito; también mencionó Islandia como otro destino posible.

Reikiavik no habló al respecto, aunque la vocera de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, les dijo a la prensa que Snowden había tomado contacto con las autoridades islandesas. WikiLeaks dice estar colaborando con los planes de viaje de Snowden.

Por el momento, la situación moral de Snowden es tan incierta como su destino geográfico. Algunos lo califican de traidor, otros de héroe. Pero la situación de Obama tampoco es fácil. La petición ante la Casa Blanca no para de sumar adhesiones: hasta el martes pasado, 120.000 ya habían suscripto con su firma un pedido para que Obama indulte al "topo" de la CIA. Si Snowden está en tierra de nadie, es probable que haya arrastrado con él al presidente de Estados Unidos.

Traducción de Jaime Arrambide

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