EE.UU. lanza una ofensiva para desestabilizar al régimen iraní

Lo acusa de proteger a miembros de Al-Qaeda; quieren provocar un levantamiento
Jorge Rosales
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26 de mayo de 2003  

WASHINGTON.- Estados Unidos planea poner en marcha una agresiva acción política y de inteligencia para desestabilizar y tumbar al gobierno de Irán -como ocurrió con el régimen de Saddam Hussein-, al que acusa de proteger a miembros de Al-Qaeda que cometieron los atentados en Arabia Saudita y desarrollar un programa nuclear secreto con fines militares.

Según el diario The Washington Post, el plan de línea dura está siendo empujado por el Pentágono, cuyo titular, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, es el principal impulsor de la expansiva política exterior para Medio Oriente de la administración del presidente George W. Bush.

Rumsfeld y la titular del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, acusaron al gobierno de Teherán de proteger en su territorio a los terroristas de Al-Qaeda que, según las sospechas del gobierno de Bush, fueron los responsables del atentado del 12 de mayo en Riad, en el que murieron 34 personas.

En una entrevista con la cadena ABC, el embajador de Irán en las Naciones Unidas, Javad Zarif, dijo ayer desde Teherán que su país está comprometido en la guerra contra el terrorismo y rechazó las acusaciones de Estados Unidos.

"Hemos tenido a varios miembros de Al-Qaeda en custodia y los mantenemos todavía detenidos; los interrogatorios continúan y una vez que procesemos la información la pasaremos a los gobiernos amigos", dijo el diplomático.

"Si Estados Unidos está interesado en reducir tensiones, Irán está preparado para hacer lo mismo", pero si Estados Unidos "sólo quiere hablar el lenguaje de la presión, entonces Irán irá a resistir", dijo.

El Pentágono cree que una fuerte presión contra el régimen islámico de Irán, con el que en las últimas semanas Estados Unidos había tenido contactos, podría desencadenar una revuelta popular de la oposición que terminaría con el derrocamiento del actual gobierno de Teherán.

Los "duros" del Pentágono, Rumsfeld, y su número dos, Paul Wolfowitz, han sido duramente criticados porque antes de la guerra contra Irak habían subestimado la resistencia que encontrarían y las dificultades para la reconstrucción de posguera, que ha colocado a Estados Unidos en una compleja situación en el control de la administración de la transición hacia un gobierno elegido por los iraquíes.

Las dudas de Powell

Por esa razón, el Departamento de Estado ha planteado sus dudas sobre el grado de respaldo popular que tendría una política de línea dura para derrocar al régimen islámico iraní. El temor es que se vuelva a repetir el escenario de Irak.

Sin embargo, el departamento que dirige Colin Powell, que mantiene una interminable disputa con el Pentágono por la estrategia de la política exterior, habría aceptado en principio la ofensiva contra el régimen de Teherán si éste no toma pasos sustanciales para resolver su vinculación con Al-Qaeda antes de mañana, publicó ayer The Washington Post.

Funcionarios del Pentágono y del Departamento de Estado se reunirán mañana para discutir la política que se seguirá frente al régimen islámico, con el que habían tenido una serie de contactos antes del atentado en Arabia Saudita.

Los servicios de inteligencia norteamericanos interceptaron comunicaciones antes y después del atentado en Riad entre supuestos miembros de Al-Qaeda, que sugerían que células que se encuentran en Irán estaban vinculadas con la planificación de los ataques suicidas.

En esta información se basaron Rumsfeld y Rice para lanzar duras acusaciones contra Irán, ante lo cual el régimen islámico de Teherán negó cualquier relación con los ataques en Arabia. "No hay ninguna duda de que ha habido y hay líderes ejecutivos de Al-Qaeda en Irán y que ellos están muy ocupados", dijo Rumsfeld la semana pasada.

Pero en la administración republicana también hay quienes creen que no necesariamente el gobierno de Teherán está al tanto de las actividades de los terroristas de Al-Qaeda detectados por los servicios de inteligencia en el Norte, cerca de la frontera con Afganistán, señaló ayer el Post. Esas células estarían protegidas por miembros de la Guardia Revolucionaria a cambio de pagos por permitir el contrabando de droga.

¿Programa nuclear secreto?

En la otra cara de la ofensiva norteamericana están las acusaciones de que Irán desarrolla un programa nuclear secreto con fines militares, ante lo cual el gobierno de Bush ya comenzó a presionar a la comunidad internacional para que las Naciones Unidas condenen al régimen de Teherán por violar el Tratado de No Proliferación Nuclear.

La Casa Blanca acusa al régimen de Teherán de haber avanzado en un programa secreto para obtener uranio enriquecido -el combustible para las armas nucleares- en una planta subterránea ubicada en Natanz, en la zona central del país.

La administración republicana pretende que la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) realice una rigurosa inspección en las plantas nucleares iraníes y luego declare que el régimen de Teherán no ha cumplido con el Tratado de No Proliferación Nuclear, del que es signatario desde 1970.

El gobierno iraní rechazó las acusaciones y dijo que espera que el organismo de las Naciones Unidas avale la utilización pacífica de su programa nuclear. Sin embargo, Estados Unidos asegura contar con información que revelaría que la planta de Natanz, cuya existencia se conoció el año pasado, contiene equipos de centrifugación que se utilizan para producir uranio enriquecido.

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