EE.UU. necesita mejorarse a sí mismo

Gail Collins
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16 de diciembre de 2012  

NUEVA YORK.- Las tragedias ocurren todo el tiempo. Tormentas devastadoras. Accidentes automovilísticos. Hechos de violencia al azar. En tanto seamos humanos, somos vulnerables.

Pero cuando un hombre armado dispara contra niños de primaria en un bucólico suburbio de Connecticut, tres días después de que otro hombre armado abriera fuego en un centro comercial de Oregon, el mismo año en que se produjeron matanzas en Minneapolis, en Tulsa, en un templo sikh de Wisconsin, en un cine en Colorado, en un café de Seattle y en una universidad de California, entonces la tragedia es algo que nos hacemos a nosotros mismos.

La historia es siempre la misma. El tirador es un joven con un historial de desequilibrios mentales. A veces, está enfurecido por haber perdido su trabajo; a veces, se trata simplemente de un desquiciado.

Tras la matanza de Newtown, en los medios pululaban los expertos que hablaban de la importancia de la ayuda psicológica. "Tenemos que buscar qué es lo que vuelve locas a estas personas al punto de impulsarlas a estos actos", dijo la representante republicana Cathy McMorris Rodgers.

Cada país tiene un contingente cuantificable de ciudadanos con enfermedades mentales. Pero somos nosotros los que les damos el poder de la tecnología para que jueguen a ser Dios.

El tema no es otro que el del acceso a las armas y su creciente poder de fuego. Durante estos últimos años, en cada una de estas matanzas, hemos visto que el asesino blandía armas con 30, 50 o 100 proyectiles. Estoy cansada de escuchar a mis conciudadanos que dicen que ese poder de fuego es necesario para no tener que recargar el arma cuando uno está practicando tiro al plato o que los padres fundadores de la nación quisieron asegurarse de que los estadounidenses no perdieran su derecho a cargar rifles capaces de acabar con decenas de vidas en unos minutos.

Recientemente, la Cámara baja del estado de Michigan aprobó una ley que, entre otras cosas, facilita que la gente pueda ingresar con armas en las escuelas, para una eventual "defensa".

Después de la masacre de anteayer en Newtown, un vocero del presidente de la bancada republicana de esa Cámara baja, Jase Bolger, dijo que esa ley podría significar "la diferencia entre la vida y la muerte para muchos inocentes".

Ése fue tal vez el segundo comentario más espantoso de uno de los días más horrendos de la historia de Estados Unidos. Sólo fue superado por las palabras de Mike Huckabee, quien dijo que, como las plegarias están prohibidas en las escuelas, "no debería extrañarnos de que las escuelas sean escenario de estas carnicerías".

Estados Unidos tiene que poner freno a la violencia con armas de fuego porque tenemos que redefinir nuestra identidad.

Hemos llegado a un punto en el que nos vemos a nosotros mismos -visión que comparte el mundo- como un país de gatillo tan fácil que el derecho a comerciar libremente cantidades obscenas de armas es considerado un derecho mucho más preciado que el derecho de los estadounidenses a la salud o a una buena educación. Tenemos que mejorarnos a nosotros mismos. De lo contrario, lo de Connecticut será una atrocidad que nunca podremos soportar.

Kerry sucedería a Hillary

El presidente norteamericano, Barack Obama, nominará al senador John Kerry como secretario de Estado.

El senador y ex candidato presidencial podría reemplazar así a Hillary Clinton que anunció, hace meses, que renunciará y que ayer sufrió una conmoción cerebral tras desvanecerse y caerse.

Traducción de Jaime Arrambide

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