EE.UU. reorganiza su gobierno en Irak

Para enfrentar las críticas por la falta de resultados retiró a la administradora en Bagdad y al supervisor de la reconstrucción
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12 de mayo de 2003  

WASHINGTON.- Abrumado por los problemas para restablecer los servicios básicos en Irak, las críticas por la lentitud de su acción y las quejas sobre sus escasos logros, el gobierno de Estados Unidos ha emprendido una amplia reforma de su administración interina en el país árabe, apenas un mes después de haber asumido su gestión. Al mismo tiempo, el equipo de expertos en armas de destrucción masiva espera dar por terminada su frustrada misión en Irak el próximo mes.

En lo que el diario The Washington Post calificó como el primer paso de una profunda reestructuración de las operaciones de posguerra, Barbara Bodine, la diplomática estadounidense que estuvo a cargo de la administración de Bagdad, regresó ayer a Washington tras permanecer menos de tres semanas en Irak.

Bodine declaró al diario que había sido reasignada como subdirectora de la división político-militar del Departamento de Estado. Dijo desconocer el motivo del cambio, del que tomó conocimiento "por una llamada tarde en la noche a un teléfono que había sido instalado en su oficina apenas horas antes".

En tanto, el general retirado estadounidense Jay Garner, que ha supervisado la reconstrucción de Irak para el gobierno del presidente George W. Bush en las últimas tres semanas, partirá con algunos de sus asistentes de alto nivel, posiblemente en una o dos semanas, añadió el Post.

Las medidas se dieron a conocer apenas días después de que Bush nombrara al ex jefe de lucha antiterrorista del Departamento de Estado, L. Paul Bremer, como el principal administrador civil en Irak, por encima de Garner.

A algunos funcionarios involucrados en la reconstrucción de Irak ahora les preocupa que el cambio de personal pueda frenar aún más las operaciones en el país, dijo el Post.

Los iraquíes dicen que el equipo de Garner no ha cumplido con las promesas de hacer pagos de emergencia, restaurar los servicios básicos, desmantelar las redes delictivas e involucrar a iraquíes en los planes para la formación de un nuevo gobierno local.

De hecho, muchos barrios de Bagdad siguen sin electricidad ni agua corriente, la mayoría de las tiendas continúa sin abrir por miedo a los saqueos, la delincuencia se ha disparado y la basura se acumula día tras día.

Sin rastros de armas

La falta de progresos no se ha limitado a la administración interina. Más allá de haber hallado un presunto laboratorio móvil para la fabricación de agentes biológicos, los equipos de expertos estadounidenses no han encontrado indicios definitivos sobre la presencia de armas de destrucción masiva en Irak, el argumento empleado por Washington para ir a la guerra.

En este sentido, los especialistas en armas químicas y biológicas enviados por la Casa Blanca a Irak están frustrados ante la falta de hallazgos y esperan dar por terminada su misión el próximo mes.

Si el depuesto régimen de Saddam Hussein tenía intención de utilizar armas de destrucción masiva "debía haber algo (...) y nosotros no lo hemos encontrado", dijo al Post el coronel del ejército Richard McPhee.

En las últimas semanas, los expertos han comprobado que en algunos casos era errónea la información sobre lugares identificados como sospechosos, o que muchos habían sido saqueados o quemados durante los disturbios que sucedieron a la caída de Saddam, y que aún continúan en menor grado. De hecho, el edificio central de Telecomunicaciones de Bagdad fue incendiado ayer, por causas que aún no fueron determinadas.

Cuando empezó la guerra, el mando central de las tropas estadounidenses tenía una lista con los 19 lugares más sospechosos de albergar armas de destrucción masiva. Otra lista señalaba 68 lugares que podían aportar pistas, pero tras examinar 45, los expertos no encontraron lo que buscaban. El subsecretario de Defensa estadounidense, Stephen A. Cambone, dijo el último miércoles que las fuerzas norteamericanas han inspeccionado 70 de las alrededor de 600 potenciales instalaciones de armamento señaladas por los servicios secretos antes de la guerra en Irak.

Sin embargo, en la línea de frente de la investigación, la atención está puesta en un pequeño número de lugares prioritarios y los resultados son decepcionantes, según los que participan en la misión.

Los investigadores han peinado laboratorios, plantas de fabricación de municiones, búnkers y destilerías, panaderías y fábricas de vacunas, archivos y agujeros en el suelo.

Con la partida de este equipo, la investigación continuará con otro llamado Grupo de Investigación Irak, que según la administración Bush será mayor. Pero lo cierto es que los organizadores están reduciendo el número de expertos en armas por falta de trabajo y añadiendo otro tipo de técnicos para otras misiones, señaló el diario.

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