EE.UU. se prepara como nunca para la visita de Francisco

Se puso en marcha un gigantesco operativo de seguridad; desde hace meses se están estudiando los movimientos del Papa, pero preocupa su espontaneidad
Silvia Pisani
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22 de septiembre de 2015  

WASHINGTON.- Hubo meses de ensayos con simulacros de emergencia y tiempos cronometrados en los que se midió, incluso, la velocidad a la que camina el papa Francisco.

De modo que cuando esta tarde llegue a esta ciudad para iniciar su visita a Estados Unidos, no sólo comenzará un cuidadoso juego de equilibrio político, sino el mayor operativo de seguridad del que se tenga memoria en esta ciudad.

Uno que, de por sí, no tiene precedente por la multiplicación de factores de riesgo y que, además, a los desvelos habituales de estos casos se suman el imprevisible carácter del Papa y su conocida tendencia a saltarse todo por la valla para estar en contacto con quienes se acerquen a verlo. "Hace meses que agentes del servicio secreto vienen conversando con la seguridad del Vaticano para intentar que los movimientos del Papa se ajusten lo más posible a lo que está previsto", dijo John Carson, uno de los voceros del masivo esquema.

No ha sido fácil. No sólo por tratarse de un visitante tan popular como famoso, por espontaneidad y por haber dicho que no teme a las consecuencias que eso pueda depararle.

Todo se ha previsto. Todo "menos lo que no sabemos que quiera hacer él", añadió el funcionario. Se podaron árboles para tener una visión clara, se plantaron otros para impedirla, se cerraron alcantarillas, se licenció a miles de empleados federales de oficinas céntricas y, como hongos tras la lluvia, la ciudad amaneció saturada de arcos de seguridad. Ésa será una de las principales características de la visita: no sólo se acotaron los desplazamientos en papamóvil, sino que nadie podrá acercarse sin haber pasado antes por arcos detectores de armas y metales.

"Con excepción de un paseo por la explanada al pie de la Casa Blanca, todos los actos en que participe el Papa requerirán la presentación de una entrada gratuita y del paso por arcos de seguridad", precisó Brianna Moore, una de las voceras del arzobispado.

Nadie oculta que entre las mayores inquietudes figura la eventual presencia de un "lobo solitario" que, camuflado en la multitud, intente generar una situación de emergencia. "Es una prueba de fuego para las tres ciudades", advertía ayer en su portada el influyente Washington Post, en referencia no sólo a esta capital, sino a Nueva York y Filadelfia, las escalas adonde llegará pasado mañana y el sábado, respectivamente.

Cientos de miles de personas se movilizarán por las tres ciudades. En Filadelfia, en ocasión del Congreso de la Familia, se espera a más de un millón. "El riesgo es enorme", advertían sus autoridades. "Nosotros no tenemos miedo a nada en particular", matizó, antes de partir, el jefe de la diplomacia vaticana, Pietro Parolín.

La escala aquí incluye una visita a la Casa Blanca, un inédito discurso en el Capitolio, una misa de canonización y un paseo en papamóvil. El paseo será a lo largo de avenida Constitución, el amplio paseo al pie del obelisco de esta ciudad.

En Nueva York las cosas se ponen todavía peor y sus autoridades admiten que "no hay precedente de una complicación similar". Ocurre que su presencia coincide con la asamblea de las Naciones Unidas (ONU), en la que también hablará Francisco. Si habitualmente la ciudad es un caos en su esfuerzo para proteger a más de un centenar de jefes de Estado, esta vez la presencia masiva de fieles en su intento de ver al Papa lo complica todo aún más. Ayer, delegados, diplomáticos y periodistas hacían colas de más de cuatro horas, todos por igual, para obtener la codiciada credencial. Todo parecía desbordado, con una demanda récord de acreditaciones.

"Estamos preparados y tranquilos. Todo saldrá bien", aseguró el alcalde, Bill de Blasio. A partir de pasado mañana, con Francisco en la ciudad, su gestión vivirá un día de prueba. "Uno de los problemas será lograr que los desplazamientos del Papa por la ciudad ocurran sin demoras", señaló John Miller, vocero de la policía.

Otro de los puntos es la comida y la limpieza de los lugares en los que permanecerá Francisco. "Miles de dólares se han gastado para cuidar al Papa de la humildad", señalaba ayer The New York Times.

Uno de los puntos más sensibles en su caso será la celebración ecuménica en la llamada Zona Cero de la ciudad, en el intrincado laberinto de calles angostas que rodea al monumento dedicado a las víctimas de los ataques terroristas de hace 14 años. Pero tanto esfuerzo y rigor sólo compiten con el entusiasmo de quienes lo esperan, buena parte de ellos católicos hispanohablantes, y en la ilusión que tienen de poder acercarse, pedirle una bendición o llevarle un regalo.

"Llevamos días preparando hostias", dijeron hermanas de la congregación de Santa Clara, en quienes recayó parte de la responsabilidad de un suministro no habituado a la demanda que se espera para estos días. Tanto que hasta los puestos de gaseosa del estadio Madison Square Garden, donde oficiará misa, se reciclaron como confesionarios.

En el otro extremo queda el ejercicio de equilibrio político al que se verán expuestos desde el presidente Barack Obama, que lo recibirá hoy al pie del avión, hasta los dirigentes que no coinciden con su línea de pensamiento. En el caso del presidente, porque si bien tiene afinidad con el Papa, cuidará toda exposición que pueda poner en duda su independencia de criterio. En el de quienes se le oponen, porque medirán el cruce con una figura de envidiable popularidad.

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