EE.UU. supervisará con un general la ayuda a Colombia

Responderá directamente al Comando Sur
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31 de agosto de 2000  

WASHINGTON.- Con una misión que revela la importancia que los Estados Unidos asignan a la dimensión militar del paquete de ayuda para Colombia, un general del Comando Sur se instalará en Bogotá para supervisar la ejecución de la estrategia para la lucha contra el narcotráfico.

El general de brigada Keith Martin Huber será el único militar norteamericano de su rango que tendrá un puesto permanente en un país de América latina, según la decisión del Pentágono que anticipó ayer el diario Miami Herald.

Raul Duany, vocero del Comando Sur que opera desde Miami, dijo que la designación aún no es oficial, pero trascendió que el general no llegará en reemplazo de ninguno de los agregados de las fuerzas armadas con destino en Colombia.

Como no formará parte de la embajada de los Estados Unidos, Huber no tendrá que reportar al Departamento de Estado, sino directamente al Comando Sur, que es el cuartel central para las operaciones en el Caribe y América latina.

En el mensaje a la población colombiana que grabó antes de aterrizar en Cartagena de Indias, Bill Clinton dijo que su gobierno no busca una solución militar en Colombia. Es una verdad parcial.

Casi el 80 por ciento de los 1300 millones de dólares que el Congreso aprobó para Colombia van a financiar la compra de 60 helicópteros y otros equipos para las fuerzas armadas, así como el entrenamiento de dos batallones antinarcóticos que emprenderán una ofensiva militar en el sur del país, donde el Estado perdió el control del territorio.

Demasiado débil

Como la guerrilla y los grupos paramilitares que obtienen gran parte de sus ingresos con la protección que brindan a los narcotraficantes controlan -según los Estados Unidos- el 40 por ciento del territorio, la lógica de la administración Clinton es que el presidente Andrés Pastrana es demasiado débil para negociar.

A las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) "lo único que las puede forzar a negociar seriamente la paz es la presión militar", dijo a La Nación un funcionario del Departamento de Estado.

La apuesta consiste en financiar una ofensiva que fortalezca al gobierno y genere las condiciones para una paz negociada, pero no está libre de riesgos para los Estados Unidos.

Con la premisa de que la policía ya no puede combatir el narcotráfico porque el conflicto fue militarizado por la relación entre los diversos grupos, la administración Clinton apuesta a las fuerzas armadas colombianas para que lleguen primero a despejar el terreno.

Comparaciones

La alianza con las fuerzas armadas colombianas, muy cuestionadas por su complicidad con los grupos paramilitares que violan en forma sistemática los derechos humanos, es la que genera la comparación con la experiencia de los Estados Unidos en la década de los 80 en América central.

En Colombia "no se trata de combatir a una guerrilla marxista", dijo una fuente diplomática para trazar diferencias, en ese aspecto, con el caso de El Salvador.

El Congreso aprobó la ayuda extraordinaria empujado, ante todo, por la amenaza que representan los narcos, que producen el 90 por ciento de las drogas que se consumen dentro de los Estados Unidos.

Aunque Clinton suele invocar una y otra vez como motivación la defensa de la democracia, y sugiere que la caída de Colombia podría generar gran inestabilidad en toda la región, "con ese argumento no habría sacado ni cinco centavos del Congreso", que está dominado por los republicanos, dijo el funcionario, que pidió no ser identificado.

Para luchar contra el narcotráfico, el Comando Sur, que es partidario de involucrar a las fuerzas armadas de la región, enviará un general a Bogotá, que tendrá, entre otras misiones, la supervisión del entrenamiento que recibirán en total 3000 militares colombianos.

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