EE.UU. y Cuba vuelven a acercarse y avanza el deshielo

Una reunión allanó el camino a la reanudación de los vínculos; podría concretarse antes de mediados de abril
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28 de febrero de 2015  

WASHINGTON.- El esperado cara a cara entre los representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, que se reunieron ayer por segunda vez desde el anuncio del deshielo a fines del año pasado, dio señales de avances, pero el acuerdo sobre la reanudación de las relaciones diplomáticas y la apertura de las embajadas -las metas de todos- sigue lejos y sujeto a exigencias de las dos partes.

El gobierno de Raúl Castro, que presionaba a Estados Unidos para que lo saque de su lista de países patrocinadores de terrorismo como condición para cualquier acuerdo, cedió en esa demanda clave y la hizo a un lado como criterio indeclinable para la reapertura diplomática entre los dos antiguos rivales de la Guerra Fría.

"Creo que podemos resolver esto a tiempo para la Cumbre de las Américas", el 10 y 11 de abril próximos, en Panamá, dijo la jefa de la diplomacia norteamericana para América latina, Roberta Jacobson, al cabo de la reunión que encabezó del lado del gobierno de Barack Obama.

"Algunos temas están cerca de resolverse, otros debemos consultarlos con nuestros superiores y algunos requieren de más discusión porque aún no están resueltos", agregó la funcionaria. Jacobson dijo que no se ha determinado si habrá una tercera ronda de conversaciones.

El optimismo de Jacobson tuvo su correlato en Josefina Vidal, directora de la sección para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano y al frente de la misión que envió el presidente Raúl Castro. "Me siento confiada en que en las próximas semanas veremos progreso", declaró.

Y parte de esa confianza vino de su propia flexibilidad en las negociaciones, en las que removió un importante escollo en el camino a una nueva era en las relaciones bilaterales.

"No hemos establecido enlaces entre la reapertura de embajadas y la eliminación [de Cuba] de la lista de patrocinadores de terrorismo de Estados Unidos -dijo Vidal-. Lo que hemos dicho es que es importante que este asunto se resuelva a lo largo del proceso de restablecer las relaciones."

"No es una condición, pero es importante resolverlo. Sería difícil explicar que restablecemos relaciones mientras Cuba permanece en esa lista", precisó la delegada de Castro.

Los delegados que se reunieron en la segunda ronda de negociaciones bilaterales, después de una primera cita el mes pasado en La Habana, acercaron posiciones "en un clima respetuoso" para la reapertura de las embajadas, había adelantado Juan Jacomino, responsable de prensa de la Oficina de Intereses de Cuba en los Estados Unidos.

La Habana y Washington, dijo Jacomino, "han acercado las posiciones sobre los aspectos a definir para el funcionamiento de las respectivas embajadas, una vez que se restablezcan (?) el clima es positivo, constructivo, respetuoso".

La idea de Obama es que en abril, a más tardar, se reabran las embajadas en las dos capitales. La posición de Washington es que los diplomáticos norteamericanos puedan moverse libremente por Cuba y reunirse con quien quieran, incluidos los disidentes políticos. Quiere garantías de que sus diplomáticos viajen, reciban o envían correspondencia y sobre el acceso de los ciudadanos cubanos a la misión estadounidense.

Los cubanos pretenden, en lo que hasta ayer parecía una condición innegociable, que Washington borre a Cuba de la lista de países que respaldan el terrorismo que elabora el Departamento de Estado, una breve pero nada honrosa nómina en la que comparte espacio con Irán, Sudán y Siria.

Cuba integra la lista de países patrocinadores del terrorismo desde 1982, en tiempos de la Guerra Fría, luego de años de apoyo sistemático a movimientos guerrilleros en América latina y África. En la actualidad, sigue en la nómina por su presunta acogida de miembros de la organización terrorista vasca ETA y de la guerrilla colombiana de las FARC, además de algunos fugitivos de la justicia estadounidense.

En la práctica, La Habana tiene prohibida la compra y exportación de armas, no puede recibir ayuda económica y tiene restricciones a las transacciones financieras.

Según el gobierno de Raúl Castro, no hay razones para permanecer en esa lista. Además, sostiene que no puede hacer operaciones bancarias y otros negocios en Estados Unidos, los que serían necesarios si se abriera la embajada.

Dos procesos

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, dijo ayer que la lista terrorista y la reapertura de embajadas son dos procesos diferentes, una postura que se impuso en la reunión entre Jacobson y Vidal, en Washington.

"Éstas son negociaciones normales relacionadas con el movimiento de diplomáticos, acceso, viajes, cosas diferentes, un proceso muy técnico. La designación como Estado patrocinador del terrorismo es un proceso separado, no una negociación", dijo Kerry.

El proceso de retirada requiere una notificación formal de Obama al Congreso, que tiene 45 días para estudiar la idea. Antes de esa notificación, dijo Kerry, Estados Unidos debe concluir que, "durante los últimos seis meses, el país en cuestión no se ha implicado en el apoyo, asistencia o complicidad de actos terroristas internacionales".

El Departamento de Estado, de hecho, está evaluando la permanencia o exclusión de Cuba en la lista negra y se encuentra cerca de completar su revisión.

La apuesta de las dos delegaciones es llegar con todo acordado para la Cumbre de las Américas de Panamá. Obama y Raúl Castro se encontrarán allí por primera vez desde que acordaron restaurar los lazos. Ambos países actualmente conducen sus negocios a través de secciones de intereses en La Habana y Washington.

Del editor: cómo sigue. El acuerdo de restablecimiento de relaciones parece más cerca que nunca. Pero para los cubanos, los beneficios de ese trato aún están muy lejos.

Agencias AP, EFE, ANSA y Reuters

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