El adiós a Helms, el "Senador No"

Por Mario Diament
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25 de agosto de 2001  

MIAMI.- En 1958, Eugene Burdick y William J. Lederer escribieron un best seller titulado "El Americano Feo", en el que describían las torpezas de un diplomático norteamericano en el sudeste asiático. El término pasó en adelante a simbolizar la arrogancia y la ineptitud de la política exterior norteamericana durante el período de la Guerra Fría.

Nadie pareció corporizar mejor esta figura que el senador de Carolina del Norte Jesse Helms, que el miércoles último anunció que se retirará del Congreso, tras treinta años de servicio, cuando finalice su actual mandato, en 2003. Helms tiene 79 años y ha padecido últimamente una serie de dolencias que lo obligan a movilizarse en una silla motorizada.

Durante quince años al frente de la poderosa Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Helms se las ingenió para agraviar a casi todo el mundo, desvergonzado en su racismo, su homofobia, su defensa de las dictaduras latinoamericanas y su amistad con algunos de los personajes más abyectos de la escena internacional, como Roberto D´Aubuisson y Luis García Meza, Raoul Cedras y Augusto Pinochet.

El "Senador No"

Recostado en la derecha más extrema del arco ideológico, Helms se ganó el sobrenombre de "Senador No" por su costumbre de bloquear iniciativas y designaciones.

Sus exabruptos respecto de los liberales, la prensa, el Departamento de Estado, Martin Luther King, la CIA, los árabes, los mexicanos, Panamá, China, las Naciones Unidas, la mayoría de sus colegas y el presidente Clinton, entre otros blancos, se han vuelto legendarios.

En 1995 obstruyó el nombramiento de 30 embajadores, paralizando él solo la operación del 15 por ciento del total de las representaciones diplomáticas norteamericanas en el exterior.

Su oposición a aprobar un tratado que prohibía el uso del gas nervioso y otras armas químicas, ratificado por 68 países, llevó al diario The Independent, de Londres, a escribir: "Cuando los historiadores del futuro comparen la decisión de Calígula de nombrar cónsul a su caballo y la elección de Jesse Helms como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, probablemente encuentren más razonable la actitud del emperador romano".

Ventajas de la veteranía

Helms llegó al Senado en 1973, el mismo día en que la Corte Suprema de Justicia legalizaba el aborto. Venía de Monroe, un pueblito en Carolina del Norte.

Su llegada a la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en 1986, no fue debida a su familiaridad con el tema internacional si no al mero principio de la veteranía, al que el Partido Republicano adhería rigurosamente. Desde allí, Helms protagonizó algunos de los momentos más vergonzosos de la historia legislativa norteamericana.

Defensor del tabaco y del apartheid, persuadido de la inferioridad racial de los negros y de la irredimible abominación de la homosexualidad, despreciativo de todo lo que sonase foráneo, renuente a que se le otorgue ayuda económica a los países necesitados, Helms pareció particularmente obsesionado por la posibilidad de que el comunismo se entroncase en América latina.

Helms fue el único miembro del Senado que defendió a la Argentina durante la Guerra de las Malvinas, pero sus razones tenían más que ver con su simpatía por los militares argentinos, a quienes asistió durante la planificación del golpe contra Isabel Perón, que con principios de derecho internacional.

Tras el anuncio de su retiro, muchos de sus antiguos rivales y algunos columnistas se han esforzado por juzgar sus tres décadas en la política bajo una luz benevolente y pintoresca. Según esta visión, Helms es el último exponente de un mundo que se eclipsa, el clásico caballero del Viejo Sur, atado a una concepción del mundo donde el racismo era voluntad divina, pero siempre gallardo y generoso.

Tal vez lo sea. Pero aunque Helms personalmente no haya matado ni una mosca, sus manos están manchadas de mucha sangre derramada con su apoyo y consentimiento.

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