El anuncio en latín que dejó a todos petrificados

El relato de la periodista de la agencia ANSA que fue la primera en difundir la noticia de la renuncia
Giovanna Chirri
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12 de febrero de 2013  

CIUDAD DEL VATICANO.– "Los he convocado a este Consistorio no solo para las tres canonizaciones, sino también para comunicarles una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia."

Benedicto XVI anunció en latín que dejará el pontificado el 28 de febrero. Habló con voz solemne y seria, el rostro algo cansado. Los cardenales y obispos lo escucharon en el más absoluto silencio.

Ayer era un día festivo en el Vaticano por el aniversario de los llamados Pactos Luteranos, razón por la cual había pocos periodistas en la sala de prensa para cubrir una noticia con poco appeal mediático.

El anuncio llegó después de unos 20 minutos de declaraciones en latín: primero habló el cardenal Angelo Amato, luego el mismo Papa, que en la lengua de la Iglesia fue marcando la fecha de los nuevos santos.

Había colegas italianos, mexicanos y franceses. De repente, toda la sala de prensa pareció quedar petrificada. En un latín límpido y fluido, el Papa pronunció las frases clave del anuncio: una declaración clara, pero que personalmente a muchos de los presentes no pareció ser cierta. Simplemente, no lo podíamos creer.

"Entendí mal", me decía al releer mis apuntes, tras haber traducido al italiano. Traté de mantener los nervios bajo control, pese a que las piernas me temblaban. Estaba frente a mi computadora, mientras seguía escuchando. Traté de verificar lo que había escuchado, pero mis fuentes no atendían el teléfono. Apenas terminó de hablar el Papa, el decano de los cardenales, Angelo Sodano, definió lo que había escuchado como "un relámpago en el cielo sereno".

"Vamos, lo escuchaste con tus propios oídos", me dije, poco antes de escribir la noticia, con una prioridad "B" (Boletín), según los códigos de las agencias de noticias. Annalisa, una de mis compañeras de la redacción, la elevó a "Flash", o sea, prioridad absoluta. Ella misma advirtió a la dirección de ANSA y la noticia fue transmitida.

Luego empecé a lagrimear, algo que los periodistas no hacemos. Siempre he tenido bien separado del trabajo mi fe en Dios y la admiración por el Papa, pero esta noticia fue demasiado.

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