El ciberespionaje también golpeó a las elites de Italia

Acusan a dos hermanos de robar 87 gigabytes de datos de políticos y empresarios
Elisabetta Piqué
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13 de enero de 2017  

ROMA.- El ciberespionaje también golpea a Italia. Con la colaboración de la Cyber Division del FBI, fue desmantelada el martes una red de hackers que desde hace cinco años espiaba correos electrónicos, cuentas, sitios personales e institucionales de decenas de personalidades del mundo de la política, las finanzas e, incluso, del Vaticano.

En un escándalo sin precedente, que dejó patente la vulnerabilidad absoluta del país en cuanto a informaciones reservadas y datos sensibles, entre los nombres hackeados figuran el ex premier Matteo Renzi; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el también ex primer ministro Mario Monti. Además, el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de Cultura de la Santa Sede; el ex comandante general de la Guardia de Finanzas Saverio Capolupo; los ministerios de Instrucción, Justicia, Interior, Relaciones Exteriores y Economía; legisladores; empresas; regiones, y centenares de sujetos más.

Los piratas informáticos habían logrado juntar una mole de información, con 87 gigabytes de datos y más de 18.000 usernames catalogados en 122 categorías (política, negocios, etcétera).

Al frente del inquietante ciberespionaje había una extraña pareja: dos hermanos, Giulio y Francesca Maria Occhionero, personajes conocidos en el mundo de las altas finanzas romanas. Giulio, ingeniero nuclear de 45 años y masón, y Francesca María, fanática del running, de 49 años, fueron arrestados el martes pasado al destaparse la red delictiva.

Acusados de acceso abusivo a sistemas informáticos, abastecimiento de noticias concernientes a la seguridad del Estado, interceptación ilícita de comunicación informática, desde la cárcel romana de Regina Coeli, los hermanos Occhionero -dueños de una empresa que asesoraba al gobierno estadounidense- se proclaman inocentes.

"No somos hackers, somos víctimas", claman, a través de sus abogados. Pero se niegan a colaborar con la justicia: rechazan revelar las passwords necesarias para acceder a sus computadoras personales.

Aunque lo preocupante es que aún no está claro cuál era el fin del ciberespionaje: ¿especulaciones financieras o maniobras conectadas a la masonería, ya que Giulio aspiraba a convertirse en "maestro venerable" de la Logia del Gran Oriente de Italia, a la que pertenecía con el número 773?

Con el nombre de Eye Pyramid, el mismo del malware (malicious software) utilizado para ingresar a correos, computadoras y demás sitios para "robar" datos, la investigación comenzó en marzo pasado, cuando un funcionario de seguridad del Ente Nacional de Asistencia de Vuelos recibió un e-mail sospechoso, que hizo analizar.

Se trataba de un virus que había sido enviado también a otros entes, en un ataque informático que luego condujo al dueño del mismo, Occhionero.

Servers norteamericanos

Los agentes de la policía informática identificaron también los canales telemáticos a través de los cuales las informaciones robadas viajaban hacia dos servers estadounidenses (en Utah y Minnesota), cayendo así en la cuenta de la dimensión y de la capacidad de penetración de la actividad de espionaje.

La red hasta había logrado ingresar en el celular de Renzi. Al respecto, en lo que significó un escándalo dentro del escándalo, si bien la policía informática descubrió semejante delito en octubre pasado, es decir, hace tres meses, su jefe, Roberto Di Legami, no alertó a nadie.

No le avisó ni al jefe de la policía, Franco Gabrielli, ni al gobierno, que había descubierto este grave ciberespionaje, sin siquiera aconsejar una sustitución inmediata del teléfono móvil de Renzi, un asunto de seguridad nacional.

Tras la flagrante omisión, y pese al extraordinario resultado de su investigación, el martes por la noche Gabrielli decidió remover "con efecto inmediato" a Di Legami, otra víctima del ciberespionaje.

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