El coraje de morir

Hace 60 años y mientras la "solución final del problema judío" llegaba a su máxima expresión, en el gueto de Varsovia un grupo de jóvenes encabezó un levantamiento en nombre de la dignidad humana
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1 de mayo de 2003  • 00:10

El destino estaba marcado. Los judíos sabían que les esperaba la muerte después de la degradación paulatina a la que fueron sometidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Sin armas, sin fuerzas, hambreados, y conscientes de la derrota segura, decidieron morir de otra manera: organizaron una sublevación en el gueto de Varsovia que impactó a la seguridad de la bestia nazi que no dudaba de su dominio sobre las víctimas y los mantuvo en vilo durante casi un mes.

Después de la invasión de Hitler a Polonia en 1939, cobran fuerza sus dos objetivos máximos: extender el poderío alemán creando un gran imperio y consolidar la raza aria eliminando toda amenaza de impureza.

En 1940 la radio polaca anunció que los judíos de Varsovia debían abandonar sus casas y pertenencias y concentrarse en un gueto cercado con alambre de púa electrificado, en lo que se suponía era la culminación de un proceso de prohibiciones, humillaciones, y diferentes muestras de sadismo. Sin embargo, éste era sólo el comienzo.

Vivir en el gueto

Más de 400.000 judíos fueron aislados en un cerco de cuatro kilómetros cuadrados al norte de la ciudad de Varsovia. El hacinamiento, el hambre y las enfermedades convirtieron la vida en una antesala de la muerte. Independientemente de las matanzas directas, que dependían del humor de los S.S. que caminaban por las calles, morían entre 100 y 150 personas por día, sembrando las calles del gueto con cadáveres que luego de ser recogidos en carretillas irían a parar a fosas comunes. La tasa de mortalidad aumentó veinte veces en relación con la de agosto de 1939.

La matanza sistemática organizada por el régimen no pretendió únicamente terminar de una vez con la vida de la gente. La maquinaria nazi se encargó de matar a cada persona durante mucho tiempo, muchas veces.

Prácticamente todas las actividades fueron prohibidas. La actividad social fue prohibida, la actividad cultural fue prohibida, la celebración del shabat, la oración de duelo, y todas las actividades religiosas fueron prohibidas, las actividades políticas fueron prohibidas, el estudio fue prohibido, los medios de comunicación fueron prohibidos. Los judíos, además, fueron obligados a entregar todas las radios y los pocos teléfonos que había fueron desconectados para imposibilitar todo tipo de comunicación con el exterior.

En nombre de la dignidad humana

Ante la inminencia de lo inevitable, y a pesar de la adversidad, los judíos del gueto de Varsovia, se organizaron para defender sus últimos rasgos de humanidad.

El profesor Abraham Huberman, licenciado en la Universidad Hebrea de Jerusalén, dice al respecto que hubo dos tipos de resistencia. "La primera resistencia fue sobrevivir. Que eso ya era realizar esfuerzos heroicos", afirma. Frente a la necesidad de adaptarse y sobrevivir, hasta los rabinos, que tienen la misión de mantener la liturgia a rajatabla, modificaron el dogma. Huberman cuenta que el rabino Nisseinboim se propuso reemplazar la oración del kidush ashem (santificación de Dios) por la de kidush ajaim (santificación de la vida). Decía que había que hacer todo lo posible para vivir. "Vivir significaba hacer todo lo que estaba prohibido por los alemanes. Era un acto de resistencia", dice Huberman. "Desde el contrabando de comida, hasta educar, rezar, hacer obras de teatro, realizar actividades políticas, todo esto, todavía sin armas, era la resistencia", afirma. "Lo que seguro no hubo fue resistencia pasiva", sostiene.

La otra resistencia: el levantamiento del gueto de Varsovia

El 19 de abril de 1943 estalló el levantamiento del gueto de Varsovia comandado por Mordejai Anilevich. Los recursos judíos, si bien demostraron creatividad y sobreesfuerzo, denotaban la más absoluta precariedad. "La resistencia polaca no quiso dar armas, por eso tuvieron que acudir a intermediarios que las contrabandeaban", afirma el profesor. Estas armas, además de ser carísimas, no podían ser probadas, por lo que fabricaron, en forma casera, granadas de mano y bombas molotov. La rebelión contó con un elemento que resultó fundamental para organizarse y concientizar a la población en el más absoluto silencio: la prensa clandestina.

El levantamiento fue finalmente sofocado el 16 de mayo. De los 55.000 judíos que quedaban en el gueto probablemente hayan matado a 10.000 durante el levantamiento y el resto fue enviado a los campos de concentración.

Relata Huberman que cuando estalló la rebelión, sobre las paredes del gueto, se levantaron banderas judías y polacas. En ese momento, Anilevich envió un comunicado a los polacos que decía: ´Por nuestra, vuestra libertad´.

"La libertad es indivisible. Los judíos no lucharon solamente por su vida. Y lo que los alemanes temían era que esto contagie. Por ello era tan importante reprimir el gueto".

"Fue la primera vez que en todo el territorio europeo bajo ocupación alemana hubo un levantamiento urbano de esa magnitud", afirma Huberman.

Esta lucha desigual -dice- tiene hoy un valor simbólico. Los alemanes no corrieron ningún riesgo. Su supremacía bélica era obvia. Sin embargo, el levantamiento fue una señal de heroísmo, de grandeza y de valentía, que dejó como legado el valor de la vida, a pesar de que la estrategia para lograrlo haya sido transitar el camino de la muerte.

Por Tamara Krell

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