El creciente ejército de fans del Papa

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11 de mayo de 2003  

ROMA (De nuestra corresponsal).- No pudo evitar la guerra en Irak, pero hizo lo imposible hasta el final para frenarla, algo que reforzó y profundizó su gran popularidad en todo el mundo. Aunque nadie discute la autoridad moral de Juan Pablo II -una extraordinaria figura espiritual, pero también política-, su titánico esfuerzo por conjurar una guerra que desde el principio consideró "injusta e inmoral" ha ampliado aún más el ejército de fans no católicos que tiene en el mundo.

A diferencia de Afganistán, esta vez su "no" a la guerra generó un consenso sin precedente en la Iglesia Católica. Compactos, todos los obispos del mundo -incluso los norteamericanos e ingleses- apoyaron sin medias tintas la postura del Papa. Una posición que incluso fue seguida por iglesias cristianas que no reconocen su autoridad, y fue elogiada por importantes líderes religiosos musulmanes, tanto chiitas como sunnitas.

Anciano y enfermo, el Papa utilizó todos los medios que tenía a disposición para prevenir un conflicto que siempre temió que pudiera ser visto como una cruzada de Occidente contra el islam. Usó la diplomacia vaticana, y envió misiones especiales a Bagdad, para ver a Saddam Hussein (el cardenal Roger Etchegaray), y a Washington, para entrevistarse con George W. Bush (el cardenal Pío Laghi), y recibió en audiencias privadas a varios líderes del mundo.

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