El creciente rechazo lo llevó a la elección más cuestionada

Rubén Guillemí
Rubén Guillemí LA NACION
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22 de octubre de 2019  

LA PAZ.- Hubo un tiempo en que Evo Morales arrasaba en las urnas con más del 54% y hasta el 64% de los votos porque simbolizaba todo lo que millones de bolivianos soñaron durante generaciones. Anteayer, las urnas confirmaron que la mayoría lo ve hoy como un reflejo de lo que quisieron desterrar en 2006: el autoritarismo, la corrupción y una clase política que solo piensa en cómo retener el poder. Su triunfo quedó envuelto por primera vez en el fantasma del fraude.

La famosa frase de Bill Clinton a George Bush padre "es la economía, estúpido" se podría aplicar hoy a Evo, pero en forma negativa cada vez que en sus discursos recuerda que el país crece a un ritmo de más del 4% desde hace 14 años, que redujo la pobreza a la mitad y que realizó una innumerable cantidad de obras de infraestructura que modificaron el paisaje del país.

"Las clases medias urbanas, con educación media y superior y alta, son las que le dieron el voto decisivo en las elecciones desde 2005 en adelante. Fue un proceso de enamoramiento, por su idea de luchar por la inclusión social de los indígenas y la redistribución de la riqueza. Pero esa misma clase media se desencantó por la corrupción y el despilfarro", dijo a LA NACION el analista político Carlos Cordero.

Para el politólogo, el gran punto de quiebre fue la decisión de Evo de desoír el mensaje de las urnas de febrero de 2016, cuando triunfó el no a la reelección. El presidente buscó la argucia legal de que se violaban sus "derechos humanos" y logró así que un Tribunal Constitucional adicto habilitara en 2017 su postulación. "Todo lo que hizo después de febrero de 2016, y lo que está haciendo ahora suspendiendo el escrutinio, es la conducta de un autócrata que no quiere entregar el poder", dijo Cordero.

La luna de miel con la clase media urbana se acabó hace rato y Evo no atina a encontrar el camino de regreso. Después de haber hablado la noche del domingo en el Palacio Quemado, donde festejó su "triunfo" e invitó a esperar el conteo de los votos de las zonas rurales, el presidente se sumió en el silencio, pese a las amenazas de cabildos abiertos y movilizaciones populares impulsadas por el candidato de centroizquierda Carlos Mesa.

"A esta altura no sabemos qué es lo que está pasando por la cabeza de Evo. Así como en 2016 se le ocurrió esta argucia legal de decir que su no reelección violaba sus derechos humanos, no sabemos si hará un desconocimiento de las elecciones del sábado o hasta si les pedirá a las Fuerzas Armadas que hagan un pronunciamiento contra las movilizaciones. Es impredecible", dijo Cordero.

Pero a cualquier medida autoritaria la espera un monstruo, que fue tierno en su infancia, pero que ahora se volvió ingobernable. Es el grupo social integrado por millones de bolivianos cuyos padres vivieron en la pobreza y gracias a las políticas del MAS hoy forman parte de la clase media, tienen estudios universitarios y constituyen el principal componente de los llamados "cabildos abiertos".

El último cabildo de La Paz, hace dos semanas, llegó a reunir a más de un millón de personas que advirtieron que desconocerían al próximo gobierno si había sospechas de fraude.

Los cabildos son una institución centenaria, con raíces en la cultura indígena, que se introdujo en la colonia y quedó como una forma de participación y organización ciudadana. Pero luego fueron perdiendo vigencia. Fue el propio Evo y el MAS quienes los revivieron al incorporarlos en la Constitución de 2009 como parte de la democracia participativa. "El MAS inventó el cadalso para su propia muerte", sentenció Cordero.

En la directiva colegiada del Comité de Defensa de la Democracia (Conade), que impulsó el cabildo abierto de La Paz, uno de sus líderes es precisamente el rector de la Universidad Mayor San Andrés, Waldo Albarracín.

La Conade y otras organizaciones lanzaron para mañana un nuevo cabildo abierto en varias ciudades capitales, y hablan de la posibilidad de una "resistencia civil".

Albarracín explicó a LA NACION el sentido de esa medida. "En cualquier país el Estado es el encargado de preservar el cumplimiento de la norma, y cuando el ciudadano la transgrede el Estado lo sanciona. Pero acá sucedió que el Estado transgredió la prohibición de reelección y ahora no está difundiendo los resultados del comicio. Y no podemos apelar a la Justicia porque todo está controlado por el gobierno. Por eso recurriremos a la resistencia civil, bloqueo de caminos, marchas y huelgas, hasta que el Estado cumpla con la norma", explicó el rector universitario.

Como hábil político, Evo siempre tiene guardado algún as bajo la manga, alguna medida que le permite ir sorteando conflictos. Pero esos recursos entraron en el terreno del autoritarismo, y la mayoría de los bolivianos el domingo dijo basta.

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