El debate sólo profundiza las dudas en España

Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera acentúan sus diferencias y no está claro cómo se superará la parálisis
Martín Rodríguez Yebra
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14 de junio de 2016  

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, ayer en el debate en televisión
Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, ayer en el debate en televisión Fuente: Reuters - Crédito: Juan Medina

MADRID.- Todos contra todos: los cuatro candidatos a gobernar España se enfrentaron anoche en un agrio debate televisado en el que no dejaron puertas abiertas para el pacto que sin remedio deberán alcanzar si quieren terminar con seis meses de parálisis política después de los comicios del próximo domingo 26.

Lo primero que prometieron el presidente en funciones Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Unidos Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos) es que harían todo lo posible para evitar otro fracaso que lleve a unas insólitas terceras elecciones. Pero al cabo de dos horas de reproches personales y diagnósticos contradictorios de la crisis que atraviesa el país no quedó claro de qué manera podrá superarse la fragmentación extrema que vaticinan todas las encuestas.

"La forma de salir de esta situación es que nos comprometamos a dejar gobernar a la lista más votada", dijo Rajoy, favorito a quedar otra vez primero con alrededor del 30% de los votos, como ocurrió el 20 de diciembre; una cifra insuficiente para formar gobierno en solitario.

A la luz del histórico debate a cuatro de ayer -el único que habrá en la campaña-, el líder conservador cargará con la cruz de la falta de aliados que ya malogró su triunfo de hace medio año y que derivó en esta repetición electoral. Rivera, Sánchez e Iglesias se mostraron lapidarios con su gestión, lo acusaron de ser tolerante con la corrupción y le pidieron que diera un paso al costado.

"Estos señores están todo el día hablando de mí. No tienen experiencia: acá no se viene a hacer prácticas; al gobierno se viene aprendido. No hay más solución que mantener una política que ha sacado a España de la crisis económica", respondió Rajoy. El presidente adormeció a sus rivales con datos en la confrontación sobre la economía, pero se lo vio incómodo en el capítulo sobre la regeneración institucional.

El socialista Sánchez lo atacó con el caso Bárcenas -sobre el financiamiento ilegal del PP- y le dijo: "Usted debió haber dimitido". El liberal Rivera se sumó: "Le pido una reflexión. Usted puede seguir pensando que el sillón está por encima de España. La nueva etapa requiere otros liderazgos, si no el populismo va a seguir creciendo peligrosamente". Aludió así, de costado, a Iglesias, el otro gran protagonista de la campaña a partir de la coalición sellada entre su partido, Podemos, e Izquierda Unida, que los sondeos colocan ahora en segundo lugar de cara al 26 de este mes.

Iglesias fue al debate a enfrentarse con Rajoy y a mostrarse como "la única alternativa a la derecha, al ajuste y a las políticas de austeridad". Sánchez lo interrumpió para enrostrarle que hubiera impedido un gobierno progresista en marzo, cuando él se presentó ante el Congreso a pedir la confianza de la mayoría. "El enemigo no soy yo; es Rajoy, Pedro", le respondió Iglesias. "Nuestra intención es formar una coalición progresista con el Partido Socialista. Pedro, tendrás que elegir entre nosotros y el PP", insistió el líder de Podemos. "Me emocionas, Pablo", retrucó Sánchez.

El socialista evitó responder qué haría en caso de quedar tercero. Es la gran duda hoy de la política española: si el tradicional PSOE pierde la hegemonía de la izquierda, caerá en la dramática disyuntiva entre facilitar un gobierno presidido por Iglesias o abstenerse para que los conservadores sigan en el poder. Queda la campaña por delante, con 32% de indecisos según la última medición del estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

"Lo que tenemos claro es que el señor Rajoy no tiene aliados y no hay manera de que pueda gobernar después del 26 de junio", dijo Sánchez.

El presidente en funciones le respondió con ironía: "El que va tercero en las encuestas dice que estoy incapacitado para gobernar. Ya me dirá qué concepto tiene de la aritmética". Pero no dio mayores pistas de cómo piensa salir del aislamiento: "Propondré otra vez una gran coalición entre fuerzas moderadas y sensatas".

Rivera, que en febrero firmó un pacto fallido con Sánchez, dijo que podría acordar con el PP, aunque sugirió que pediría que no sea Rajoy el presidente. Nada garantiza que su partido -cuarto en los sondeos- tenga fuerza suficiente para influir en la formación del gobierno.

Con su formato rígido y la poca vocación de riesgo de sus protagonistas, el esperado debate terminó a tono con la dinámica reciente de la política española: con muchos discursos y ningún ganador claro.

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