El déficit vence a Terminator

Por Mario Diament
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30 de mayo de 2009  

MIAMI- Por lo visto, ni siquiera Terminator puede someter el déficit fiscal de California.

El pasado 19 de mayo, los votantes propinaron lo que, según muchos, fue el tiro de gracia a las esperanzas de Arnold Schwarzenegger de contener la debacle económica del mayor estado de la nación y salvar su futuro político.

Ese día el 60% del electorado rechazó cinco de las seis propuestas presupuestarias sometidas por el gobernador a referéndum. La única que pasó por amplia mayoría fue la que bloqueaba aumentos salariales a los funcionarios estatales.

La derrota también marca el fin del romance de California con Schwarzenegger, quien llegó al poder en 2003 como un outsider , después de que los californianos expulsaran al gobernador Gary Davis, a quien responsabilizaban de la crisis económica y energética.

A primera vista, Schwarzenegger no parecía el candidato más indicado para encauzar las finanzas del estado, pero California es, después de todo, el asiento de Hollywood y la máquina de los sueños, y quién mejor que Terminator para deshacer el entuerto y poner coto al imperio de los politiqueros de Sacramento.

Por un buen tiempo, las cosas parecieron andar bien y el antiguo Mr. Olimpia hasta se permitió jugar con la idea de aspirar a una banca en el Senado y quizás, a la presidencia, si se reformaba la Constitución.

Sufrió un serio traspié en 2005, cuando trató de desafiar a los sindicatos estatales y fracasó bochornosamente. Pero tratándose del hombre que declaró "la diferencia entre un campeón y quien no lo es consiste en tener el coraje de superar la barrera del dolor", se levantó como en sus películas, se recompuso y siguió adelante.

Pero no es lo que pasa esta vez. La crisis fiscal del estado es más profunda de lo que era cuando asumió, el déficit presupuestario es de 21.000 millones de dólares y la gente le ha perdido la paciencia.

Las últimas encuestas colocan su popularidad en el orden del 34%, no exactamente un gran aliento para un gobernador asediado. Al respecto, el analista político John Pitney le dijo al Christian Science Monitor : "El gobierno de Arnold empezó como una película de acción y terminó como una de catástrofe".

La cruel verdad es que California, a pesar de sus espectaculares paisajes, las estrellas de cine, los extensos viñedos y los Rolls y Lamborghini apilados en los garajes de Beverly Hills, es virtualmente ingobernable. Con una población de 37 millones de habitantes y la novena economía del mundo, puede pasar de la opulencia a la bancarrota con facilidad.

Hace 16 meses, desbordaba de recursos, pero la recesión la golpeó. La crisis hipotecaria ha sido más grave allí que en el resto del país y la desocupación llega al 11%.

La razón de su inestabilidad reside en el poderoso chaleco que aprieta su sistema presupuestario e impositivo, que tiene el poder de paralizar cualquier iniciativa, especialmente cuando la urgencia demanda flexibilidad.

El origen de gran parte de los males del estado reside en la famosa Proposición 13, votada en 1978, durante lo que se dio en llamar "la rebelión impositiva". Esta enmienda establece rigurosos límites a las posibilidades del gobierno de gravar la propiedad y, como consecuencia, lo fuerza a depender para sus recursos del impuesto a las rentas.

Y como es fácil comprender, cuando la recesión sube, las rentas bajan y, por ende, la recaudación fiscal.

Más grave aún, la Proposición 13 establece que cualquier aumento impositivo sólo podrá aprobarse con el voto de dos tercios de ambas cámaras de la Legislatura, lo que asigna un peso desproporcionado al partido minoritario y obstaculiza permanentemente cualquier iniciativa. Este mismo requisito vale para la aprobación del presupuesto.

Esto no significa que Schwarzenegger no sea responsable de sus propios males. Como días atrás lo explicó Los Angeles Times, proclamó que rescataría a Sacramento de los politiqueros, pero terminó convirtiéndose en uno de ellos.

Algunos analistas sospechan que a los 61 años, Schwarzenegger puede estar sufriendo una depresión, o que su capacidad de superar la barrera del dolor ha declinado. Señalan, entre otras evidencias, que la derrota que sus propuestas sufrieron en las urnas el martes 19 se debió a que la gente no entendió de qué trataban y a que el gobernador no se tomó el trabajo de salir a explicarlas.

Con 18 meses que le restan aún de mandato, son muy pocos los que creen que podrá levantarse una vez más, sacudirse el polvo, y seguir adelante. Esta vez, el final feliz no parece estar en el libreto.

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