El desafío de recibir el Nobel de la Paz en tiempos de guerra

Ben Feller Agencia AP
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9 de diciembre de 2009  

WASHINGTON.- Es el ganador del Premio Nobel de la Paz que acaba de ordenar que el envío de otros 30.000 soldados a la guerra en Afganistán y que sigue intentando concretar el retiro las tropas de Irak, donde ayer murieron 127 personas. Es el laureado que dice que no merece el galardón. No han pasado aún 11 meses desde que asumió y ya está en compañía de la Madre Teresa y el Dalai Lama.

Hoy, cuando Obama viaje a Oslo para ser galardonado por su estilo de diplomacia internacional, lo hará sabiendo que el pueblo estadounidense está más preocupado por otra cosa: su propia paz mental.

La crisis económica ha dejado a millones de estadounidenses muy golpeados. En el país reina el desaliento y resulta muy difícil encontrar alguna noticia tranquilizadora. El desempleo alcanza los dos dígitos y no hay manera de ocultar el contraste entre la guerra y la paz.

Hace apenas unos días, Obama pronunció un discurso en la Academia Militar de West Point, donde les anunció a los cadetes y al resto del mundo que enviaría más tropas a Afganistán, en el inicio de una escalada en la guerra para poder iniciar la retirada a partir de 2011. Bajo su mandato, el número de militares estadounidenses allí creció desde 34.000 hasta alrededor de 70.000, y ahora aumentarán a 100.000.

Este es el telón de fondo que el mundo está a punto de ver: la de un presidente estadounidense aclamado en nombre de la paz, galardonado con una ilustre condecoración Nobel, celebrado con una procesión iluminada por antorchas y agasajado por un banquete de cinco platos.

Nunca en los 108 años de historia de los premios más prestigiosos del mundo se le ha concedido un Nobel a un jefe de Estado con tan poco tiempo en su cargo.

La reacción en Estados Unidos podría ser complicada. En octubre, poco después del anuncio del premio concedido a Obama, una encuesta de Gallup reveló que 61 por ciento de los estadounidenses no creían que lo mereciera. Tal vez este podría ser un momento de verdadero orgullo para Estados Unidos, pero la reacción de la Casa Blanca se ha caracterizado por la reserva. Obama irá a Oslo y volverá en un día. No es coincidencia que su agenda antes del viaje esté atiborrada de tareas para demostrar que el presidente está concentrado en la realidad económica.

En cuanto al premio, Obama dice que en realidad no es a él a quien se lo entregan. Hace ocho semanas, cuando la noticia sorprendió al mundo, Obama dijo que el galardón era una afirmación del liderazgo estadounidense "en nombre de las aspiraciones de los pueblos de todas las naciones". Dijo que lo consideraba un llamado a la acción para que todos los países enfrentaran juntos los grandes retos inminentes.

Pero el comité del Nobel dice que el premio es para Obama. La reacción fue tan intensa -gozosa, crítica, perpleja- que los miembros del comité rompieron su usual silencio para defender su elección unánime. "Alfred Nobel escribió que el premio debería concederse a la persona que ha hecho la mayor contribución al desarrollo de la paz durante el año anterior", dijo el presidente del comité, Thorbjorn Jagland. "¿Y quién ha hecho más por la paz que Barack Obama?"

Al elegir a Obama, el comité mencionó su trabajo en favor de lograr un mundo libre de armas nucleares, su esfuerzo por conseguir un mayor compromiso de Estados Unidos en la lucha contra el calentamiento global y el hecho de que hubiera concitado la atención del mundo, dándole "esperanza" a la gente.

Unos 12 días

Obama había estado en su cargo apenas 12 días cuando se cumplió el plazo establecido para las nominaciones de este año. Había ocupado la presidencia de Estados Unidos durante menos de nueve meses cuando fue laureado con el Nobel.

Con tantos problemas heredados y aún lejos de ser resueltos (negociaciones nucleares en punto muerto en Irán y Corea del Norte, conflictos en Medio Oriente, un complejo acuerdo mundial sobre el cambio climático) muchos observadores ansiosos por ver progresos tangibles se quedaron atónitos. Obama lo expresó de esta manera: "No lo considero un reconocimiento de mis propios logros".

Desde que se estableció la tradición del premio Nobel en 1901, se han concedido 90 premios Nobel de la Paz. Muchos receptores han sido distinguidos líderes de la paz o grupos no demasiado conocidos. Algunos ganadores han puesto fin a conflictos, cambiado el punto de vista de muchas personas y han sido venerados por su valor y su capacidad de cambiar las cosas, como Nelson Mandela y Martin Luther King Jr.

En esta época, los presidentes estadounidenses suelen honrar a los ganadores del Nobel, no convertirse ellos en laureados. Han transcurrido 90 años desde que un presidente estadounidense en ejercicio, Woodrow Wilson, consiguió ese galardón en 1919. Theodore Roosevelt fue el único otro presidente estadounidense en ejercicio que ganó el Premio Nobel de la Paz, en 1906.

Sin embargo, en esta década, el ex presidente Jimmy Carter en 2002, el ex vicepresidente Al Gore en 2007, y ahora Obama -todos ellos demócratas- han ganado el premio por sus diversos esfuerzos. Cuando el comité dijo que Obama había ganado el Nobel por crear "un nuevo clima en la política internacional", esa declaración fue considerada como un ataque del comité del Nobel contra el ex presidente estadounidense George W. Bush, un republicano.

Mañana, cuando acepte el galardón, tendrá la oportunidad de decirle al mundo lo que el premio significa para él. En una época de guerra y recesión.

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