El diálogo entre Merkel y Tsipras logra pocos avances

Se mostraron juntos y conciliadores, aunque no detallaron las reformas que Europa le exige a Atenas
Se mostraron juntos y conciliadores, aunque no detallaron las reformas que Europa le exige a Atenas
Luisa Corradini
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24 de marzo de 2015  

PARÍS.- Es una carrera contra reloj, pero todo el mundo actúa como si tuviera todo el tiempo por delante. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, y la canciller alemana, Angela Merkel, sentaron ayer las bases para que Europa desbloquee los créditos en suspenso a fin de evitar que el nuevo gobierno de Grecia entre en default.

En su primera visita a Berlín desde que llegó al poder, hace dos meses, el líder del gobierno griego de izquierda radical coincidió con Merkel en "superar los estereotipos" que emponzoñaron las relaciones europeas desde que estalló la crisis del euro. Ambos dirigentes usaron la misma fórmula. Pero con extrema prudencia para no herir susceptibilidades, cada uno dejó en claro su posición.

Todo el mundo sabía el significado de esos eufemismos. Los alemanes perciben a los griegos como "holgazanes". En sentido inverso, algunos griegos identifican a los alemanes con el nazismo.

Esos prejuicios fueron sintetizados por la revista alemana Der Spiegel. En su última edición, el semanario publicó en portada un montaje que muestra a Merkel en la Acrópolis de Atenas rodeada por oficiales nazis.

Es una imagen "extremadamente injusta para la canciller y Alemania", comentó Tsipras.

Merkel respondió a esa cortesía: "Queremos una Grecia económicamente fuerte. También queremos que crezca y, sobre todo, que pueda reabsorber el desempleo juvenil". Después de esa piadosa expresión de deseos, aclaró: "Creo que estamos todos de acuerdo en que para eso hacen falta reformas estructurales y una administración eficaz".

Tsipras respondió al afirmar que su país respetará los acuerdos y tratados europeos, pero "con determinadas prioridades", y reiteró su intención de gobernar en "favor de la cohesión social".

Después de reconocer que ambos países debían "comprenderse mejor" y que estaban "condenados a dialogar", Tsipras reafirmó su oposición a las políticas de austeridad aplicadas en Europa y expuso su concepción de lo que debían ser las reformas, pero abrió una puerta a la negociación. "No queremos destruir lo positivo logrado en estos años, pero es necesario encontrar un nuevo dosaje político para resolver los problemas", dijo.

Las principales reformas que necesita su país son "la lucha contra el fraude fiscal y la lucha contra la corrupción". Entre otras demandas concretas a Alemania, destacó su apuesta por la cooperación judicial en la lucha contra la corrupción, y citó el caso de la empresa Siemens, así como la necesidad de trabajar juntos para acordar a Grecia una reparación por la ocupación nazi. "Se trata -señaló- de una cuestión ética y moral."

El viaje de Tsipras a Berlín constituye un esfuerzo desesperado para lograr que el denominado "grupo de Bruselas" -la ex troika- desbloquee el último tramo de 7200 millones de dólares previsto en la prolongación de la ayuda financiera resuelta el 20 de febrero por los europeos.

En una carta enviada a los gobiernos de la eurozona el 15 de marzo, revelada ayer por el diario Financial Times, el gobierno de Atenas reconoce que, si no recibe fondos a corto plazo, no tendrá recursos para asegurar el servicio de la deuda en las próximas semanas. Sin decirlo en forma abierta, esa misiva da a entender que sin ayuda y sin cooperación de Europa su gobierno puede verse arrastrado por las circunstancias a declarar el default.

Esa situación desesperada fue la razón que indujo la semana pasada al "grupo de Bruselas" a poner a disposición de Atenas 2000 millones de dólares de un fondo especial. A cambio, Grecia se comprometió a presentar una lista detallada y cifrada de las reformas que se propone emprender a corto plazo.

La entrevista con Merkel representaba para Tsipras la última oportunidad de convencer a la canciller alemana de que está decidido a mantener a Grecia en la eurozona.

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