El dilema que complica las conversaciones entre EE.UU. e Irán: ambos bandos exigen una victoria
Aunque ambas potencias buscan un acuerdo para poner fin a la guerra y aliviar la presión económica, hay distintos factores que mantienen las negociaciones en un delicado equilibrio
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EL CAIRO.– Durante semanas, los parámetros de un acuerdo preliminar para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán han estado claros para sus negociadores. ¿El problema? Cómo diseñar un pacto que permita a cada parte proclamar una victoria.
Washington e Irán —ninguno completamente victorioso ni totalmente derrotado en la guerra— desean con urgencia alcanzar un acuerdo. Pero también necesitan algo que puedan presentar como favorable ante los halcones y sectores más duros de sus respectivos países.
A esta disputa fundamental se suman las particularidades de los líderes de ambas naciones. Uno permanece oculto y tarda en aprobar cualquier propuesta; el otro es tan impredecible que incluso sus propios enviados tienen dificultades para negociar en su nombre.
Los intentos fallidos de encontrar esa alquimia en la redacción han dejado a ambas partes atrapadas en un estado que no es ni guerra ni paz. También han mantenido a la economía mundial en suspenso, mientras los dos países continúan con sus bloqueos en el estratégico estrecho de Ormuz.
Cuanto más persista esta incertidumbre, advierten los mediadores, mayor será el riesgo de que todo el proceso de paz descarrile. La fragilidad de la situación quedó nuevamente expuesta el lunes, cuando Israel e Irán intercambiaron ataques por primera vez desde el alto el fuego de abril, llevando a Oriente Medio nuevamente al borde de una guerra total antes de que ambos países retrocedieran.
Cualquier marco para un acuerdo de paz probablemente requerirá que Irán permita nuevamente el tránsito marítimo normal por el estrecho y que Estados Unidos suspenda su bloqueo a los buques iraníes.
También es probable que incluya el compromiso de celebrar una segunda fase de negociaciones que concluya con la entrega por parte de Irán de sus reservas de uranio altamente enriquecido y, a cambio, una flexibilización de las sanciones económicas estadounidenses.
Además, se espera ampliamente que cualquier acuerdo desbloquee parte de los activos iraníes congelados, un punto que podría resultar especialmente problemático para el presidente Donald Trump.
El dilema radica en cómo secuenciar los términos, explicó Sanam Vakil, directora del programa para Oriente Medio y el Norte de África de Chatham House.
“Estados Unidos quiere obtener todo sin conceder demasiado al principio”, dijo. “Y los iraníes quieren recibir concesiones desde el comienzo e ir entregando cosas a medida que avanza el proceso”.
De un lado de la ecuación está el líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, que continúa oculto por temor a ser atacado como lo fue su padre, el exlíder supremo ayatolá Ali Khamenei, muerto en ataques estadounidenses e israelíes durante las primeras fases de la guerra.
Mediadores entrevistados para este artículo —que, al igual que otros funcionarios, pidieron anonimato para hablar abiertamente sobre asuntos diplomáticos delicados— señalaron que responder a modificaciones en el borrador llevaba días debido al sistema de mensajeros utilizado para comunicarse con él.
Así como Trump enfrenta a los sectores más duros respecto de Irán dentro de Estados Unidos, el joven Khamenei necesita asegurarse de que el acuerdo no provoque la ira de sus propios radicales, especialmente de los altos mandos de la Guardia Revolucionaria.
Ellos sostienen que Irán, gracias a su nueva capacidad para cerrar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, no debería ceder nada ante un país que mató a muchos de sus principales líderes.
Convencidos de que Washington volverá a atacar inevitablemente a Irán, impulsan la clase de postura agresiva que derivó esta semana en los ataques iraníes contra Israel.
Luego está Trump, de temperamento volátil, frustrado por no poder hablar directamente con Khamenei e impaciente con el estilo de negociación iraní, que considera excesivamente lento.
Según dos mediadores y un funcionario con conocimiento directo de las conversaciones, el presidente ha revertido repetidamente condiciones previamente acordadas por sus principales negociadores, una dinámica que comenzó ya en la primera ronda de conversaciones tras el alto el fuego alcanzado en Pakistán en abril.
Durante esas negociaciones, afirmaron, los enviados de Trump —el magnate inmobiliario Steve Witkoff y el vicepresidente JD Vance— informaron a los iraníes que el presidente aceptaría un acuerdo en el que Irán suspendiera su programa de enriquecimiento nuclear durante diez años.
Funcionarios iraníes sostuvieron que aceptaron aquella propuesta inicial y quedaron sorprendidos cuando Trump posteriormente exigió una suspensión de veinte años. Según los mediadores, esa fue una de las razones principales por las que aquellas conversaciones fracasaron.
En la ronda más reciente de negociaciones, algunos mediadores y funcionarios iraníes señalaron que, mientras ambas partes esperaban durante días una respuesta de Khamenei al último borrador, Trump añadió nuevas condiciones relacionadas con el programa nuclear iraní y los activos congelados.
La medida enfureció a los funcionarios iraníes, que la interpretaron como una confirmación de su desconfianza hacia Trump.
La naturaleza caótica de las conversaciones tampoco ha ayudado.
Como Irán sigue negándose a mantener negociaciones directas con Washington, distintos países —actualmente Pakistán y Qatar— deben actuar como intermediarios. En ocasiones, señalaron analistas, circula más de un documento al mismo tiempo y solo unas pocas personas en los niveles más altos saben cuál es realmente el borrador vigente.

A pesar de los avances y retrocesos, la mayoría de los analistas cree que algún tipo de acuerdo preliminar —probablemente temporal y ambiguo— surgirá en las próximas semanas. “No porque alguien realmente lo desee”, dijo Vakil, “sino porque ambas partes lo necesitan”.
Irán, que ya sufría una inflación descontrolada y el colapso de su moneda incluso antes de la guerra, se hunde cada vez más en una crisis económica devastadora.
Trump, por su parte, debe afrontar las crecientes turbulencias de la economía global mientras su partido encara elecciones legislativas de medio término este otoño boreal en un contexto de precios elevados de los combustibles.
Durante una llamada telefónica el lunes, Trump le dijo al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que Estados Unidos e Irán estaban a pocos días de lograr un avance decisivo en las conversaciones para un acuerdo nuclear de largo plazo, según múltiples funcionarios familiarizados con la comunicación.
Incluso si se alcanza un acuerdo inicial, la probabilidad de que conduzca a un pacto nuclear definitivo y amplio es mucho menor, advirtió Vakil.
Consciente de las escasas posibilidades de alcanzar un acuerdo final, Irán insiste en el desbloqueo de decenas de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en la región, una condición que, según mediadores y funcionarios iraníes, los negociadores estadounidenses aceptaron inicialmente.
Sin embargo, este punto se ha convertido en un problema particularmente delicado para Trump, que está obsesionado con evitar cualquier apariencia de debilidad y que fue un crítico vehemente de las administraciones de Barack Obama y Joe Biden por liberar miles de millones de dólares en activos iraníes congelados, aparentemente a cambio de la liberación de ciudadanos estadounidenses.
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