El duro impacto emocional de vivir de tragedia en tragedia

La depresión embarga a muchos de los afectados por el desastre
La depresión embarga a muchos de los afectados por el desastre
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24 de septiembre de 2005  

GULFPORT, Mississippi.- Tom Leynes era un carpintero de 49 años que tenía un departamento a una cuadra de la playa. Lo que se dice "un tipo feliz".

Leynes vive ahora en una carpa pequeña, llena de moscas. Barbudo y demacrado, usa todos los días las mismas bermudas estampadas de camuflaje militar y tiene la mirada casi perdida. Está tratando de combatir una depresión cada vez más intensa con latas de cerveza y Valium, y algunos días apenas puede coordinar palabra.

Pero ni los sedantes ni el paso del tiempo lo ayudan. Se le hace cada vez más difícil dormir, sonreír y no llorar al recordar el momento en que descubrió los cadáveres tomados de la mano de dos niñas pequeñas. "Me estoy volviendo loco", dijo.

Pasó casi un mes desde que el huracán Katrina arruinó la vida de miles de personas. Y muchos de los sobrevivientes ven que les cuesta más vivir ahora que inmediatamente después de la tormenta.

"La gente se está dando cuenta de que no fue como en el caso de un tormado, a partir del cual las cosas se podrían reconstruir y la vida se podría rehacer. La vida no será igual. De manera que hay cierta desesperanza que da paso gradualmente a la depresión", señaló Dorothy Dickson-Rishel, psicóloga del Hospital Memorial de Gulfport.

Dickson-Rishel comentó que en estos días tanto ella como sus colegas oyeron cada vez más casos de insomnio, angustia e incluso violencia familiar. "Y se trata de gente sin antecedentes de violencia en el hogar", agregó.

Y además, las lágrimas. Muchas personas, incluso las que parecen estar animadas, comienzan a llorar cuando se les pregunta sobre su rutina diaria, o por su hogar, o por parientes que fueron obligados a buscar refugio a kilómetros de distancia. Los especialistas indican que es el mismo fenómeno que se produce después de atentados terroristas, hogares incendiados, accidentes de automóvil y otros hechos traumáticos.

"A medida que las cosas se aquietan un poco y desaparece la amenaza inmediata, se comienza a elaborar lo que realmente sucedió", expresó el doctor Israel Liberzon, profesor de psiquiatría de la Universidad de Michigan.

Ya desapareció la descarga de adrenalina que sobrevino con la desesperación por salvarse del huracán, y también gran parte de la solidaridad que ayudó a la gente a afrontar las precarias condiciones inmediatamente después del huracán. La aventura terminó, pero la vida no volvió a la normalidad.

Gente que perdió su hogar lleva varias semanas viviendo con parientes o amigos, y ya tolera menos la situación. Incluso las personas que conservaron su hogar se ven afectadas por no poder volver a sus cómodas rutinas.

"Uno no sabe adónde están los amigos. Los chicos no van a la escuela. Hasta es distinta la manera en que mucha gente maneja cuando va al trabajo. ¡Cuántas cosas cambiaron!", se lamentó Julie Bosley, que trabaja en el Centro Médico Garden Park, de Gulfport.

La inundación causada por el huracán Katrina obligó a Robert Bryant, de 69 años, a mantenerse a flote durante tres horas dentro de su casa, agarrado de un sillón en el que estaban sentados cuatro perros. Bryant dijo que hasta ese momento había logrado evitar la depresión trabajando sin cesar en la limpieza de sus propiedades. Sin embargo, señaló que su esposa, Michelle, que no permaneció en la casa durante la tormenta, debió someterse a un tratamiento psiquiátrico.

James Rusch, psiquiatra de Gulfport, también se considera afortunado. Su casa está intacta y su familia, a salvo. Pero mientras se refería a su actual vida diaria, los ojos se le humedecían. "Es como si uno cargara un gran peso sobre los hombros. La fatiga emocional desgastó a todos", dijo. "Y a esto se suma -prosiguió- el inminente embate del huracán Rita, con la consecuente angustia que la gente ya siente."

Para muchos, el insomnio, los arranques de ira y los llantos repentinos representan una reacción normal para afrontar los trastornos provocados por un desastre natural. "Esos síntomas pronto desaparecerán", pronosticó Liberzon. "Sin embargo, si persisten hasta fines de octubre o más allá, es posible que algunos estén padeciendo estrés postraumático, trastorno que puede producirse después de un hecho que amenace la vida de una persona. Pero puede ser tratado con remedios y terapia", agregó esperanzado.

Traducción: Luis Hugo Pressenda

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