El escalofriante retorno de McCarthy

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10 de mayo de 2003  

MIAMI.- El Senado de Estados Unidos hizo público el lunes un paquete de transcripciones de sesiones privadas conducidas por el tristemente célebre senador Joseph McCarthy, entre 1953 y 1954, poniendo así fin a 50 años de secreto.

McCarthy, republicano, fue la figura más visible de una perversa caza de brujas desatada durante del gobierno de Dwight Eisenhower, con el supuesto propósito de exponer la infiltración comunista en todos los niveles de la vida norteamericana.

Cuando su cruzada finalmente cesó, en medio del más absoluto descrédito y una censura formal a McCarthy en el Congreso, miles de vidas habían sido arruinadas por efecto de las nefastas "listas negras", cuyas secuelas han impregnado la conciencia de muchos norteamericanos hasta nuestros días.

Nada demasiado nuevo o revelador surgió de su contenido, pero su difusión sirvió para refrescar la memoria sobre los peligros de una sociedad que cercena libertades con el pretexto de defender la democracia.

Por extraordinaria coincidencia, en la misma semana, la Unión de Libertades Civiles Americanas (ACLU) publicó su informe "La libertad bajo fuego", donde analiza la represión desatada por la administración Bush para silenciar toda forma de oposición y disenso a partir del 11 de septiembre del 2001.

Su lectura constituye un escalofriante déjˆ vu , una turbadora advertencia de que la intolerancia no es patrimonio de nadie, ni existen sociedades inoculadas contra sus efectos. Como sostiene el director ejecutivo de la ACLU, Anthony D. Romero, si bien ha caído "una sombra sobre Estados Unidos, también es posible encontrar razones para celebrar en las multitudes que luchan para contrarrestarla".

Más de cien ciudades en los Estados Unidos aprobaron resoluciones reafirmando el derecho a la libertad de expresión, a la privacidad y a un proceso justo.

Pero la vigorosa reacción de mucha gente no hace más que ratificar la existencia de fuerzas, dentro y fuera de la Casa Blanca, convencidas de que el terrorismo se combate restringiendo las libertades y no rectificando las injusticias.

La persuasión del machete

El informe describe cómo la policía golpeó y arrojó gas a manifestantes contra la guerra en Missouri; cómo la montada arremetió contra una multitud en Nueva York; cómo la brigada antimotines abrió fuego contra manifestantes en California. En la Universidad de Massachusetts, el FBI espió a profesores y alumnos; en Durham, Carolina del Norte, la policía entró en el cuarto de un estudiante, alertado, según dijeron, de la existencia de "un póster antinorteamericano".

El informe denuncia que bajo la conducción del fiscal general John Ashcroft, el Departamento de Justicia afirmó su derecho a confiscar bienes de manifestantes y deportar inmigrantes sobre la base de estatutos antiterroristas aprobados entre gallos y medianoche.

Tanto los papeles de McCarthy como las denuncias de la ACLU son un ejemplo de los riesgos que asechan a una sociedad atemorizada.

El macartismo no solo afectó a aquellos sobre quienes se cernió la sospecha de comunistas. Con el tiempo, muchos de los que aceptaron convertirse en informantes debieron padecer el escarnio de su colaboración. El siguiente intercambio entre McCarthy y un interrogado no identificado, extraído de una de las transcripciones difundidas el lunes, tal vez sirva para iluminar el espíritu de la época:

Sen. McCarthy : -Cualquier norteamericano verdadero estaría orgulloso de responder a esta pregunta. ¿Es usted o ha sido alguna vez miembro del Partido Comunista?

Interrogado : -Depende de las circunstancias. Porque, vea, yo podría responder a esta pregunta, pero si lo hiciese, me odiaría mañana por la mañana...

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