El fin del mito de "zona segura" de los británicos

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22 de abril de 2004  

LONDRES (DPA).- Las imágenes del horror en Irak venían hasta ahora casi siempre de otras ciudades. Por eso fue tan grande la conmoción ayer en Londres por la serie de ataques en el sur del país, bajo control británico.

En el puerto de Basora, los 8700 soldados se jactaban del hecho de que en vez de los cascos de protección podían llevar las boinas con las insignias de sus regimientos. La relación con los habitantes de la ciudad, chiitas "pro coalición", eran consideradas amistosas y constructivas.

Esto ha cambiado por completo con los atentados de ayer, a todas luces muy bien coordinados. No hubo soldados muertos, pero el hecho de que se haya atacado de forma tan señalada y despiadada a civiles indefensos ha causado mucha preocupación en Londres.

El temor de que ahora también en el sur de Irak se trate de impedir la "democratización" del país mediante atentados suicidas se expande en el gobierno. También se desvanece la esperanza de que la aventura de Irak, muy impopular entre la población británica, tenga un final simbólico el 30 de junio con el traspaso de poderes.

Con los ataques se hacen realidad los peores temores de la coalición, aseguró el experto en Defensa Paul Beaver. Las agresiones contra las estaciones de policía buscan demostrar que "los británicos no tienen el control que dicen tener", añade.

Hasta ahora, Irak estaba dividido en dos zonas en cuanto a los ataques: el Norte y el Sur. "Eso se ha acabado. No soy muy optimista", opinó Beaver.

Por su parte, el experto en terrorismo Paul Wilkinson, profesor de la Universidad de St. Andrew´s, consideró la situación "trágica e intranquilizante". Demuestra que la violencia se ha extendido también a las zonas chiitas, los tradicionales enemigos de Saddam Hussein. Por eso es cada vez más urgente que la ONU participe en el mantenimiento de la paz, dijo Wilkinson.

En Basora y sus alrededores han muerto desde el final de la guerra, en mayo último, 26 soldados británicos. A principios de marzo, los comandantes se habían mostrado orgullosos de que la situación de seguridad en la zona británica se volvía cada día mejor.

Pero cada vez que se perpetraban ataques en el norte o en el centro de Irak, los efectivos británicos temblaban. Ayer les tocó a ellos.

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