El fracaso de las negociaciones por el Brexit dejó a May cerca del abismo

May participó ayer de un acto por las elecciones del Parlamento Europeo
May participó ayer de un acto por las elecciones del Parlamento Europeo Fuente: AFP - Crédito: Toby Melville
El diálogo entre el gobierno y el laborismo para desbloquear el proceso de divorcio se quebró y la premier quedó al borde de la renuncia; acusaciones cruzadas con el líder opositor
Luisa Corradini
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18 de mayo de 2019  

PARÍS.- Probablemente sea la última escena de su improbable derrotero. Por cuarta vez, la primera ministra británica, Theresa May , solicitará a los diputados a comienzos de junio que acepten el acuerdo de Brexit que firmó en noviembre pasado con la Unión Europea (UE). Nadie duda, sin embargo, de que los resultados -negativos- serán los mismos, después de que ayer el líder laborista, Jeremy Corbyn, anunció el fracaso de las conversaciones que mantenía con el gobierno.

"Las negociaciones fueron tan lejos como fue posible", dijo Corbyn, que echó la culpa a la "creciente debilidad e inestabilidad" del Ejecutivo.

La cuarta votación del acuerdo debería realizarse el 7 de junio próximo. Después, sea cual fuere el resultado, May renunciará o, más precisamente, dará a conocer "un calendario para la elección de un nuevo líder del Partido Conservador". En otras palabras, de un nuevo premier.

En Gran Bretaña, el jefe del partido que tiene la mayoría en la Cámara de los Comunes se convierte en jefe del gobierno.

"No hay una posición común dentro del laborismo sobre si quieren ejecutar el Brexit o celebrar un segundo referéndum que lo pueda revertir", explicó ayer May durante un acto electoral en la ciudad de Bristol.

El acuerdo que condujo a May a sacrificarse en el altar del Brexit fue concluido anteayer, durante un encuentro que mantuvo con los cuadros de su partido. Hace meses que estos la empujan hacia la puerta de salida, conscientes del daño que causa en el país el vacío sideral de acción política y los vanos intentos de la primera ministra británica de ganar tiempo.

Naturalmente, las ambiciones personales de todos esos animales políticos también pesan en la balanza. Hace tiempo que muchos de ellos están en la línea de partida. El primero de todos es el excanciller Boris Johnson, que lideró la campaña pro-Brexit en el referéndum de 2016. Pocos minutos después de la reunión, confirmó su intención de sucederla: "Desde luego que me presentaré", dijo en Manchester.

La sucesión de May se produce no solo en un clima de fin de reino, sino en un momento de inquietante debilidad del sistema político británico. Nunca fue tan evidente la impotencia de la clase política y el Parlamento, ambos en contradicción con la decisión del electorado de dejar la UE.

Si quedaba alguna duda, la confirmación llegó ayer con Corbyn, que después de semanas de negociación con May para hallar una respuesta común al Brexit, reconoció el fracaso. Para la primera ministra, la causa de ese revés fue "la ausencia de una posición común" dentro del propio laborismo.

Los responsables del Partido Laborista están, en efecto, profundamente divididos entre los amigos de Corbyn, que quieren un Brexit pero evitan ensuciarse las manos, y los proeuropeos, que exigen un nuevo referéndum sobre el divorcio con el bloque europeo. El problema es que, a fuerza de hacer cálculos partidistas, llevaron a su propio electorado al borde de la implosión.

Porque el Brexit, manifestación del nacionalismo inglés y factor de división entre los dos grandes partidos del reino, no solo paralizó el Ejecutivo, sino que favoreció el aumento de la extrema derecha.

Las próximas elecciones europeas abrieron la puerta al eurófobo Nigel Farage, exdirigente del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), que con 28% de intenciones de voto para su nueva formación -el Partido del Brexit- dejó a la luz el patetismo de la situación.

El tsunami amenaza también al laborismo. Según los últimos sondeos, 13% de los electores pro-Brexit tienen la intención de votar por Farage, mientras que el 28% proeuropeo lo hará por las formaciones anti-Brexit, como los liberales-demócratas (7% de intenciones de voto), los Verdes (7%) y, en Escocia, el Partido Nacional Escocés (independentista).

Mientras tanto, el gobierno británico parece funcionar con piloto automático. La primera ministra da la impresión de ignorar que todo se derrumba a su alrededor, mientras que sus ministros viven sumergidos en polémicas interminables y el Parlamento sigue paralizado.

Ninguna ley fue votada en las últimas seis semanas. "El debate reciente más importante trató la ley sobre los animales salvajes en los circos", ironizó el diario francés Le Monde.

"Si May permanece en Downing Street, sede del gobierno, todo el país terminará con Valium", escribió el diario británico The Guardian.

"En el terreno del Brexit no pasa nada, nadie tiene nada que decir y, al mismo tiempo, solo existe el Brexit", opinó, a su vez, The Times.

La confusión es tan grande que el gobierno parece contar con el shock de los resultados de Farage en las elecciones europeas del 26 de mayo próximo para provocar una reacción de los diputados en favor del acuerdo de Brexit. Pero su anunciada renuncia debilita aún más su autoridad y lanza la carrera contra reloj para su sucesión. En todo caso, un nuevo líder debería ser anunciado antes del 29 de septiembre, primer día de congreso de los conservadores.

El procedimiento prevé que los diputados tories seleccionen dos candidatos y que los adherentes del partido designen al vencedor. Boris Johnson no es el preferido entre los diputados, pero, si fuera preseleccionado, tendría grandes posibilidades de ser elegido, ya que cuenta con la simpatía de los adherentes.

Si Bruselas se niega a renegociar el acuerdo de Brexit, como Johnson pretende, el nuevo primer ministro se vería en un callejón sin salida y habría que organizar nuevas elecciones legislativas, que podrían convertirse en un duelo entre Johnson y Corbyn. Entonces, es posible que el caos del Brexit termine en un duelo totalmente imprevisible, arbitrado por la extrema derecha de Farage, súbitamente revitalizada.

Los candidatos para suceder a May

Boris Johnson (excanciller)

Carismático y políticamente hábil, Bojo, de 54 años, fue uno de los artífices de la victoria del Brexit en el referéndum de 2016; es popular en las bases conservadoras

Andrea Leadsom (exsecretaria de energía)

Firme defensora del Brexit, de 56 años, trabajó tres décadas en la City, el corazón financiero de Londres; se forjó un nombre durante la campaña del referéndum

Michael Gove (ministro de medio ambiente)

Euroescéptico de 51 años, es uno de los más férreos defensores del Brexit en el gobierno de May; podría costarle cara su reputación de traidor de sus amigos políticos

Jeremy Hunt (canciller)

Hunt, de 52 años, defendió permanecer en la UE en 2016, antes de cambiar de opinión decepcionado por la actitud "arrogante" de Bruselas en las negociaciones

Dominic Raab (exministro para el brexit)

Ardiente defensor del Brexit, este aficionado al karate y al boxeo de 45 años, y especialista en derecho internacional, es una de las figuras de la nueva guardia conservadora

Sajid Javid (ministro del interior)

Exbanquero e hijo de un conductor de ómnibus paquistaní, con 49 años es el exponente de una Gran Bretaña moderna y multicultural; es partidario del libre comercio

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