El gran problema de los rivales de Chávez: no ganan elecciones

Elides J. Rojas
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19 de diciembre de 2012  

CARACAS.- La Mesa de Unidad Democrática (MUD) es la instancia organizativa de la oposición en Venezuela. Nació en 2008 y fue reestructurada al año siguiente. Agrupa a más de 30 partidos políticos que van desde la izquierda, centro, laboristas, socialdemócrata y centroderecha hasta de derecha. No puede ser más variopinta.

El objetivo: derrotar al oficialismo por la vía electoral, desplazar de la presidencia a Hugo Chávez, que lleva 14 años en el poder y acaba de ganar el derecho a mantenerse por otros seis, y, además, ejecutar un programa de gobierno que permita rescatar los principios fundamentales de la democracia y encaminar a la nación definitivamente hacia el desarrollo con un programa a largo plazo.

Y, por encima de cualquier cosa, mantener la opción opositora unida como fuerza electoral y como propuesta distinta al chavismo.

Muy bien, en principio. Pero enfrenta un problema muy serio. No gana elecciones.

Si acaso en los comicios parlamentarios de 2010 logró entre todos sus candidatos superar al chavismo en número de votos, no fue así en la cantidad de bancas ganadas.

Para el oficialismo fue fácil modificar la ley que determinaba los circuitos electorales y, sin mayores problemas, aun perdiendo ganó.

Es el uso del poder de manera desmedida lo que enfrenta la MUD. Ése es el mayor obstáculo y el inconveniente más grave que encuentra a la hora de materializar apoyos y manifestaciones en votos, en triunfos.

La derrota más importante la sufrió la MUD en octubre pasado, cuando Chávez logró otro triunfo, esta vez con menos diferencia, pero suficiente para mantener vivo el proyecto comunista que inspira en el fondo su propuesta.

Ganó con 55% de los votos contra 44% de Henrique Capriles. Sin duda fue un duro golpe para los partidos de la coalición opositora, pero más duro fue para la gran mayoría de independientes que apoya las acciones de la MUD, como aglutinador de organizaciones políticas.

El domingo pasado recibió otro golpe certero al perder 20 de las 23 gobernaciones. Sólo ganó tres, aunque entre ellas está el estado de Miranda, con Capriles a la cabeza, un resultado que permite mantener vivo el liderazgo del ex candidato presidencial e, incluso, sus aspiraciones futuras. Pero el balance fue tremendamente negativo.

Revisión

Producto de las repetidas derrotas, ahora la oposición enfrenta otra crisis que obliga a los partidos a revisar la organización, sus proyectos, sus propuestas y hasta sus liderazgos ante un partido oficialista cada vez más fuerte y con todos los poderes públicos en las manos de Chávez. Una lucha en desventaja que hasta ahora presenta frutos sólo en el ámbito de la imagen.

No obstante, en resultados, más allá de crecimientos globales y reducción de ventajas, no se concreta el esfuerzo de mantener unidos a tan variados y disímiles partidos en triunfos que signifiquen un poder real.

En lo inmediato, y dependiendo de la salud del presidente, en el peor de los escenarios para Chávez el país tendría que ir a otro complicado proceso electoral debido a una eventual ausencia absoluta del jefe del Estado. La oposición tendría que pasar nuevamente por el proceso de elegir su candidato, tal vez por vía de primarias o por consenso en la figura de Capriles, quien tiene varias ventajas en su haber.

Para el chavismo no hay problemas. Ya Chávez designó a su sucesor: Nicolás Maduro, actual vicepresidente.

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