El Grupo de Lima descartó una intervención militar en Venezuela

El Grupo Lima, que se reunió ayer en Bogotá y contó con la participación de Guaidó y el vicepresidente norteamericano Mike Pence, apoyó un proceso de "transición democrática"
El Grupo Lima, que se reunió ayer en Bogotá y contó con la participación de Guaidó y el vicepresidente norteamericano Mike Pence, apoyó un proceso de "transición democrática" Crédito: DPA
Daniel Lozano
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25 de febrero de 2019  • 18:40

CARACAS.- Juan Guaidó , presidente encargado de Venezuela , debutó hoy en su primer encuentro con el Grupo de Lima en Bogotá, que le sirvió para confirmar su autoridad ante el resto de los países pero en el cual no consiguió grandes avances en su desafío contra Nicolás Maduro , pese a contar como gran aliado con el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence. El jefe del Parlamento insistió en "todos los escenarios posibles", pero evitó referirse expresamente a una intervención militar.

La respuesta del Grupo de Lima fue concluyente: "La transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos pacíficamente, apoyados por medios políticos y diplomáticos, sin uso de la fuerza". Los firmantes también decidieron solicitar a la Corte Penal Internacional que sume los últimos acontecimientos a la solicitud presentada por Argentina y otros países el año pasado.

Para Guaidó, el momento de manifestar preocupación ya pasó. "Quienes empezaron violando la Constitución hoy asesinan civiles, indígenas y celebran la quema de comida y medicinas. Ahora mismo hay millones de venezolanos en peligro de muerte. Soy presidente interino de un país que muere de hambre y está secuestrado por criminales. Es momento de escalar la preocupación y considerar los niveles más altos de presión y acción", subrayó el líder opositor, quien acudió a la capital colombiana con varios retos en su cartera de trabajo: avanzar en la presión contra la revolución, mantener alta la moral de los venezolanos tras un fin de semana marcado por la batalla de las fronteras y administrar la presión que él mismo sufre en sus propias filas. Tanto él mismo como miembros de su equipo aseguran que su regreso a Caracas es inminente.

En las filas del Parlamento no descartan solicitar más adelante una intervención militar, pero ya saben que cuentan con la negativa previa de países fundamentales, como Colombia y Chile. La Unión Europea (UE) también jugó por adelantado y antes de que comenzara la reunión, su canciller Federica Moguerini insistió en que "hay que evitar" la intervención militar en Venezuela.

Por la tanto se busca estrechar aún más el cerco diplomático, incluyendo en la lista urgente de acciones el "inmediato congelamiento" de los activos de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en todo el continente, para ponerlos así a disposición del presidente encargado. "Esperamos una transición pacífica hacia la democracia, pero el presidente Trump lo ha dejado claro: todas las opciones están sobre la mesa", certificó Pence.

No es casual que la lista de sancionados ayer por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos la encabece el gobernador Rafael Lacava, que más allá de sus estrafalarias acciones (él mismo conduce el "auto de Drácula", adaptado con una celda para encarcelar a delincuentes) fue delegado por Maduro para negociar con la administración de Trump, para aprovechar su vínculo con senadores del llamado Grupo de Boston.

Los cancilleres latinoamericanos, el presidente Iván Duque, el primer mandatario guatemalteco Jimmy Morales y el vicepresidente Pence escucharon atentamente las palabras del discípulo de Leopoldo López. "Al día siguiente de la masacre que ejecutaron contra el pueblo, la segunda al mando del régimen usurpador le dijo al mundo que esto es apenas una muestra de cuánto están dispuestos a hacer para que nadie les aparte del poder", recordó Guaidó.

La frase, casi literal, es de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ayer contó con el respaldo del número dos de la revolución, Diosdado Cabello: "Demostramos la punta del iceberg, vamos a seguir en la calle, vamos a la batalla, rodilla en tierra y fusil al hombro".

Amparados en la impunidad bolivariana, sus principales dirigentes festejaron la "victoria popular" del 23-F, pese a los muertos y heridos. Una "masacre", como resumió Guaidó, resumida hoy por el Foro Penal: cuatro muertos por disparos de bala en Santa Elena del Uairén y en la comunidad indígena de Kumarakapay, además de 52 personas con heridas de bala (17 indígenas), disparadas en su mayoría por los colectivos chavistas.

En la frontera con Colombia, en los comandos paramilitares no sólo militan radicales revolucionarios, también guerrilleros colombianos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), disidentes de las FARC y los "pelusos", antiguos paramilitares que hoy contrabandean gasolina en connivencia con militares bolivarianos.

"Es importante recordar que en Kumarakapay, la mayor parte del pueblo que no fue arrestado o herido está escondido en la selva", precisó Gonzalo Himiob, director del Foro, que también suma más de 300 heridos por todo el país. El alcalde de Santa Elena del Uairén, el pemón Emilio González, se ha refugiado en Brasil.

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