El hambre como método de protesta en Guantánamo

Muchos de los detenidos buscan una salida por esa vía
Hugo Alconada Mon
(0)
18 de octubre de 2005  

GUANTANAMO.- Lejos de los campos de batalla de Afganistán, cada semana se dirime aquí una disputa psicológica: quién come y quién no. Bajo un sol que raja la tierra y que puede generar una deshidratación grave en cuestión de horas, los detenidos utilizan las huelgas de hambre como método de protesta y presión, y sus guardias hacen equilibrio entre alimentarlos de manera forzosa o dejarlos que sigan adelante, con la repercusión mediática que sigue a cualquier decisión que tomen.

"En estos momentos tenemos 24 detenidos en huelga de hambre, de los cuales cinco están hospitalizados y siendo alimentados por tubos", informa el capitán médico John Edmondson. "El pico máximo de pacientes en Gitmo fue este 12 de septiembre, cuando 131 detenidos hicieron huelga de hambre como tributo al cuarto aniversario del 11 de Septiembre", afirma.

Según los abogados de los detenidos y los organismos de derechos humanos, ésa no es la causa de las huelgas de hambre. Protestan, dicen, porque el Departamento de Defensa mantiene la indefinición legal sobre ellos: ni los juzga, ni extradita, ni libera.

"Pueden protestar por eso, es cierto, como lo haría cualquier preso en los Estados Unidos", relativiza el vocero jefe de la base-prisión militar, teniente coronel Jeremy Martin. "Lo importante es que los detenidos están clínicamente estables, son monitoreados por personal médico y seguirán recibiendo la nutrición adecuada", afirma.

Aún así, el Comité Internacional de la Cruz Roja expresó su "preocupación" por la huelga de hambre, que comenzó el 8 de agosto último y alcanzó su pico en septiembre. "La situación es seria y la seguimos con preocupación", alertó Antonella Notari, vocero del organismo cuyos observadores recorren en estos días Guantánamo.

Como asesinos

"Es una situación previsible en este tipo de ámbitos y los que hacen la huelga son casi siempre los mismos, es un núcleo duro de detenidos", sostiene Edmondson. A él, dice, no le molesta tener que cuidar a los detenidos: "Lo tomo como si estuviera tratando a un asesino de Nueva York", explica, y levanta los hombros y las cejas.

El responsable máximo de la prisión militar, el general Jay Hood, promueve las visitas de medios de comunicación de todo el mundo para tratar de contrarrestar las críticas y mostrar que tratan "de manera respetuosa", dice, a los detenidos.

"Creo que hubo una cantidad enorme de desinformación dando vueltas", comenta a LA NACION en una entrevista. "El desafío ahora para nosotros es mejorar nuestras operaciones, abriendo las instalaciones a los periodistas y construyendo nuevos campos, como el Delta-6", explica.

La empresa Halliburton es la encargada de ampliar la prisión militar. Tras firmar un par de acuerdos similares en el sudeste de los Estados Unidos luego del paso del huracán Katrina, una subsidiaria de la firma -Kellogg, Brown & Root- es la encargada de construir las nuevas instalaciones para alojar a los presuntos talibanes y terroristas de Al-Qaeda.

El contrato es por 30 millones de dólares y, en voz baja, los militares no ocultan su malestar por la influencia que parece tener la empresa en el Pentágono. Miembros del Congreso también objetan la relación en apariencia fluida entre el gobierno y la firma que integró el vicepresidente Dick Cheney antes de llegar a la Casa Blanca.

El Delta-6 será muy similar al anterior 5, que a su vez se basó en los planos disponibles de una prisión de alta seguridad construida en el estado de Indiana: mucho concreto, mucho metal y vidrios blindados, con celdas especiales de aislamiento y sistema electrónico para todo. La meta es trasladar a los detenidos, que pasarán allí meses o años, nadie lo sabe.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.