El Kremlin, nuevo blanco predilecto de los grupos islamistas

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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4 de abril de 2017  

PARÍS.- La bomba que estalló ayer en una estación del metro de San Petersburgo y provocó por lo menos 11 muertos y casi 50 heridos sirvió para recordar que Vladimir Putin es capaz de derrotar a los jihadistas de Estado Islámico (EI) en Siria, pero no consigue neutralizar la tenaz resistencia latente en su propio país.

Es muy temprano para afirmarlo, pero la pista islamista es la que privilegian desde el primer momento tanto los rusos como los servicios de inteligencia internacionales.

Los motivos sobran. Rusia, que apoya diplomática y militarmente el régimen sirio de Bashar al-Assad, ha sido específicamente amenazada no sólo por los jihadistas de EI, sino también por Al-Qaeda y toda una constelación de organizaciones islamistas que operan dentro de las ex repúblicas soviéticas y tienen, como enemigo jurado, al líder del Kremlin.

Según el Ministerio del Interior ruso, varias veces por mes sus servicios de seguridad desmantelan células, neutralizan grupos terroristas o intercambian disparos en algún lugar del norte del Cáucaso. En particular, en la República de Daguestán.

Todos recuerdan, por ejemplo, las "medidas excepcionales adoptadas para garantizar la seguridad" durante los Juegos Olímpicos de Sochi en 2014. Los especialistas incluso evocaban una ciudad "aislada del resto del mundo".

En marzo de 2010, el metro de Moscú fue atacado por dos mujeres kamikazes, que provocaron la muerte de por lo menos 38 personas al hacer estallar sus cinturones explosivos en medio de los pasajeros de dos subtes.

En septiembre de 2004, un comando islamista se apoderó de una escuela en Beslan, Osetia del Norte. El asalto de las fuerzas de seguridad provocó 330 muertos. Dos años antes, en octubre de 2002, una toma de rehenes en un teatro moscovita de Dubrovka dejó un saldo de 120 muertos.

Pero la Rusia de Putin se transformó en blanco predilecto del terrorismo islámico a partir de 2015, cuando Moscú lanzó su intervención en Siria, para apoyar al régimen sirio. En octubre, apenas un mes después, un avión que llevaba 224 turistas rusos de la ciudad balnearia egipcia de Sharm el-Sheik a San Petersburgo estalló cuando sobrevolaba el desierto de Sinaí. El atentado fue reivindicado por EI. En junio pasado, otro atentado terrorista reivindicado por EI en el aeropuerto de Estambul dejó 41 muertos y 239 heridos. El jefe del comando era un ruso y los otros miembros eran uzbekos y kirguisos.

Hoy, la principal amenaza para Rusia son los miles de combatientes (entre 5000 y 7000), principalmente chechenos, que después de haber sido derrotados en su propia nación por la guerra sin merced librada por el Kremlin en los años 1990 y 2000 partieron a hacer la jihad a Siria.

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