El líder de Australia pidió perdón por viajar a Hawai con el país en llamas

Scott Morrison, primer ministro australiano
Scott Morrison, primer ministro australiano Fuente: AFP
El conservador Scott Morrison salió de licencia en medio de la ola de incendios y regresó tras varias protestas
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23 de diciembre de 2019  

MELBOURNE.- El primer ministro australiano, Scott Morrison, criticado por su inercia frente al calentamiento global, visitó ayer a los bomberos que luchan contra los incendios forestales y se disculpó por haberse ido a Hawai de vacaciones, viaje que canceló por la ira de la opinión pública.

El jefe del gobierno visitó a los bomberos de Nueva Gales del Sur, donde los voluntarios llevan meses luchando contra incendios mortales.

Morrison lamentó haberse marchado en tales condiciones. "Entiendo que la gente se haya molestado al enterarse de que yo estaba de vacaciones con mi familia mientras sus familias se encontraban bajo un fuerte estrés".

"Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo, sabiendo lo que sé hoy, habríamos tomado otra decisión", declaró el premier.

Cuando se fue a Hawai, las condiciones ya eran difíciles: los incendios habían destruido una superficie equivalente a Bélgica y el humo intoxicaba las grandes ciudades del este, desde Brisbane a Canberra pasando por Sídney. Los australianos salieron a la calle inmediatamente para protestar y expresaron su desaprobación en las redes sociales.

"Pido disculpas", dijo el líder conservador. "He aprendido lecciones".

"Estoy seguro de que los australianos son imparciales y entienden que cuando haces una promesa a tus hijos, tratas de cumplirla", explicó. Pero "como primer ministro, tenemos otras responsabilidades".

Aunque reconoció una vez más que existe un vínculo entre los incendios y el calentamiento global se negó a modificar la política gubernamental favorable a la industria minera del carbón.

Cada año en primavera y verano hay incendios en el país, pero los climatólogos aseguran que son más intensos y peligrosos debido al calentamiento global.

Un bombero intentaba contener ayer el fuego en un depósito de la localidad de Bilpin, Nueva Gales del Sur
Un bombero intentaba contener ayer el fuego en un depósito de la localidad de Bilpin, Nueva Gales del Sur Fuente: AP

Morrison elogió a los bomberos, que trabajan en condiciones meteorológicas extremas: con la peor ola de calor en el país hasta la fecha, fuertes vientos y una sequía. La gran mayoría son voluntarios y están agotados.

Ayer, un pequeño respiro les dio tiempo para hacer un balance y contener el inmenso incendio que causa estragos en las inmediaciones de Sídney, pero para apagarlo se precisan lluvias intensas.

Se prevén lluvias en algunos lugares mañana y el miércoles, un regalo de Navidad para muchos. Pero el fin de semana será menos clemente. Por de pronto los bomberos todavía hacen balance de los destrozos del sábado.

"Hemos visto daños y destrozos considerables", afirmó el jefe de los bomberos de Nueva Gales del Sur, Shane Fitzsimmons, quien describió el sábado como "un día horrible".

"La devastación es impactante", dijo la primera ministra de Nueva Gales del Sur, Gladys Berejiklian. "Tenemos la devastadora noticia de que no queda mucho en la ciudad de Balmoral", añadió.

Según las autoridades, dos incendios al sudoeste de Sídney, ya lo suficientemente grandes para provocar una tormenta, se unieron y formaron un "megaincendio" a las puertas de la principal ciudad australiana.

Un incendio puede desencadenar una tormenta cuando una columna de humo fría entra en la atmósfera, creando una nube capaz de generar rayos y fuertes vientos.

El estado de Australia del Sur también ha sido duramente golpeado. Allí murieron dos personas a causa del fuego en los últimos dos días, y docenas de bomberos y residentes fueron tratados por lesiones e inhalación de humo. Unas 70 casas quedaron destruidas sólo en su capital Adelaida, dijeron autoridades.

Los incendios australianos devoraron 30.000 km² de tierras, mataron a por lo menos 10 personas y destruyeron más de 800 casas. Hasta ahora han rozado las áreas densamente pobladas, pero algunas pequeñas ciudades o aldeas se han enfrentado a las llamas.

También han provocado el "estado de emergencia sanitaria" que, según los médicos, afecta a Sídney, envuelta el sábado en una densa niebla.

"Más o menos toda la población de Nueva Gales del Sur está expuesta a un humo prolongado, y como nunca hemos visto antes algo así no sabemos cuál será el resultado final", afirmó Kim Loo, activista de la asociación Médicos por el Medio Ambiente.

Agencias AFP y AP

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