El líder misterioso, cruel y escurridizo

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30 de julio de 2015  

KABUL.- Pocos líderes están rodeados del secretismo y el misterio del mullah Omar, el jefe talibán surgido de la posguerra tras el conflicto afgano-soviético, que gobernó el país con mano de hierro y ha estado en paradero desconocido desde la invasión estadounidense, en 2001.

A partir de la caída de su régimen no hizo apariciones públicas, lo que alimentó los rumores sobre su muerte, que ganaron fuerza en los últimos meses: ayer mismo, fuentes de seguridad afganas lo dieron nuevamente por fallecido.

Poco se sabe en Occidente de la trayectoria de Omar, un clérigo musulmán de origen humilde nacido en un pueblo cercano a la ciudad sureña de Kandahar, hace 55 años, según la primera biografía publicada en abril por los talibanes.

Luchó contra la invasión soviética (1979-1989), donde se destacó en el uso del lanzacohetes RPG-7, y sufrió varias heridas, entre ellas la pérdida de un ojo.

A la retirada de las tropas soviéticas siguió un breve gobierno comunista y un brutal conflicto civil entre diferentes grupos mujahidines. El caos fue aprovechado por el mullah para crear en 1994 el grupo los talibanes, compuesto por estudiantes de las madrasas de Paquistán, hogar para millones de refugiados afganos.

Al frente de "los hijos desilusionados de la Jihad", el mullah Omar se erigió en una suerte de Robin Hood que ayudaba a los pobres frente a los abusos de otros grupos insurgentes sin pedir nada a cambio, lo que hizo aumentar su prestigio, según el libro Los talibanes, del periodista paquistaní Ahmed Rashid. En sólo dos años, el modesto mullah logró el control de la mayor parte de Afganistán y tomó Kabul en 1996.

Ese mismo año fue nombrado Amir-ul Momineen (o príncipe de los Creyentes), que lo convirtió en el dirigente de la Jihad y emir de Afganistán.

La confirmación de este nombramiento llegó el 4 de abril de 1996, cuando Omar apareció ante la multitud sobre el tejado de un edificio, en el centro de Kandahar, ciudad del sur de Afganistán desde la que gobernó hasta la invasión de Estados Unidos.

En el Emirato Islámico de Afganistán, como los talibanes renombraron el país, Omar impuso una rígida interpretación de la sharia o ley islámica, y trató de recrear el modo en que vivió el profeta Mahoma hace 1400 años, según Rashid.

Así, se prohibió a las mujeres que salieran de casa, estudiasen, usasen tacones porque llamaban la atención de los hombres o se pintasen las uñas, y se las obligó a vestirse con burkas, mientras los varones tuvieron prohibido afeitarse la barba.

Las ejecuciones, amputaciones y lapidaciones públicas por la violación de edictos se convirtieron en eventos semanales entre 1996 y 2001.

El país sufrió sanciones de Occidente por su desprecio de los derechos humanos, pero fue la negativa a entregar a Estados Unidos al líder de la red Al-Qaeda, Osama ben Laden, refugiado en suelo afgano y acusado del ataque a las Torres Gemelas, lo que provocó la invasión norteamericana de Afganistán y la caída del régimen talibán, en octubre de 2001.

El mullah Omar huyó de Kabul en una moto y desde entonces no hizo apariciones públicas, lo que alimentó aún más los rumores sobre su muerte.

Agencia EFE

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