El mes de vértigo de Guaidó en el que su sombra se expandió a toda Venezuela

Daniel Lozano
Daniel Lozano PARA LA NACION
Guaidó, junto a un grupo de seguidores
Guaidó, junto a un grupo de seguidores Fuente: Reuters
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2 de febrero de 2019  • 14:57

CARACAS.- Punta de Mulatos, en el litoral costero cercano a Caracas. La tierra del otro presidente de Venezuela. Es el día de Reyes, a principios de año, y la familia compuesta por Juan Guaidó (35 años), Fabiana Rosales (26) y Miranda Eugenia (20 meses) comienza el primer día de su nueva vida en la Iglesia de este barrio popular, donde desde hace tiempo los tratan como si estuvieran en su casa.

Horas antes, el discípulo del preso político venezolano Leopoldo López había juramentado como presidente de la Asamblea Nacional, dominada por la oposición. También acababa de recibir, desde la Argentina, la llamada de felicitación del presidente Mauricio Macri .

Después de meses de preparación, las piezas del rompecabezas para desafiar a Nicolás Maduro están todas revueltas sobre la mesa. Un Everest revolucionario queda por delante para encajar una tras otra, pero a ellos se dispone con toda la convicción del mundo. Y así se lo narra a LA NACIÓN, en la primera entrevista de una nueva era política para Venezuela.

Tiene el plan muy claro y lo repite una y otra vez, tanto al reportero como a los presidentes que lo llaman: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Su equipo ya calcula las fuerzas en la calle, que ese día no llenaría ni el camarote de los Hermanos Marx. Pero se han puesto una cifra para la primera gran concentración en Caracas: medio millón de personas. El 23 de enero (23-E) más de un millón tomaron las calles, sólo en la capital.

"Ser dirigente opositor puede llevar hasta la muerte en Venezuela", afirmó Guaidó, sin pestañear, en la entrevista. Luego vendrían su detención exprés (13 agentes de la policía política permanecen entre rejas por lo que el gobierno califica como un show mediático) y el hostigamiento denunciado contra su vivienda familiar de las últimas horas.

El jefe del Legislativo es hoy la misma persona que recibió a LA NACIÓN, pero su sombra se extendió por todo el país a pesar de la maquiavélica censura oficial. Cuando Guaidó llegó el 5 de enero a la presidencia de la Asamblea Nacional, sólo el 3% de la población conocía sus andanzas políticas como diputado y como dirigente estudiantil, siempre dispuesto a mirar de frente y no callarse ante la todopoderosa revolución chavista.

El estilo Guaidó, tan poco venezolano, ha calado. Firme, pero sin estridencias, en el país de los gritos, vehemente sin los insultos y descalificaciones que sí utiliza Maduro, que lo calificó como un "muchacho pajúo" (bobo) para darle la bienvenida revolucionaria.

Las encuestas lo confirman: cuenta con entre el 76% y el 81% del apoyo nacional. Un milagro político tras otro en cuatro semanas que parecen un año en el país de las hipérboles.

Guaidó, en Punta Mulatos, tras una misa
Guaidó, en Punta Mulatos, tras una misa Fuente: Reuters

Nada de camperas deportivas estilo Chávez, Capriles o las tallas XXL de Maduro. Siempre modernas, juveniles, de colores claros en su mayoría y más oscura cuando el evento así lo requiere. No se sabe a ciencia cierta si el jefe del Legislativo se cargó el país a la espalda o si es el país quien lo empuja hacia adelante. Sea como fuere, la esperanza hoy en Venezuela se llama Juan Guaidó .

Deportista, capaz de aguantar el ritmo de estos días, que asemeja al de un velocista en medio de una maratón al que le van colocando un obstáculo tras otro. Guaidó es hijo de la clase media venezolana, su padre piloto comercial emigrado la década pasada a las Islas Canarias y reconvertido en taxista. Y su madre maestra, una familia que sobrevivió a la tragedia de Vargas de 2000, cuando la montaña del Ávila se fue encima de los municipios costeros y provocó centenares de fallecidos.

Las fotos de la juramentación, Constitución en mano, del 23-E; de sus manos heridas tras la detención o cargando a su hija tras el incidente de ayer han dado la vuelta al mundo. Junto a su mujer y a la pequeña Miranda componen una imagen familiar perfecta, esas que tanto gustan a los venezolanos. En el país de la belleza, ya se considera a Rosales como "la más bonita de las primeras damas", aunque la joven merideña se mueva en otros mundos: es periodista, activista política desde joven e influencer en las redes sociales.

"Guaidó se convirtió en una figura importantísima, molesta, pero además una figura que no puedes atacar de frente. Su imagen es tan fuerte que el video que publicó el gobierno, en el que supuestamente llegaba a una reunión cubierto por una capucha, lo que provocó fue burla y de respaldo al líder opositor", reflexiona el politólogo Félix Seijas.

"El hombre lo que ha hecho es crecer y crecer hasta conseguir el respaldo de medio mundo. Es algo inédito. No recuerdo que en el continente haya habido una avalancha de apoyo tan grande a una persona y además a una persona que se declara presidente paralelo frente a otro", añade Luis Salamanca, exrector del Consejo Nacional Electoral.

Guaidó, en la entrevista con LA NACIÓN, en Caraballeda
Guaidó, en la entrevista con LA NACIÓN, en Caraballeda Fuente: Reuters

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