El nuevo orden del petróleo: EE.UU. roba a la OPEP todo su poder

La producción de shale oil le brinda un dominio que deja vetusto al viejo grupo de países productores
Clifford Krauss
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24 de abril de 2015  

HOUSTON.- Durante la mayor parte del siglo XX, el precio del crudo osciló como un péndulo. Las más de las veces, el suministro estuvo controlado por gobernantes de dominios desérticos, que sin el oro negro que burbujeaba bajo sus tronos no habrían tenido poder alguno.

Ahora, el péndulo se puso otra vez en movimiento, y hundió el precio del crudo a menos de 45 dólares el barril durante los últimos meses desde los 100 dólares que alcanzó en junio pasado, y tal vez caiga aún más en los próximos meses.

Superficialmente, el estallido de la burbuja petrolera puede sonar a historia repetida, pero esta vez hay una diferencia crucial: el centro del mundo del petróleo se desplazó de las arenas sauditas a los campos de shale oil de Texas y Dakota del Norte, un nuevo y gigantesco campo petrolero que algunos buscadores de oro negro comienzan a llamar "Cowboyistán".

En otras palabras, Estados Unidos está desplazando a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de su rol de vital productor global que determina el precio del crudo. Este notable cambio se viene gestando desde 2008, cuando los campos de shale oil estadounidense representaron alrededor de la mitad del crecimiento de la producción mundial, en paralelo con la casi duplicación de la producción de petróleo en Estados Unidos. Y los métodos de producción de shale oil demostraron ser altamente adaptables a las condiciones del mercado.

No casualmente todas las ventajas de ese ajuste del precio favorecen a Washington. Y en el exterior las economías de los adversarios norteamericanos productores de petróleo, como Rusia y Venezuela, sufren las consecuencias.

René G. Ortiz, ex ministro de Petróleo de Ecuador y ex secretario general de la OPEP, señaló que incluso hasta 2008 y 2009, la última vez que cayeron los precios, la OPEP redujo la producción diaria en cuatro millones de barriles para sostener el precio, y que eso alcanzó para estabilizar el mercado en corto tiempo.

"¿Por qué entonces Arabia Saudita no hace ahora lo mismo? -se preguntó-. Por el auge de la producción en Estados Unidos. La OPEP actual piensa más en los fundamentos del mercado que en manipular los precios, porque ya no tiene el mismo poder que tenía antes."

La reunión de Viena del 27 de noviembre pasado fue un momento bisagra para la OPEP. Durante una sesión turbulenta y a puertas cerradas, los ministros de Petróleo de Irán y Venezuela se enfrentaron con los hoscos sauditas y sus aliados del Golfo Pérsico. Los venezolanos y los iraníes, apoyados por Argelia, Nigeria y otros países que necesitan de cada centavo de sus exportaciones de petróleo, alegaban que la OPEP debía recortar la producción para elevar los precios, lo mismo que hizo ese consorcio ante la caída del crudo durante la crisis financiera asiática de fines de la década de 1990, que repitió una vez más tras el estallido de la burbuja tecnológica a principios de la década de 2000, y otra vez hace seis años. Pero los sauditas y sus aliados del Golfo dijeron que no.

La decisión pegó de lleno en el mercado. Desde el momento en que la OPEP decidió mantener su producción en 30 millones de barriles diarios, el descenso gradual que se inició en julio se convirtió en caída libre, a medida que los operadores de commodities empezaron a desprenderse de sus acciones petroleras. La OPEP tiraba la toalla ante la nueva realidad del aumento de la producción en Estados Unidos.

La fractura hidráulica o "fracking", o sea la extracción de petróleo y gas de la roca shale con agua o con químicos, es el factor individual de cambio de los mercados globales más importante en más de una década.

Los productores de petróleo de Estados Unidos tienen la capacidad de acelerar o frenar rápidamente la producción -al igual que Arabia Saudita y la OPEP ampliaban o reducían su capacidad ociosa en el pasado- dependiendo de las condiciones del mercado.

Jeques vs. ejecutivos

Jack Gerard, director ejecutivo del Instituto Norteamericano del Petróleo, señaló que Estados Unidos, que produce aproximadamente la misma cantidad de crudo que Arabia Saudita y se encamina a superarla, está posicionado para convertirse en la nueva OPEP, pero sin las conocidas manipulaciones.

"La única diferencia será que en nuestro caso el precio lo fijará el libre mercado", dijo Gerard, y señaló que ese puñado de jeques todopoderosos está siendo reemplazado por cientos de ejecutivos que trabajan para empresas competidoras, que son las que decidirán cuándo, dónde y cómo perforar en los nuevos campos de shale.

"La industria del shale está demostrando que es flexible y que puede responder a las oscilaciones de precios, en una época en que los Estados miembros de la OPEP se negaron a recortar su propia producción, dejando atrás su habitual rol de niveladores del mercado", señala un reciente estudio del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice. Los sauditas pueden ponerse a bombear petróleo para aflojar los precios. Pero ahora, con la cantidad de excedente en el mundo y el derrumbe del precio, dijo Jason Bordoff, de la Universidad de Columbia el timón lo tiene Estados Unidos.

Traducción de Jaime Arrambide

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