El país récord en muertes por la pena capital

En China hubo 1718 ejecuciones en 2008
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30 de diciembre de 2009  

PEKIN.- La ejecución por inyección letal del ciudadano británico Akmal Shaikh, condenado a muerte por tráfico de drogas, volvió a despertar la atención de la comunidad internacional por la estricta aplicación de la pena capital en China, donde cada año se ejecutan a más personas que en el conjunto del resto de países del mundo, según organizaciones de defensa de derechos humanos.

Al dar luz verde a la ejecución de Shaikh, el Tribunal Supremo chino actuó en consonancia con la postura de Pekín, que considera esencial la pena capital para infundir miedo en la población e impedir crímenes.

Según Amnistía Internacional (AI), que se basa en publicaciones periodísticas, en territorio chino se llevaron a cabo 1718 de las 2390 ejecuciones registradas en el mundo el año pasado (72% del total).

Pero las cifras reales de China podrían superar los cálculos de AI, dado que el número de condenados a muerte en el gigante asiático es secreto de Estado.

"Hay incertidumbre sobre la forma en la que se llevan a cabo las ejecuciones" en China, señala Joshua Rosenzweig, responsable en Hong Kong de la organización estadounidense de defensa de derechos humanos Dui Hua. "Uno de los grandes problemas es que el sistema [chino] es muy oscuro."

Dui Hua, que trata de catalogar todas las condenas de muerte en China, estima que en 2008 Pekín ejecutó a unas 6000 personas, frente a 7000 del año anterior. Las cifras están en caída respecto a la década pasada, en la que se informaba sobre unas 10.000 ejecuciones anuales.

Desde 2007, el Tribunal Supremo tiene que validar las sentencias de muerte, medida que se tomó para no dejar el único poder a los tribunales provinciales y para reducir el número de ejecuciones.

Además de China, otros 57 países mantienen la pena de muerte dentro de su legislación. De ellos, 25 llevaron a cabo ejecuciones el año pasado.

Estados Unidos, que tiene fuertes reparos hacia la política de derechos humanos de China, aplicó 37 penas capitales, y se ubicó en el cuarto lugar de la lista, detrás de Irán (346)y Arabia Saudita (102). Quinto quedó Paquistán, con 36.

Pero no es sólo la cantidad de ejecuciones lo que preocupa a quienes se oponen a ellas. Según denuncia AI, "las personas que se enfrentan a delitos punibles con la muerte no son juzgadas en procesos justos".

La organización exige al gobierno chino que reforme el sistema judicial, para que funcione con mayor transparencia y con respeto a los derechos humanos de los procesados.

El director del departamento de AI para Asia, Sam Zarifi, señaló que el trato que le dieron las autoridades a Shaikh -que, según sus familiares, padecía enfermedades mentales- está en línea con el funcionamiento habitual del sistema judicial chino.

En China "son habituales juicios cortos y casi mecánicos, donde no se presentan ni se investigan todas las pruebas y donde la pena capital se aplica en casos de crímenes en los que no ha habido violencia", destacó Zarifi.

Según AI, 68 crímenes pueden ser sancionados en China con la pena de muerte, incluido el fraude fiscal, la venta de medicinas adulteradas, el proxenetismo o el tráfico de drogas.

La detención de 50 gramos de droga es suficiente en China para motivar una condena de muerte. Shaikh transportaba cuatro kilos de heroína cuando fue detenido, en 2007.

Los condenados son tradicionalmente ajusticiados con un balazo en la nuca, pero algunas provincias ya implementan la inyección letal, método considerado por las autoridades como un "progreso social".

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