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El Papa condenó el Holocausto

Elisabetta Piqué
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24 de marzo de 2000  

JERUSALEN.- "Como obispo de Roma y sucesor de Pedro, yo le aseguro al pueblo judío que la Iglesia católica está profundamente dolida por el odio, las persecuciones y las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los hebreos por los cristianos de todos los tiempos y lugares." Con una actitud humilde y profundamente emocionado, el Papa dio ayer un paso más, quizás el último, hacia la reconciliación con los judíos. En su visita sin precedente al museo de Yad Vashem de esta ciudad, recordatorio del Holocausto y uno de los sitios de más trascendencia para los judíos, el Sumo Pontífice volvió a hacer un pronunciamiento histórico.

"En este sitio de la memoria, la mente, el corazón y el alma sienten una extrema necesidad de silencio. Silencio para recordar. Silencio porque no hay palabras bastante fuertes para deplorar la terrible tragedia de la Shoah", dijo, mencionando la palabra Holocausto en hebreo.

El discurso, que agregó una pieza más a la serie de gestos de acercamiento y pedidos de disculpas que el Papa fue protagonizando a lo largo de su pontificado en cuanto a las relaciones entre cristianos y judíos, era uno de los más esperados. Pero como no aludió expresamente al papel de la Iglesia Católica durante el nazismo, y a lo que se cree aquí que fue su corresponsabilidad en el Holocausto, su pronunciamiento volvió a crear polémica y decepcionó a algunos sectores. Estos esperaban que el Papa dijera que la Iglesia no hizo lo suficiente, y que pidiera disculpas por sus silencios y por la controvertida actitud de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial. El histórico mea culpa que el Papa hizo el 12 de marzo último había sido considerado insuficiente por el mismo motivo.

"Vine a Yad Vashem -explicó el Pontífice- para rendir homenaje a los millones de judíos que, privados de todo, en particular de su dignidad humana, fueron asesinados en el Holocausto."

Su histórico discurso tuvo lugar en la sombría cripta del museo, en una atmósfera sumamente emotiva, luces bajas, silencio y ojos llenos de lágrimas, ante el premier israelí, Ehud Barak, autoridades locales, y unos doscientos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos veinte polacos, algunos nacidos en Wadowice, pueblo natal de Su Santidad, amigos y vecinos de "Lolek", como le decían al pequeño Karol Wojtyla. "Yo mismo tengo recuerdos personales de todo lo que sucedió cuando los nazis ocuparon Polonia durante la guerra", admitió el Papa, que fue quien quiso que Yad Vashem fuera una etapa más de su peregrinaje jubilar a Tierra Santa, a 2000 años del nacimiento de Jesús.

Con los sobrevivientes

Uno de los momentos más intensos de la visita fue, en efecto, cuando el viejo Lolek acarició y abrazó a los sobrevivientes, y en especial a Edith Tzirer, una judía polaca de 69 años que él mismo salvó de la muerte en enero de 1945, llevándola en sus brazos durante tres kilómetros hasta una estación de tren. La mujer lloró, y le habló en polaco durante varios minutos. Y el Papa, emocionado y tembloroso por su enfermedad, la reconfortó.

La emotiva ceremonia comenzó con un canto tradicional y estremecedor, en honor a los mártires. Luego de permanecer varios minutos muy concentrado y pensativo, parado frente a la llama eterna, que recuerda el exterminio de 6 millones de judíos, y que volvió a encender, el Papa escuchó la lectura de "identificación" de las víctimas del Holocausto. Después se colocó una gran corona de flores amarillas y blancas, los colores del Vaticano, sobre la tumba que contiene las cenizas de las víctimas de seis campos de concentración. "Nadie puede ignorar lo que pasó. Nadie puede disminuir la gravedad" del Holocausto, dijo el Papa. Este debe ser recordado con un objetivo, agregó: "Asegurar que nunca más el mal prevalecerá, como sucedió con millones de víctimas inocentes del nazismo".

En una clara señal de que aún hay diferencias entre el Vaticano e Israel, el Santo Padre afirmó que sólo una ideología atea puede haber perpetrado semejante genocidio, mientras que después Barak recordó que el Holocausto tuvo lugar en la "Europa Cristiana".

El premier israelí, cuyos abuelos maternos fueron asesinados por los nazis en el campo de concentración de Treblinka, agradeció las palabras del Santo Padre: "Usted ha hecho más que ningún otro para producir un cambio histórico en la actitud de la Iglesia (Católica) hacia el pueblo judío (...), y para curar las profundas heridas que afloraron durante amargos siglos", le dijo.

El primero en pedir perdón

Wojtyla fue el primer papa en entrar a una sinagoga, la de Roma, en 1986, en pisar un campo de concentración, y en pedir cientos de veces "perdón" por las actitudes antisemitas que hubo en la historia de los cristianos. Desde que fue electo Papa, en octubre de 1978, hizo de todo para mejorar las históricamente conflictivas relaciones entre la Iglesia Católica y los judíos, logrando el establecimiento de relaciones entre la Santa Sede e Israel, en 1994.

El Papa llegó al mediodía a Yad Vashem después de entrevistarse en privado con el presidente israelí, Ezer Weizman, en su residencia, y con los dos rabinos jefes de Israel, Meir Lau -representante de los judíos askenazis, de origen europeo- y Eliahu Bakshi Dorón -representante de los sefardíes, de origen mediterráneo-, en el Palacio de Salomón. Durante estos desplazamientos, que el Papa hizo en automóvil, las calles brillaron por la ausencia de gente: muy pocos se acercaron a saludarlo. Algo lógico en esta ciudad en la que la mayoría de sus 600.000 habitantes son judíos.

En Yad Vashem, el Papa afirmó también que en ese lugar solemne rezaba "fervientemente" para que "nuestro dolor por la tragedia sufrida por el pueblo hebreo en el siglo XX conduzca a nuevas relaciones entre cristianos y hebreos".

Más tarde, cuando protagonizó un importante encuentro interreligioso en el auditorio del Instituto Pontificio de Notre Dame, volvió sobre este tema, agregando al Islam, la otra gran religión monoteísta, en su exhortación. Ante autoridades cristianas de distintas confesiones, hebreas y musulmanas -el gran ausente fue el gran mufti de Jerusalén, Ekrima Sabri-, llamó a una "nueva era de diálogo interreligioso", pues "somos conscientes de que vínculos más estrechos entre todos los creyentes son una condición urgente y necesaria para asegurar un mundo de paz y justicia".

Jerusalén

JERUSALEN (Reuters).- El encuentro interreligioso con el Papa se convirtió en un despliegue de enemistad entre musulmanes y judíos sobre Jerusalén.

En sus comentarios, el Gran Rabino Meir Lau equiparó el viaje papal a Israel con "el reconocimiento de Jerusalén como la capital unida".

"El Papa jamás reconoció eso", gritó alguien de la audiencia. En tanto, el clérigo musulmán Taysir Tamini abogó por un Estado palestino con Jerusalén como capital.

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