El Papa envía otra misión a Chile, esta vez a la ciudad del obispo más cuestionado

El viento le jugó una mala pasada al Papa ayer durante la audiencia de los miércoles
El viento le jugó una mala pasada al Papa ayer durante la audiencia de los miércoles Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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31 de mayo de 2018  • 09:47

ROMA.- En una nueva vuelta de tuerca, el Papa decidió enviar al arzobispo maltés Charles Scicluna, autor de un extenso y lapidario informe sobre el escándalo de abusos en la Iglesia de Chile , a una segunda misión a este país, esta vez a la diócesis de Osorno, sacudida en 2015 por la designación del cuestionado obispo Juan Barros.

"Con el fin de avanzar en el proceso de reparación y sanación de las víctimas de abusos, en los próximos días partirán de nuevo a Chile Charles Scicluna y monseñor Jordi Bertomeu, esta vez en misión a la diócesis de Osorno, de acuerdo con el papa Francisco", anunció hoy el vocero pontificio, Greg Burke.

En un comunicado, Burke también adelantó que el Papa le "hará llegar al presidente de la Conferencia Episcopal de Chile una carta redactada personalmente y dirigida a todo el Pueblo de Dios, como había prometido a los obispos".

El vocero además recordó que, como ya se había anunciado, a partir de mañana y hasta el domingo el Papa hospedará en su residencia de Santa Marta a un grupo de cinco sacerdotes chilenos que fueron víctimas de abusos de poder, de conciencia y sexuales del sacerdote pedófilo Fernando Karadima en la parroquia El Bosque de Santiago.

El anuncio de la nueva misión de Scicluna -máximo experto del Vaticano en pedofilia, famoso por su investigación sobre los Legionarios de Cristo y de inmensa credibilidad entre las víctimas-, llegó a menos de dos semanas de la renuncia en bloque de la cúpula del episcopado chileno, el 18 de mayo último, una medida sin precedente en la historia reciente de la Iglesia. Francisco los había convocado a Roma para implementar medidas de "corto, mediano y largo plazo" para reparar el escándalo de abusos en su país.

Giro

Después del informe Scicluna –r ealizado en febrero pasado en base a testimonios de 64 personas-, el Papa, que había designado en 2015 a Barros al frente de la diócesis de Osorno, evidentemente mal aconsejado, y lo había respaldado en varias oportunidades de las acusaciones de haber encubierto a Karadima, las cosas cambiaron dramáticamente.

Reconociendo su error, Francisco pidió perdón por los graves errores de percepción de la situación cometidos, en una carta que le envió a los obispos, que anticipó un verdadero tsunami.

"Tras una lectura pausada de las actas de dicha ’misión especial’, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza", afirmó el Papa en esa epístola que marcó el comienzo de un proceso, con un lenguaje claro y directo.

En esa epístola también anunció que iba a invitar a pasar unos días con él, en Santa Marta, a las tres víctimas más emblemáticas de Karadima –cosa que hizo a fines de abril, ocasión en la que les pidió perdón- y convocó a Roma a los obispos, una medida drástica, que culminó en la presentación en bloque de sus renuncias. Las renuncias no han sido aún ni aceptadas, ni rechazadas por el Papa, pero se espera la salida de muchos obispos.

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