El Papa inicia su peregrinaje más importante

Visitará Jordania, Israel y los territorios palestinos; protesta de judíos ultraortodoxos.
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20 de marzo de 2000  

AMMAN.- El sol pega fuerte, pero corre un viento muy fresco en la cima del monte Nebo. Allí, en el sitio en el que Moisés vio la Tierra Prometida antes de morir, a 808 metros de altura y donde una vista panorámica espléndida corta la respiración, Juan Pablo II comenzará hoy su viaje más importante: el tan deseado peregrinaje a Tierra Santa.

Para el anciano y enfermo papa polaco será el viaje que coronará su pontificado itinerante -recorrió más de tres veces la distancia Tierra-Luna-, porque irá a los lugares más sagrados del cristianismo. Y, al volver a las raíces de la fe, tras las huellas de Jesús, tendrá la mejor oportunidad para enviar un mensaje de paz y de hermandad a un mundo cada vez más atormentado por guerras y conflictos.

Se espera que la recepción en Jordania, primera etapa del histórico viaje que mañana lo llevará a Jerusalén, y luego a Belén, Nazaret y Galilea -culminará el domingo próximo con una misa en la Iglesia del Santo Sepulcro, en la ciudad santa-, sea muy cálida. En cambio, en Israel, grupos de judíos ultraortodoxos volvieron a manifestarse ayer en contra de su presencia y protagonizaron actos de vandalismo en el helipuerto donde mañana por la tarde aterrizará el Pontífice.

"Acá es otra cosa, acá no hay racismo. Y como el rey Hussein era un hombre muy inteligente, todos nos llevamos muy bien", explica Ziad Khair, un jordano hijo de un chileno de origen palestino. "Yo, por ejemplo, soy cristiano ortodoxo, y mi mujer es católica, y tengo amigos y vecinos musulmanes", agrega.

En Jordania, un país de casi 5 millones de habitantes, el cinco por ciento que es cristiano (de distintas confesiones, 70 mil católicos) convive pacíficamente con la mayoría musulmana. Aunque es pequeña, la comunidad cristiana aquí es importante tanto en lo económico (con plantaciones e industrias textiles y hoteleras, algunas familias controlan el 20% de la economía) como en lo político: los cristianos mantienen nueve de los 80 escaños de la Cámara de Diputados, tienen 4 senadores sobre 40 y, por derecho consuetudinario, al menos 2 de los cerca de 20 miembros del gobierno. Además, el fallecido rey Hussein fue el único líder árabe que estuvo en favor del primer viaje de un papa a Tierra Santa, que realizó Pablo VI en 1964.

No extraña entonces que Amman, la ciudad capital, se encuentre vestida de fiesta para recibir "al amigo" Juan Pablo II. Todas sus avenidas están adornadas con banderas jordanas y vaticanas, así como por pasacalles que dicen "Jordania ama al Papa", en los que cuelgan retratos de Su Santidad y del soberano hachemita, el joven rey Abdullah II.

Cuestiones políticas

Como la mayoría del mundo árabe, el hijo mayor del aquí aún idolatrado rey Hussein manifestó su esperanza de que la presencia de Juan Pablo II en esta tierra "nos dé coraje para concluir ese proceso que nos llevará a una paz estable", para la cual es "no sólo necesario, sino inevitable" un Estado palestino.

Con respecto a la explosiva cuestión del futuro status de Jerusalén (para Israel, capital única e indivisible de su Estado), Abdullah II dijo que "la ciudad debe ser el símbolo de paz y esperanza para toda la región, y no debería ser la capital exclusiva de un pueblo a expensas de otro". "Creo que en Jerusalén hay lugar para dos capitales de dos Estados independientes", sostuvo.

El monarca -que aquí es tan venerado como su padre, y que se ha destacado por disfrazarse de periodista e ir de incógnito a mercados y demás lugares públicos para sondear el humor popular- se verá hoy con el Papa no sólo durante la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, sino también en el Palacio Real de Bab El Barak, luego de que el Papa cumpla su visita privada al Monte Nebo.

Importancia compartida

Este sobrecogedor sitio bíblico, a una media hora en auto desde Amman, está rodeado de colinas desérticas, algunas con terrazas llenas de olivares, y ofrece una vista panorámica inigualable: se puede contemplar el árido valle del Jordán, el Mar Muerto, el oasis de Jericó, en frente, y, si no hay bruma, hasta la ciudad de Jerusalén, que queda a 46 kilómetros, como lo indica un monolito.

De gran importancia no sólo para los cristianos sino también para los judíos, el Monte Nebo era ayer un hervidero de preparativos. En medio de grupos de turistas italianos, españoles, franceses, israelíes y jordanos que visitaban el monumento en homenaje a Moisés, que allí se levanta, cuadrillas de obreros trabajaban a todo ritmo con martillos, cables, generadores, parlantes y tarimas para que hoy todo estuviera listo para la primera visita de un papa a este sitio.

Pablo VI, como contó a La Nación el padre Beato, un sacerdote franciscano que cuida el santuario, no fue allí cuando peregrinó en 1964. "Ni siquiera San Pedro estuvo aquí", dijo el padre Beato, un suizo alemán de 62 años que vive en el pequeño convento que también hay en el Monte Nebo.

"Hermanos musulmanes"

Mucho frenesí también había en Madaba, a diez minutos de allí, que lucía decenas de banderas vaticanas y donde se destacaba un cartel con una inscripción en árabe más que significativa: "Los hermanos musulmanes dan la bienvenida al Papa".

En Madaba, denominada la "ciudad de los mosaicos" porque allí se han descubierto magníficas obras del siglo VI, se levanta la iglesia griego ortodoxa de San Jorge, construida sobre los restos de una iglesia bizantina. Dentro del templo, cientos de turistas pueden admirar los restos del famoso "mapa mosaico", hecho para recubrir el piso de la iglesia, y que muestra claramente varios sitios sagrados de la Tierra Santa.

En este increíble mosaico se puede ver sin dificultad el río Jordán y el Mar Muerto, es decir la Tierra Prometida, el mismo panorama que hace más de dos mil años Moisés contempló, y que Juan Pablo II contemplará hoy desde la cima del Monte Nebo, con la misma emoción.

Según la Biblia, en efecto, cuando Moisés llegó hasta allí después de cuarenta años de errar por el desierto, además de ver por fin la tierra que había sido objeto de tantas luchas y esperanzas, recibió una verdadera ducha fría. "Tu no cruzarás el Jordán. Será Josué que lo hará en tu lugar", le dijo Dios. Y a pesar de la pena, Moisés se puso a cantar: "El Señor es una roca. Su obra es perfecta. Es un Dios fiel y sin iniquidad. Es todo rectitud y justicia. Es el pueblo el que ha prevaricado. Es un pueblo malicioso y tortuoso".

Como explicó el padre Beato, Juan Pablo II empezará hoy su peregrinación por Tierra Santa por el Monte Nebo para evocar la "figura tallada en la roca" que fue Moisés. Moisés guió al pueblo de Israel durante 40 años, y el papa polaco ha guiado a la Iglesia Católica durante más de veinte. Moisés tuvo sus contestatarios y fue puesto a prueba. El papa Juan Pablo II, un peregrino enfermo pero infatigable, también.

Para Moisés el desierto se convirtió en el lugar de la presencia del Eterno. Para Juan Pablo II toda la vida es una travesía en el desierto, aunque en la marcha hay una meta: la Tierra Prometida.

De carácter religioso

CIUDAD DEL VATICANO (AP).- Insistiendo en que su viaje a Tierra Santa será sólo de carácter religioso, el Papa pidió ayer rezar por él en su peregrinaje a Jordania, Israel y los territorios autónomos palestinos.

En junio, cuando habló de su deseo de visitar esos lugares durante el Año Santo 2000, Juan Pablo II enfatizó que sentiría tristeza si alguien viera una motivación no religiosa en el viaje a esas tierras, frecuentemente estremecidas por la violencia entre israelíes y árabes.

Ante unas 40.000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro para la festividad de San José, el Pontífice pidió ayer que oren por su viaje.

"Con profunda emoción iré a los lugares donde el Verbo se hizo carne, vivió y resucitó para nuestra salvación", dijo el Papa. "Que esta visita, inspirada por motivos religiosos, traiga los frutos esperados para bien de toda la Iglesia", agregó.

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