En su visita a Cuba, el Papa habló de paz, libertad y justicia

En medio de una ola de arrestos de disidentes, Benedicto XVI celebró una misa en Santiago de Cuba
Elisabetta Piqué
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26 de marzo de 2012  • 21:14

SANTIAGO DE CUBA.- Apenas aterrizó hoy en Cuba, en el segundo viaje que hace un Pontífice a la isla en 14 años, Benedicto XVI habló de paz, justicia, libertad y reconciliación y aseguró que apoya "las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos", incluso las de los presos y sus familiares.

"Vengo a Cuba como peregrino de la caridad, para confirmar a mis hermanos en la fe y alentarles en la esperanza, que nace de la presencia del amor de Dios en nuestras vidas. Llevo en mi corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados", dijo el Papa, que pronunció su primer discurso ante Raúl Castro, en la ceremonia de bienvenida realizada en el aeropuerto.

Procedente de México, el Papa tocó el tema de la delicada situación de la relación entre el Estado y Iglesia cubana, que si bien ha mejorado desde 1959 -cuando la Revolución socialista significó la expulsión de cientos de sacerdotes y la nacionalización de las iglesias-, no son color de rosa. "Aún quedan muchos aspectos en los que se puede y debe avanzar", puntualizó el Papa.

Como no podía ser de otra manera, recordó el viaje de Juan Pablo II a la isla, en enero de 1998, "que ha dejado una huella imborrable en el alma de los cubanos".

Con grandes dotes diplomáticos y lenguaje sutil, también aludió a la situación política de la isla, donde si bien el régimen, acosado por la crisis económica, ha comenzado a poner en marcha tímidas reformas liberales, sigue impidiendo que haya libertad.

Lo hizo al explicar que el motivo oficial de su visita a esta isla de 11 millones de habitantes –de los cuales sólo un 1,5% católicos practicantes- es el 400° aniversario del hallazgo de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba y venerada aquí por ateos, santeros, africanos, protestantes y católicos por igual, "como verdadera madre del pueblo cubano".

"La devoción a «la Virgen Mambisa» ha sostenido la fe y ha alentado la defensa y promoción de cuanto dignifica la condición humana y sus derechos fundamentales; y continúa haciéndolo aún hoy con más fuerza, dando así testimonio visible de la fecundidad de la predicación del evangelio en estas tierras, y de las profundas raíces cristianas que conforman la identidad más honda del alma cubana", dijo el Papa, que mañana visitará este santuario que queda a 20 kilómetros de esta ciudad.

"Siguiendo la estela de tantos peregrinos a lo largo de estos siglos, también yo deseo ir a El Cobre a postrarme a los pies de la Madre de Dios, para agradecerle sus desvelos por todos sus hijos cubanos y pedirle su intercesión para que guíe los destinos de esta amada Nación por los caminos de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación", añadió.

Acto seguido, habló de la profunda crisis económica que afecta a todo el mundo, "que no pocos concuerdan en situar en una profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente a la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias", en un indirecta crítica al régimen.

"No se puede seguir por más tiempo en la misma dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que tantos experimentan. En cambio, el progreso verdadero tiene necesidad de una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias más auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa", siguió.

"Por eso, en el corazón y el pensamiento de muchos, se abre paso cada vez más la certeza de que la regeneración de las sociedades y del mundo requiere hombres rectos, de firmes convicciones morales y altos valores de fondo que no sean manipulables por estrechos intereses, y que respondan a la naturaleza inmutable y trascendente del ser humano", sentenció.

Después de la ceremonia de bienvenida, que contó con himnos, piquete militar y 21 salvas de cañón, el Papa se trasladó al arzobispado de esta ciudad, para un breve descanso. Desde allí, se trasladará a la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de esta capital, para celebrar misa antes unas 200.000 personas, entre las cuales unas 800 venidas desde Estados Unidos especialmente para la ocasión.

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