El Papa reafirmó su llamado a que "nadie sea excluido de la sociedad"

Estatua que representa a inmigrantes de diversas culturas, inaugurada en la Plaza de San Pedro
Estatua que representa a inmigrantes de diversas culturas, inaugurada en la Plaza de San Pedro Crédito: Holy See Press Office
Elisabetta Piqué
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29 de septiembre de 2019  • 09:48

ROMA.- El Papa reafirmó hoy su llamado a que "nadie sea excluido de la sociedad" y volvió a denunciar la "globalización de la indiferencia" en una misa solemne que celebró en la Plaza de San Pedro ante 40.000 fieles para la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado.

"Como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, de las soledades más oscuras, del desprecio y de la discriminación de quienes no pertenecen a 'nuestro' grupo. No podemos permanecer insensibles, con el corazón anestesiado, ante la miseria de tantas personas inocentes. No podemos sino llorar. No podemos dejar de reaccionar", dijo Francisco, en una celebración marcada por la presencia de decenas de familias de inmigrantes llegados a Italia luego de terribles travesías por el Mediterráneo, hoy ayudadas por organismos humanitarios.

Desde el comienzo de su pontificado, cuando hizo su primer viaje a la isla de Lampedusa, el ex arzobispo de Buenos Aires -hijo de inmigrantes- puso como prioridad el drama de los refugiados, un tema de debate en Italia, puerto de llegada de miles de ellos. En su homilía, el Papa evocó palabras dichas en ese primer viaje a Lampedusa, de julio de 2013, que realizó sorpresivamente después de haber quedado impactado por un enésimo naufragio, con decenas de ahogados en el Mediterráneo.

"También hoy día la cultura del bienestar nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia", dijo. "Al final, también nosotros corremos el riesgo de convertirnos en ese hombre rico del que nos habla el Evangelio, que no se preocupa por el pobre Lázaro «cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico». Demasiado ocupado en comprarse vestidos elegantes y organizar banquetes espléndidos, el rico de la parábola no advierte el sufrimiento de Lázaro. Y también nosotros, demasiado concentrados en preservar nuestro bienestar, corremos el riesgo de no ver al hermano y a la hermana en dificultad", advirtió.

En una jornada de sol y calor y ante una colorida marea de personas, Francisco citó en el sermón su Mensaje para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, cuyo lema, "No se trata sólo de migrantes", podía verse estampado en las remeras de muchos inmigrantes que participaron de la celebración. "Y es verdad: no se trata sólo de forasteros, se trata de todos los habitantes de las periferias existenciales que, junto con los migrantes y los refugiados, son víctimas de la cultura del descarte", reflexionó. "El Señor nos pide que pongamos en práctica la caridad hacia ellos; nos pide que restauremos su humanidad, a la vez que la nuestra, sin excluir a nadie, sin dejar a nadie afuera. Pero, junto con el ejercicio de la caridad, el Señor nos pide que reflexionemos sobre las injusticias que generan exclusión, en particular sobre los privilegios de unos pocos, que perjudican a muchos otros cuando perduran", agregó.

Un mundo cada vez más elitista

En este marco, el Papa no ahorró críticas a la situación del mundo de hoy, en el que se estima que hay 70,8 millones de personas que han sido obligadas a irse de sus países, según cifras de organismos internacionales. "El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan", denunció. "Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las "migajas" del banquete", lamentó.

Y volvió a recordar que "amar al prójimo como a uno mismo significa también comprometerse seriamente en la construcción de un mundo más justo, donde todos puedan acceder a los bienes de la tierra, donde todos tengan la posibilidad de realizarse como personas y como familias, donde los derechos fundamentales y la dignidad estén garantizados para todos".

Terminada la misa, durante la oración mariana del Angelus, el Papa explicó que con la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado -que se celebra en todo el mundo- la Iglesia católica quiso renovar su atención por las diversas categorías de personas vulnerables en movimiento, "para reafirmar la necesidad de que nadie sea excluido de la sociedad, sea un ciudadano residente desde hace mucho tiempo o un recién llegado".

Nueva escultura en San Pedro

Acto seguido, para dejar claro y tangible este compromiso, inauguró en la parte izquierda de la Plaza de San Pedro, a la sombra de la columnata de Bernini, una escultura de bronce y arcilla que representa a un grupo de migrantes de varias culturas y diversos períodos históricos, realizada por el artista canadiense Tim Schmalz.

El Papa destacó que la escultura, que le cambiará la fisionomía a la Plaza de San Pedro, tiene como tema las palabras de la Carta a los Hebreos: "No olviden la hospitalidad, algunos practicándola sin saberlo han recibido a ángeles".

Estatua que representa a inmigrantes de diversas culturas, inaugurada en la Plaza de San Pedro
Estatua que representa a inmigrantes de diversas culturas, inaugurada en la Plaza de San Pedro Crédito: Holy See Press Office

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