El Papa reclamó por la paz en Medio Oriente

Al arribar a Jordania, donde fue cálidamente recibido, el Pontífice llamó a continuar el diálogo entre israelíes y árabes; hoy llegará a Jerusalén.
Al arribar a Jordania, donde fue cálidamente recibido, el Pontífice llamó a continuar el diálogo entre israelíes y árabes; hoy llegará a Jerusalén.
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21 de marzo de 2000  

AMMAN.- "No importa cuán difícil, o cuán largo, pero el proceso de búsqueda de la paz debe continuar." Con un llamamiento para que haya "justicia, respeto a los derechos de los hombres y las naciones", como condiciones para una paz duradera en Medio Oriente -una de las áreas más conflictivas del mundo-, Juan Pablo II comenzó ayer aquí su histórico peregrinaje jubilar a Tierra Santa, que hoy por la tarde lo llevará a Israel, donde lo espera un clima muy tenso.

"Sin paz -dijo el Santo Padre- no puede haber un auténtico desarrollo en esta región, no puede haber una vida mejor para sus pueblos ni un futuro más brillante para sus niños."

En el primer viaje de un pontífice a los sitios más importantes de la cristiandad en 34 años, el Papa fue recibido muy cálidamente y con mucha pompa -alfombra roja, disparos de cañón, guardias de honor, desfiles y bandas militares- en el aeropuerto internacional de Amman. Allí le dieron la bienvenida la familia real hachemita, autoridades políticas y eclesiásticas, representantes de iglesias cristianas, musulmanes y miembros del cuerpo diplomático. El anciano pontífice, de 79 años, pese a caminar muy despacio, con la ayuda de su bastón, y encorvado, tenía buen aspecto. Su rostro y mirada no podían ocultar su felicidad: por fin se hacía realidad su gran sueño de estar en los lugares vinculados con la historia de la salvación, empezando por el monte Nebo, donde Dios le enseñó a Moisés la Tierra Prometida. Un deseo que había expresado hace muchos años, en 1978, durante su primera Navidad como Papa.

A las 14 (hora local), su avión aterrizó en Jordania -primera etapa de la peregrinación que hoy lo llevará a Israel, mañana a Belén, ciudad autónoma palestina, y, sucesivamente, a Galilea, a Nazaret, y a cumplir otras grandes citas en Jerusalén, hasta el domingo-, tras ser escoltado por aviones caza. Luego de tocar y bendecir tierra jordana, que unos niños le alcanzaron en una fuente, recibir como dones una paloma, símbolo de la paz, y flores, el Papa saludó a las autoridades presentes: el rey Abdullah II, vestido de traje y con la cabeza cubierta por el tradicional kefíeh a cuadros blancos y rojos, su mujer, la reina Rania, así como a la reina Mona, madre del actual soberano.

Portador de esperanza

Aplaudido en todo momento, fue en una carpa levantada especialmente allí donde el rey Abdullah y el Papa pronunciaron sus discursos en inglés (más tarde se reunieron en privado en el Palacio Real).

"Vuestra visita es portadora de esperanza de un futuro mejor para todos los que sólo conocieron las miserias del pasado", dijo al darle la bienvenida el soberano jordano, que definió al Santo Padre como "un hombre de paz cuyo mensaje de reconciliación y armonía sigue teniendo eco en todo el mundo", "un símbolo de todo lo que es puro y noble en esta vida", y alguien que recuerda a todos "que el poder del amor es mucho más fuerte" que el odio y los conflictos.

El hijo mayor del rey Hussein aludió al conflicto árabe-israelí que desde hace años ensangrienta esta región, al considerar que esta visita aporta esperanza "a los palestinos que aspiran a la justicia y la estabilidad, una promesa de seguridad y aceptación para los israelíes, el anuncio de un mañana mejor para los libaneses, y esperanza para los sirios de que el triste capítulo de la guerra por fin haya finalizado".

Abdullah, que sucedió al rey Hussein en febrero del año último, destacó que el Papa recuerda la importancia de "las virtudes de la fe y la absoluta necesidad de perdonar a los enemigos", y añadió que su presencia da testimonio de su "compromiso y voluntad de hacer justicia".

El soberano, hijo mayor del rey Hussein, que en vida fue uno de los personajes clave en el proceso de paz en Medio Oriente, citó finalmente varios versículos del Corán en árabe y deseó al Papa un peregrinaje fructífero.

A su turno, el Pontífice, con voz ronca pero firme, subrayó que el viaje que comenzó es parte del peregrinaje religioso para conmemorar los 2000 años del nacimiento de Cristo y puntualizó que desde que fue elegido obispo de Roma ha manifestado su deseo de celebrar este evento, rezando en los lugares vinculados con la salvación. Tras recordar que ya estuvo en Egipto y el Monte Sinaí, donde Dios reveló su nombre a Moisés y le confió las tablas de la Ley, el Papa no dejó de tocar el tema del conflicto árabe-israelí, haciendo un llamamiento para que haya una "paz duradera".

Al hacer alusión al gran objetivo de su trascendente peregrinaje, Juan Pablo II sostuvo que "construir un futuro de paz requiere de un más maduro entendimiento y una cada vez más práctica cooperación entre los pueblos que reconocen al único, al verdadero, al Dios invisible, creador de todas las cosa. Las tres históricas religiones monoteístas incluyen la paz, el bien y el respeto por la persona humana entre sus valores más importantes".

Refiriéndose así a cristianos, musulmanes y judíos, y a lo que tienen en común pese a las diferencias, el Papa se adelantó en cierta forma al gran tema que lo espera hoy en Jerusalén, una ciudad considerada santa por las tres religiones monoteístas, pero que se encuentra profundamente dividida en cuanto a lo que debe ser su status.

Los israelíes, que la consideran capital única e indivisible de su Estado, temen que el Papa de alguna manera se pronuncie en favor de su "universalidad", dando así razón a las aspiraciones palestinas, que pretenden que por lo menos la parte oriental sea la capital de su futuro Estado.

En el Monte Nebo

Como estaba previsto, finalizada la ceremonia de bienvenida, Juan Pablo II se dirigió en auto al monumento en homenaje a Moisés, en el Monte Nebo. Durante los 40 kilómetros que separan Amman de este lugar, la caravana papal fue saludada por una cálida multitud de jordanos que agitaba banderas.

En el monumento a Moisés, un sitio ubicado a 808 metros de altura, sagrado tanto para cristianos como para musulmanes y judíos, el Papa tuvo por fin su momento de mayor recogimiento y misticismo, algo que pudo notarse en su cara. Pocas veces se lo vio tan feliz como cuando pudo contemplar, como Moisés hace más de 2000 años, la Tierra Prometida, desde un mirador construido especialmente. Una vista única, misteriosa, e inolvidable.

Antes, en la basílica del monasterio, donde se exhiben impresionantes restos de columnas y mosaicos bizantinos, Juan Pablo II se mostró muy interesado. Por supuesto, también pudo meditar y orar como siempre quiso, arrodillado frente al altar.

Y, acompañado de coros, leyó los pasos bíblicos correspondientes al momento en el cual Dios le muestra a Moisés la Tierra Prometida. Luego bendijo a los presentes, entre ellos muchos franciscanos, monjas, fieles y niños, que se encolumnaron para besarle la mano, muy emocionados.

En medio de un riguroso operativo de seguridad, el Papa regresó del Monte Nebo a Amman en su papamóvil blindado. Y pasó por la pequeña ciudad de Madaba, famosa por el hallazgo del mapa mosaico en la iglesia griega ortodoxa de San Jorge, pero sin detenerse, como hubieran querido sus habitantes, que habían puesto a nuevo veredas y calles para la histórica ocasión. De todos modos, éstos ocultaron su decepción, coreando a su paso el canto que se estrenó hace un mes, en Egipto: "John Paul two, we love you, John Paul two, God bless you".

Nervios compartidos

AMMAN (De una enviada especial).- En el primer día de su peregrinaje a Tierra Santa, al Papa se lo vio contentísimo. Su vocero, Joaquín Navarro Valls, lo confirmó, al contar a la prensa que durante el viaje en el avión mantuvo con él este diálogo: "Santidad, los periodistas están excitadísimos", comentó Navarro Valls. "¿Por qué?, ¿yo no?", respondió el Pontífice.

Navarro Valls, por otra parte, contestó a las preguntas que le hicieron acerca de la pequeña herida que el Papa tiene en la frente desde hace un par de días. Y contó que ésta se produjo a raíz de un pequeño golpe contra un estante de la biblioteca. Con respecto a los futuros viajes jubilares que Juan Pablo II quiere hacer a Siria y a Grecia, sostuvo que hay contactos en curso, pero aún nada concreto.

En Internet

JERUSALEN (Reuters).- La compañía israelí de Internet net2gether.com informó que transmitirá en la Red la misa que oficiará el viernes el Papa en el Monte de las Beatitudes, en Galilea, Israel. Los cibernautas podrán acceder a través de las direcciones: http://www.net2gether.com y http://www.xosoft.com.

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