El Papa reiteró su rechazo al aborto: "Nos hunde en la anti-cultura de la muerte"

Francisco envió una carta a la Pontificia Academia para la Vida en ocasión de su 25 aniversario
Francisco envió una carta a la Pontificia Academia para la Vida en ocasión de su 25 aniversario Fuente: AFP - Crédito: Vicenzo Pinto
Elisabetta Piqué
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15 de enero de 2019  • 13:02

ROMA.- En una carta que le envió a la Pontificia Academia para la Vida en ocasión de su 25 aniversario, divulgada hoy, el Papa destacó el compromiso de esta institución del Vaticano "con la promoción y protección de la vida humana en todo su desarrollo y la denuncia del aborto y de la supresión de los enfermos como males gravísimos que contradicen el Espíritu de vida y nos hunden en la anti-cultura de la muerte". "Ciertamente hay que continuar en esta línea -agregó-, prestando atención a otros desafíos que la coyuntura contemporánea presenta para la maduración de la fe, para una comprensión más profunda de la misma y para una comunicación más adecuada a los hombres de hoy".

Titulada "Humana Communitas" –la comunidad humana-, en la misiva Francisco llamó a la Pontificia Academia para la Vida, creada por san Juan Pablo II el 11 de febrero de 1994, a ampliar sus visiones y a "reabrir el horizonte humanístico, incluso dentro de la Iglesia".

"Es hora de relanzar una nueva visión de un humanismo fraterno y solidario de las personas y de los pueblos", aseguró el Papa, que advirtió de las "serias dificultades" que se presentan en la actualidad. "La distancia entre la obsesión por el propio bienestar y la felicidad compartida de la humanidad se amplía hasta tal punto que da la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana", lamentó.

"¿Cómo es posible que, en el mismo momento de la historia del mundo en que los recursos económicos y tecnológicos disponibles nos permitirían cuidar suficientemente de la casa común y de la familia humana -honrando así a Dios que nos los ha confiado-, sean precisamente estos recursos económicos y tecnológicos los que provoquen nuestras divisiones más agresivas y nuestras peores pesadillas?", se preguntó el exarzobispo de Buenos Aires, como siempre crítico con el sistema económico actual.

"Debemos reconocerlo: los hombres y mujeres de nuestro tiempo están a menudo desmoralizados y desorientados, sin ver. Todos estamos un poco replegados sobre nosotros mismos. El sistema económico y la ideología del consumo seleccionan nuestras necesidades y manipulan nuestros sueños, sin tener en cuenta la belleza de la vida compartida y la habitabilidad de la casa común", denunció.

Un enfoque global

Francisco, que se dirigió en la carta al presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el arzobispo italiano Vincenzo Paglia, invitó a tener un "enfoque global" para abordar cuestiones que surgen en el diálogo entre las diferentes culturas y sociedades y participar en la reflexión sobre los derechos humanos, "que son un punto central en la búsqueda de criterios universalmente compartidos".

El exarzobispo de Buenos Aires también subrayó la importancia de reflexionar sobre las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, las biotecnologías, las nanotecnologías y la robótica. "Hoy es posible intervenir con mucha profundidad en la materia viva utilizando los resultados obtenidos por la física, la genética y la neurociencia, así como por la capacidad de cálculo de máquinas cada vez más potentes", indicó. "También el cuerpo humano es susceptible de intervenciones tales que pueden modificar no solo sus funciones y prestaciones, sino también sus modos de relación, a nivel personal y social, exponiéndolo cada vez más a la lógica del mercado. Ante todo, es necesario comprender los cambios profundos que se anuncian en estas nuevas fronteras, con el fin de identificar cómo orientarlas hacia el servicio de la persona humana, respetando y promoviendo su dignidad intrínseca", agregó.

Aseguró, finalmente, que la medicina y la economía, la tecnología y la política que se elaboran en el centro de la ciudad moderna del hombre, "deben quedar expuestas también y, sobre todo, al juicio que se pronuncia desde las periferias de la tierra". "De hecho, los numerosos y extraordinarios recursos puestos a disposición de la criatura humana por la investigación científica y tecnológica corren el riesgo de oscurecer la alegría que procede del compartir fraterno y de la belleza de las iniciativas comunes, que les dan realmente su auténtico significado", agregó. Y sentenció: "debemos reconocer que la fraternidad sigue siendo la promesa incumplida de la modernidad".

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