El petróleo, eje de otro conflicto en cierne

La caída en el precio del barril genera mayor inestabilidad en una región clave
Francisco Seminario
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1 de diciembre de 2001  

Otro conflicto -aunque esta vez no de carácter bélico sino comercial y tal vez político- comienza a asomar detrás de los combates en Afganistán, al margen de las bombas y de los talibanes, pero no del todo ajeno a los atentados del 11 de septiembre y su consecuente impacto sobre la economía norteamericana.

Petróleo barato o caro; inundación del mercado mundial o drástico recorte en la producción: entre esas alternativas se dirime este conflicto -una virtual guerra de precios- que puede tener resonancias en todo el planeta y que causa especial preocupación en un puñado de países cuya estabilidad es determinante mucho más allá de sus fronteras.

Como en Afganistán, el disparador de esta guerra de precios fueron los ataques del 11 de septiembre, que en Estados Unidos profundizaron la recesión en cierne, lo que a su vez deprimió el precio del crudo hasta un valor menor a los 17 dólares el barril.

El primer lugar en la lista de países perjudicados por la caída del crudo lo ocupa Arabia Saudita, que además de ser el mayor productor de petróleo a nivel mundial, es sensible a cualquier inestabilidad por ser la tierra cuya "liberación de infieles" estuvo en el ojo de la tormenta que desató Osama ben Laden, por más que el terreno de batalla fuera primero Estados Unidos y, enseguida, Afganistán.

Cuentas comprometidas

Daniel Montanat, ex presidente de YPF, extendió la lista de países cuya estabilidad podría verse comprometida por la fuerte caída en el valor del crudo, como la que está teniendo lugar, a todas las naciones del Golfo Pérsico y Medio Oriente, que "tienen presupuestos sumamente dependientes del precio del petróleo". Algunos de estos países son aliados clave de Estados Unidos en su actual campaña contra el terrorismo.

"En este contexto de inestabilidad, Arabia Saudita podría sufrir en mayor o en menor medida nuevos embates del fundamentalismo", arriesga Montanat, como también otros países de la llamada cuenca islámica, "que se extiende prácticamente hasta Siberia y que suma el 61 por ciento de las reservas de petróleo y gas del mundo".

"Los atentados -según Montanat- aceleraron la recesión en Estados Unidos, y por ende la caída del precio de barril de crudo, porque influyeron en las expectativas de la gente." Según el especialista, el precio promedio del petróleo el año pasado fue de 30 dólares, mientras que durante este año cayó a unos 20 dólares y muchos pronostican una mayor caída para el año que viene si Rusia, más ajena al conflicto bélico, no accede a recortar su producción.

No es necesario remontarse muy atrás en el tiempo para adivinar los peligros que entraña una caída acentuada de los precios. La última vez que el crudo cayó a 10 dólares el barril, en 1997, las pérdidas fueron tan grandes que pusieron en graves aprietos a una serie de regímenes de la región del Golfo.

Por primera vez en décadas, por ejemplo, Arabia Saudita debió al año siguiente pedir préstamos internacionales y la familia real -cuyo fin ha perseguido sistemáticamente Ben Laden- se vio forzada a resignar algunos de sus muchos privilegios.

Ahora, los grupos fundamentalistas podrían encontrar allí un terreno más fértil para la movilización popular, en especial cuando el reino colabora con Estados Unidos en una guerra en un país islámico.

"Arabia Saudita es un país que está prendido con alfileres", afirmó a LA NACION el ingeniero Oscar Secco, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG). "En los últimos 20 años, la monarquía saudita ha gastado mucho dinero en educar a sus jóvenes, que ahora tienden a alejarse de un sistema monárquico que sólo favorece a unos 5000 príncipes", añadió.

En este escenario no resultó extraño, según Secco, que además de Ben Laden, 15 de los 19 terroristas que secuestraron aviones comerciales para luego estrellarlos contra las Torres Gemelas y el Pentágono, en Estados Unidos, fueran de origen saudita.

Aunque por otros motivos, cierta inestabilidad comienza a palparse en otro importante proveedor de Estados Unidos: Venezuela, cuyo presupuesto nacional depende en cerca de un 50 por ciento de las ventas de petróleo. En los últimas semanas la popularidad del presidente Hugo Chávez cayó a sus niveles más bajos, mientras se multiplicaban las protestas en Caracas, alentadas por el creciente descontento tanto obrero como empresarial.

El papel de Rusia

También Rusia depende en gran medida de los hidrocarburos para cubrir sus cuentas públicas. Pero Moscú, pese a ser el segundo productor mundial de petróleo, con unos siete millones de barriles diarios, no integra la OPEP -la Organización de Países Exportadores de Petróleo- y rara vez comparte los objetivos de este cartel de once países, en su mayoría islámicos y capitaneados por Arabia Saudita.

Más aún, las privatizadas compañías rusas -y con ellas el gobierno de Vladimir Putin- parecen dispuestas a mantener la producción en más o menos su nivel actual y obtener menores ganancias a cambio de conservar e incluso incrementar, a costa de la OPEP su cuota del mercado.

¿El resultado? Una virtual "guerra de precios" a nivel mundial, impulsada por la sobreoferta y que perderá aquel que pestañee primero: "Hoy sobran dos millones de barriles diarios de crudo y tanto la OPEP como Rusia están jugando con fuego", aseguró el ex presidente de YPF y secretario de Energía en los inicios de la gestión del presidente Fernando de la Rúa.

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