El proceso de juicio político a Donald Trump se reanuda y quedará en manos del Senado

La líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a su llegada ayer al Capitolio
La líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a su llegada ayer al Capitolio Fuente: AFP
Los representantes demócratas votarán hoy para enviarlo a la Cámara alta, donde los republicanos tienen mayoría y absolverían al presidente; fuerte disputa política por la presentación de testigos
Rafael Mathus Ruiz
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15 de enero de 2020  

WASHINGTON.- Luego de idas y venidas, demoras y peleas, el histórico juicio político al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece listo para comenzar la semana próxima. Los demócratas enviarán hoy el proceso de impeachment al Senado, donde los republicanos pulen desde hace semanas la estrategia para un final que todo el mundo da por hecho: la absolución total de Trump.

Pero aun cuando todos saben cómo concluirá el histórico juicio político a Trump, republicanos y demócratas y la Casa Blanca se montaron en una fuerte pelea para definir cómo se llevará adelante el proceso, y, sobre todo, quiénes testificarán en la Cámara alta en el Capitolio, un tira y afloja clave que definirá cómo se termina de repartir el costo político del impeachment.

Envalentonado, Trump urgió al Senado a que desestime todas las acusaciones hechas por los demócratas en su contra apenas reciba el juicio, pero la mayoría de los senadores republicanos prefiere avanzar con el proceso y absolverlo, luego, en la votación final. Eso, creen, brindará un mensaje político más contundente contra los demócratas y a favor de la Casa Blanca. Además, varios senadores, incluidos algunos críticos de Trump, como Mitt Romney, se oponen a la idea de desestimar de inmediato las acusaciones aprobadas por los demócratas sin un juicio previo.

"Una desestimación es un encubrimiento", advirtió la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al anunciar en un comunicado que hoy la Cámara baja votará para enviar el juicio político al Senado. Pelosi remarcó que abrir el juicio político sin testigos o evidencias es un acto de "puro encubrimiento político".

"El pueblo estadounidense merece la verdad, y la Constitución exige un juicio", afirmó.

A sabiendas de que perderán el juicio y Trump permanecerá en la Casa Blanca, los demócratas intentan que el proceso sea lo más transparente posible, y, sobre todo, que brinden su testimonio testigos que pueden ofrecer información dañina contra Trump frente a las cámaras de televisión. El nombre en mente de todos: John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de Trump, quien ya se mostró dispuesto a responder preguntas.

El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, dijo en una conferencia de prensa en el Congreso que el juicio político comenzará la semana próxima. McConnell evitó dar certezas sobre qué testigos permitirá, o si permitirá que haya testigos. La decisión será de los senadores, cuando voten, sugirió. El Partido Republicano controla el Senado, donde ocupa una mínima minoría de 53 bancas.

La destitución de Trump requiere el respaldo de al menos 67 senadores, una cifra virtualmente inalcanzable.

"Vamos a votar sobre eso, en el momento apropiado", dijo McConnell.

Trump será el tercer presidente de la historia que deberá afrontar un juicio político. Antes, en 1999, Bill Clinton fue juzgado y absuelto por el Senado por el escándalo desatado por su romance con Monica Lewinsky. En 1868, Andrew Johnson también fue absuelto por la Cámara alta. Richard Nixon nunca llegó a ser sometido a un impeachment porque presentó antes su renuncia.

Los demócratas acusaron a Trump de abuso de poder y de obstruir la labor del Congreso por el escándalo Ucraniagate. La oposición sostiene que Trump utilizó la política de exterior de Estados Unidos para presionar al gobierno de Ucrania para que investigara a Joe Biden, uno de sus potenciales rivales en la elección presidencial de 2020.

Luego, una vez que el escándalo estalló y el Congreso comenzó a investigarlo, Trump intentó por varios medios evitar que los congresistas accedieran a información de su gobierno, e impidió que sus funcionarios fueran a testificar. Varios de ellos, de todos modos, lo hicieron luego de que recibieron una citación formal.

El juicio político a Trump ha profundizado la grieta que existe en Estados Unidos.

La mitad del país respalda el proceso, mientras que cerca de la otra mitad está en contra y piensa que es un sinsentido. Y como suele ocurrir con cualquier tema que involucra a Trump, las opiniones partidarias muestran una brecha inapelable: una gran mayoría de los demócratas, el 83,3%, quiere que el presidente sea destituido, mientras que apenas un 8,1% de los republicanos se expresa a favor de que Trump sea condenado y expulsado de la Casa Blanca.

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