El terrorismo obliga a repensar las guerras

Moisés Naím
Moisés Naím MEDIO: El País
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16 de noviembre de 2015  

Washington.- Solían ser entre tribus. O entre un imperio y otro. O entre países. Hoy en día, ¿entre quiénes son las guerras? Estado Islámico le declaró la guerra a países, a religiones, a sectas. También a grupos rivales como Al-Qaeda, Hamas, Hezbollah y los talibanes. Pero ¿qué es EI? A pesar de sus esfuerzos por parecer un Estado y cumplir con algunas de las funciones que usualmente desempeñan los gobiernos, el grupo es más que nada una organización islamista no gubernamental, militarizada y terrorista. Y apátrida.

Los actos de guerra solían ser monopolio de los Estados. Ya no. Los terroristas solían ser "bandas" o "grupos". Ya no. Y el agredido en Francia no es sólo un Estado nación y sus ciudadanos, sino también un conjunto de valores y principios. Obviamente necesitamos un nuevo lenguaje para entender lo que está pasando. Y más de una década después del 11 de Septiembre, las ideas sobre la naturaleza de la amenaza, sus causas y las maneras de combatirla son confusas.

Pero hay más. Este nuevo siglo no sólo nos trajo nuevas formas de guerra, sino que también transformó el armamento. Los explosivos caseros, los drones y los terroristas suicidas son las armas más comunes y letales en los conflictos de estos tiempos.

Entre 1981 y este año hubo 4620 ataques suicidas que se cobraron 45.000 vidas. A este número ahora hay que añadirle, entre otras, las víctimas de París. Las minas explosivas tampoco son nuevas. En la II Guerra causaron el 5% de las bajas estadounidenses, mientras que los explosivos improvisados fueron la causa de la mayoría de los muertos norteamericanos en Irak y Afganistán.

Hay otras dos armas que están cambiando la guerra y que sí son nuevas. Una son los drones. La mayor parte de los líderes de Al-Qaeda, los talibanes y EI fueron dados de baja por aviones teledirigidos y armados con misiles. Otra, la ciberguerra. Casi todas las fuerzas armadas del mundo tienen efectivos dedicados a defender su nación de ataques cibernéticos y espiar y atacar a otros países. Ya no son monopolio de los militares y sus gobiernos. La combinación de explosivos caseros y drones ofrece una nueva y potente arma para los terroristas, que también usan la red para coordinarse, financiarse, reclutar efectivos y lanzar campañas de propaganda. Además, algunos grupos tienen acceso a personas dispuestas a suicidarse, opción impensable para los ejércitos de las democracias.

¿Quiere decir todo esto que los terroristas tienen ventajas que garantizan su victoria? Por supuesto que no. Pero para ello los demócratas tenemos que cambiar la manera en que pensamos sobre la guerra, los combatientes, las armas, la inteligencia y el espionaje.

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