El vuelo MH370: el drama de las familias se hace eterno

Pasaron más de 100 días desde la desaparición y todavía no hay datos concretos; al no aparecer restos, algunos tienen esperanzas
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18 de junio de 2014  

PEKÍN.- En los más de 100 días pasados desde que su esposo desapareció junto con el vuelo 370 de Malaysia Airlines, el mundo de Zhang Qian se vino abajo. Dejó su trabajo, apenas duerme y casi no sale a la calle, salvo para visitar el templo budista donde encuentra algo de consuelo.

"En el templo puedo hablar con mi esposo desde el corazón", dijo Zhang, de 28 años, durante una reciente visita al Templo de la Luz Espiritual, en las colinas occidentales de Pekín. Y se quebró en llanto antes de continuar: "Pienso que puede oírme? Tengo tanto que contarle, tanto que nunca le dije. Tengo la esperanza de que Buda le haga llegar mis palabras y lo traiga de regreso".

Después del frenesí de interés que despertó la misteriosa desaparición de la aeronave, el 8 de mayo, la mayor parte del mundo siguió con su vida. No así los familiares de los 239 desaparecidos. Los datos satelitales muestran que el avión cayó en una remota zona del sur del Índico, muy lejos de tierra firme, pero como no se ha recuperado un solo fragmento de la nave, muchos se aferran a la esperanza, por débil que sea, de que sus seres queridos sigan con vida.

"Tal vez sea mi imaginación, ¿pero qué pasa si uno de estos días manda un mensaje, lo rescatan, y todo termina así?", dijo Zhang.

Su esposo era uno de los 153 pasajeros chinos. La cultura de este país pone énfasis en encontrar y ver los restos de la gente a la que se presume muerta antes de empezar el verdadero proceso de duelo que permitirá seguir adelante.

La ausencia de pruebas tangibles de esas muertes hace que para todos los familiares ese proceso de duelo se siga demorando, dijo Lawrence Palinkas, profesor de Trabajo Social de la Universidad del Sur de California.

Liu Weijie conservó durante más de dos meses el pasaje de avión de su esposa para un viaje planeado a Estados Unidos a realizarse a fines de mayo, por más que la mujer se encontraba entre los pasajeros del vuelo 370. Tenían pensado viajar para la graduación de su hijo. Weijie recién canceló el pasaje de su esposa tres días antes del vuelo, y decidió cancelar también el suyo.

En mensajes posteados al blog de un celular, Weijie le pidió perdón a su esposa por no haberla dejado visitar a su hijo antes. "Lamento profundamente no haberte dejado visitar a tu hijo para el Año Nuevo chino. Ahora ya han pasado nueve meses desde que lo viste por última vez", escribió.

"La sensación de impotencia, de desesperación y de dolor no sólo no se mitiga, sino que se profundiza con el paso del tiempo", dijo Weijie al ser entrevistado. "Los feriados, los cumpleaños o cualquier día especial ahora son insoportables. No quiero saber nada de nada."

Muchos de los familiares chinos prefieren no hablar de sus seres queridos desaparecidos para no tener que escuchar que tal vez se fueron para siempre, y se abocan exclusivamente a la búsqueda del avión perdido. Sin embargo, poco a poco se van animando a hablar, y dicen que la creencia de que siguen vivos los ayuda a levantarse a la mañana y a ocuparse del resto de su familia.

Cheng Liping, cuyo esposo viajaba en el avión, afirma que la desaparición del vuelo "fue un golpe mortal".

"Se me vino el mundo abajo", dice. Se le estruja el corazón al recordar que su hijo de seis años gritó "¡Papá!" al ver descender a un hombre de un auto, frente a la puerta de su casa en Pekín. Liping dejó su trabajo de secretaria y se encerró en su casa. "Ya no salgo a la calle, porque creo ver la sombra de mi marido junto a la mía cuando camino", dijo Liping.

Recientemente, Liping también volvió al salón del hotel donde los familiares y periodistas se informaban de los avances de la búsqueda durante los primeros días. El lugar solía estar atestado de gente, pero los partes de noticias ya no existen desde hace semanas.

"Está todo vacío. Ni sillas hay", dijo parada en medio del salón. "Vacío como nuestros corazones. No hay nada, y no tenemos nada."

Traducción de Jaime Arrambide

Didi Tang

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