Elecciones europeas: aparece la mano de Rusia en apoyo de la extrema derecha

Un escándalo político que hizo caer a la coalición en Austria volvió a poner en el centro de la escena la injerencia de Putin en la política del bloque; se espera un fuerte avance del nacionalismo
Luisa Corradini
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20 de mayo de 2019  

PARÍS.- La sombra de Rusia volvió a planear esta semana sobre la Unión Europea (UE). Llegó de la mano de la extrema derecha a través del escándalo político que puso fin a la coalición de gobierno entre la derecha y la extrema derecha en Austria y le costó el cargo al vicecanciller Heinz-Christian Strache.

La espectacular caída de Strache, líder de la extrema derecha austríaca (FPÖ), se produjo después de que los periódicos alemanes Der Spiegel y Süddeutsche Zeitung difundieron comprometedores fragmentos de una reunión que tuvo lugar en 2017 poco antes de las elecciones en Austria, que llevaron al poder a la coalición del canciller conservador Sebastian Kurz.

El video, realizado con cámaras ocultas en diversos lugares estratégicos de una mansión en Ibiza, muestra a Strache hablando con la supuesta sobrina de un oligarca ruso y comprometiéndose a atribuirle contratos públicos a cambio de ayuda para la campaña electoral de su partido. En particular, le ofrece contratos generalmente atribuidos a la empresa Strabag, principal firma de construcción del país.

En la conversación, en la que también participa Johann Gudenus, actual jefe del grupo parlamentario del FPÖ, su interlocutora rusa se interesa por saber cómo puede invertir dinero en Austria. La discusión aborda concretamente la posibilidad de adquirir un importante paquete accionario del influyente tabloide austríaco Krone Zeitung, el periódico de mayor tirada del país.

En los extractos difundidos, Strache también describe un mecanismo de financiación de campañas políticas que permite eludir el control del Tribunal de Cuentas mediante aportes a una asociación y no directamente al partido. A título de ejemplo, cita donaciones de 500.000 a dos millones de euros y menciona el nombre de los principales donantes.

Al presentar su renuncia, Strache atribuyó la difusión de esas imágenes a "una sucia campaña de desinformación" montada por "agentes provocadores". Pero reconoció haberse comportado como un adolescente, hablando más de lo que debía después de haber bebido excesivamente.

Nadie sabe en todo caso si la supuesta sobrina del oligarca ruso lo era en realidad. Pero quienes conocen los estrechos lazos de la mayoría de los partidos de extrema derecha europeos con Moscú no tardaron en denunciar "la nueva injerencia del Kremlin" en vísperas de las elecciones europeas.

Algo es seguro: antes de su llegada al poder, el FPÖ había firmado un acuerdo de cooperación con Rusia Unida, la formación del presidente ruso, una alianza que desde entonces vale a Strache acusaciones recurrentes de mantener relaciones "non sanctas" con Moscú.

Una campaña a favor de la unidad de Europa, ayer, en Berlín
Una campaña a favor de la unidad de Europa, ayer, en Berlín Fuente: AFP - Crédito: Omer Messinger

En ese sentido, el jefe de los servicios de inteligencia alemanes, Thomas Haldenwag, afirmó esta semana ante el Bundestag (Parlamento) que su organismo se niega a trabajar con sus homólogos austríacos, pues el ministro del Interior de ese país comparte con Moscú toda la información que intercambian los servicios occidentales.

"La extrema derecha europea es el caballo de Troya de Vladimir Putin en Europa", denunció ayer el exdirigente ecologista y líder de Mayo de 68 Daniel Cohn-Bendit. Cohn-Bendit recordó que tanto Marine Le Pen, la presidenta del partido euroescéptico y xenófobo Reunión Nacional (RN, ex Frente Nacional), así como la extrema derecha alemana tienen "fuertes lazos con el partido de Vladimir Putin".

"El FPÖ austríaco es el aliado privilegiado del partido de Marine Le Pen. Votar por esas listas es lo mismo que votar por Putin para que se ocupe de Europa", advirtió Cohn-Bendit.

Esas exhortaciones no parecen asustar demasiado al 24% del electorado francés que piensa votar por la presidenta del ex Frente Nacional el 26 de mayo. Con ese escore, su partido se coloca primero en intenciones de voto, delante de La República en Marcha (LREM), del presidente Emmanuel Macron, con 23%.

Esos pronósticos, sin embargo, son matizados por una sorprendente contradicción: según el estudio -realizado por Odoxa-Dentsu Consulting-, la RN es mayoritariamente percibida por 60% de la opinión pública como un movimiento que tiene "ideas racistas", mientras otro 58% cree que es "peligrosa para la economía".

El sondeo muestra que las reservas de la sociedad conciernen incluso a los temas centrales del partido de Le Pen: el 54% no cree que las propuestas de ese partido sean eficaces en materia de inmigración y el 56% duda de que pueda ofrecer una mejor seguridad a los franceses. Otro punto esencial es que el 58% no le tiene confianza para "defender bien a las clases populares".

A pesar de todo, las proyecciones demuestran que la extrema derecha y los euroescépticos duplicarán con creces su presencia en el próximo Parlamento europeo. Del centenar de diputados con que cuentan actualmente los tres grupos que los reúnen, probablemente obtengan ahora entre 180 y 250 bancas, sobre un total de 751.

Es mucho, pero no suficiente. Sin contar con las profundas diferencias que los enfrentan entre sí, con 250 diputados la extrema derecha carecerá de una minoría de bloqueo que le permita, como es su intención, paralizar las iniciativas del resto de la cámara.

Para sortear ese obstáculo, la estrategia del viceprimer ministro italiano Matteo Salvini y sus aliados consiste en obtener suficientes votos como para obligar al mayoritario Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, a aceptar una alianza.

En ese caso, para beneplácito de Vladimir Putin, la ultraderecha podría obtener un control parcial de la Unión Europea (UE).

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